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‘Britney vs. Spears’ llega perjudicado por la avalancha de reportajes sobre la cantante

«Yo soy Britney Spears». Estas palabras ponen los pelos de punta cuando descubres que, en algún momento, fueron pronunciadas no por la artista, sino por su propio padre. Es una de las revelaciones que dejó el interesantísimo reportaje sobre el caso de la tutela de Britney firmado por Ronan Farrow y Jia Tolentino y también uno de los momentos más inquietantes que muestra ‘Britney vs. Spears’, el nuevo documental sobre Britney estrenado en Netflix que investiga los 13 años de corrupta curatela bajo la cual ha estado sometida la cantante.

La profundidad de dicha corrupción es abominable y la atención mediática que el caso de Britney ha recibido solo este año ha contribuido a que la artista, por fin, esté viendo la luz al final del túnel. ‘Britney vs. Spears’ pone su grano de arena en el caso con la dirección de Erin Lee Carr, cineasta conocida por filmes que investigan figuras femeninas como ‘Thought Crimes: The Case of the Cannibal Cop’ o ‘Mommy Dead and Dearest’; y la ayuda de la periodista de Rolling Stone Jenny Eliscu, autora de dos reportajes sobre Britney en 2001 y 2008, y una figura hasta ahora desconocida en la lucha de Britney por su libertad.

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En el documental, Eliscu cuenta la misión secreta que emprendió en 2009 para reunirse con Britney en el cuarto de baño de un hotel de Los Ángeles, donde le entregó unos documentos legales que la cantante debía firmar para verificar que estaba interesada en escoger un nuevo abogado ante la desconfianza que le provocaba el que le había sido asignado, Sam Ingham (que ha resignado este mismo año); misión que quedaba en agua de borrajas porque Britney había sido declarada «incapaz» de «mantener y dirigir» a su propio letrado. Juntas, Carr y Eliscu repasan también durante la película una serie de documentos confidenciales que han llegado a sus manos que prueban la corrupción de la tutela o el deseo de Britney de liberarse de ella, ya en 2009, así como la oposición a la misma de su entonces prometido, Jason Trawick.

Estas dos historias permiten acceso al espectador a los entresijos de la tutela y ‘Britney vs. Spears’ será importante a la hora de visibilizar el caso de Britney aún más de lo que ha podido hacer ‘Framing Britney Spears’, pues su audiencia es mucho más millonaria. Además, Carr -que es fan de Britney desde niña- evita usar las humillantes imágenes de Britney que todos conocemos, huye del sensacionalismo barato y se centra en hablar con personajes clave de la vida de Britney a los que nadie había tenido acceso hasta ahora, en concreto su ex novio Adnan Ghalib (entonces uno de los paparazzi que la acosaban en 2007 pero con quien Britney se encariñó hasta entablar una relación romántica con él) y su ex mánager Sam Lufti. Sin embargo, el documental presenta una imagen de ellos bondadosa que será cuestionada por los fans y las declaraciones de ambos sobre su relación con Britney aportan poco a la historia.

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En más casos, el visionado de ‘Britney vs. Spears’ es frustrante. Quizá tenga que ver con que todo el mundo ya ha visto ‘Framing Britney Spears’ y con que su continuación, ‘Controlling Britney Spears’, presenta una serie de revelaciones tremendamente chocantes que suman más gravedad al caso, como que el padre de Britney colocó una grabadora debajo de su cama para espiar todas sus conversaciones o que monitorizó su teléfono móvil; pero ‘Britney vs. Spears’ nunca consigue llegar tan lejos en su investigación. En parte la culpa es de los entrevistados. La ex asistente de Britney, Felicia Culotta, se niega a hablar tanto de Jamie Spears como de Lou Taylor (aunque deja entrever que no les tiene ninguna estima) y cuando el doctor Jonathan Edward Spar, la persona que supuestamente declaró a Britney incapaz de mantenerse a sí misma, se sienta ante la cámara es solo para negarse a revelar información confidencial o a confirmar siquiera haber conocido a la tutelada. ¿Para qué acepta ser entrevistado entonces?

Esto ni significa que la perspectiva desde la cual ‘Britney vs. Spears’ aborda el caso sea errónea. Simplemente parece haber llegado demasiado tarde a pesar de que, según Erin, lleva en el horno desde hace dos años. El documental expone de manera excelente el significado de una tutela o «conservatorship» gracias a uno de los personajes entrevistados, experto en la materia; nos acerca a la verdad de Britney a través de grabaciones de audio o cartas antes desconocidas por el gran público y no es sensacionalista, un problema en el que sí caía ‘Framing Britney Spears’ de vez en cuando, y quizá de manera necesaria. También evita repetirse con «Framing» porque no habla ni de Justin Timberlake ni de los escándalos que todo el mundo conoce ni profundiza en el movimiento #FreeBritney. Sin embargo, las entrevistas podrían haber dado más de sí y la información expuesta no revela grandes datos. A todas luces, ‘Britney vs. Spears’ llega perjudicado por la avalancha de documentales que se han emitido recientemente sobre el caso.

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