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‘Donde caben dos’: la «orgía del cine español» cumple su función en el «Verano del Amor»

El sociólogo Nicholas Christakis advirtió ya hace muchos meses que después de toda pandemia viene una etapa de «desenfreno sexual». La pandemia no ha terminado, pero es perceptible que una parte de la población, hastiada, ha entendido que sí, y en la clínica de venéreas -aquella que salía en una canción de Rusos Blancosno dan abasto hace tiempo. Y menos desde que la pauta completa de vacunación ha ido llegando progresivamente a generaciones más y más jóvenes.

La comedia española ‘Donde caben dos’, definida como «la gran orgía del cine español», se ha estrenado en las últimas semanas para celebrar -un poco antes de tiempo- el «Verano del Amor» y la «Revolución Sexual», con una selección musical que ni ‘Élite’, incluyendo a Delaporte, Novedades Carminha y El Columpio Asesino, además de a La Casa Azul, entre muchos otros.

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Paco Caballero, conocido por la serie ‘Citas’ y ‘Perdiendo el Este’, nos sitúa en un club de sexo mitad «swinger» mitad «glory hole» en el que heteros y gays conviven con una dulce armonía que ni The Beloved. Todos bajo la supervisión de una madame/anfitriona interpretada por Ana Milán que es pura fantasía: lejos de mantenerse en un segundo plano discretamente, ella, cual Shakira, no puede parar de ir por ahí haciendo y deshaciendo.

El co-guionista y director pretende romper unos cuantos tabúes sobre la sexualidad de nuestro país hablando de una realidad subrepticia que incluso ha sobrevivido a la pandemia, aunque haya sido de aquella manera. Su principal problema es lo poco rupturista que resultan finalmente las líneas argumentales, tantísimos años después del pelotazo de la genial ‘Kiki, el amor se hace’: la resolución del intercambio de parejas del que forman parte Ernesto Alterio y Luis Callejo debería compartir celda con José Luis Moreno por su conservadurismo, como también el de la pareja gay. Como queriendo huir del cliché de poner a los personajes gays a follar no matter whom, les ha puesto a hablar sin callar: increíble incluso aunque tengas buenas tragaderas.

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Más airoso sale el director en cuanto a ritmo, ayudado por sus guionistas de confianza, y en cuanto a elenco. María León y Aixa Villagrán están muy divertidas en su búsqueda de un anillo de compromiso perdido, quedándose algunos de los mejores gags; y algo desconcertante para bien es la relación medio incestuosa de Ana Castillo con Miki Esparbé, de lo poco arriesgadillo y «creepy» de una película que debió serlo mucho más. Parece haber quedado en tierra de nadie ‘Donde caben dos’, dado su escaso impacto en salas, aunque como pasatiempo apenas ha tenido rival en tu cine de verano favorito. Larga, precisamente, no se hace.

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