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Hayden Thorpe / Moondust for My Diamond

Lo mejor: 'Material World', 'Metafeeling', 'Golden Ratio', 'Parallel Kingdom'
Te gustará si te gustan: Wild Beasts, Peter Gabriel, Lighthouse Family
Escúchalo: Youtube

La disolución de Wild Beasts en 2017 supuso una triste noticia para los seguidores de este grupo de art-rock que fue capaz de entregar uno de los discos clave del siglo XXI… y algunos de los álbumes mejor valorados de sus respectivos años, como ‘Two Dancers‘ (2009). Las canciones de Wild Beasts, elegantes y sofisticadas, desprendían una ternura tan habitual en los grupos de su generación, y la voz de su vocalista, Hayden Thorpe, era como la de una sirena que te atraía hacia su mundo.

Cuando Hayden Thorpe publicó su primer disco en 2018 quedó claro que el artista británico no buscaba continuar por el camino comercialoide de ‘Boy King’. ‘Diviner‘ fue un álbum tan íntimo que se basó principalmente en el sonido del piano, y en el que Thorpe entregó una serie de composiciones preciosas como ‘Straight Lines’ o la titular, en las que volcaba su interés por los grandes misterios del universo. ‘Moondust for My Diamonds’, su segundo álbum en solitario, profundiza en la misma temática con resultados irregulares.

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Mucho más expansivo que el debut, en tanto el piano ya apenas goza de presencia en las grabaciones, ‘Moondust for My Diamonds’ es un disco basado en los sintetizadores, plenamente synth-pop, en el que Hayden Thorpe ha buscado explorar el «punto de encuentro entre la ciencia y la religión, esa gran lucha por la realidad que caracteriza a nuestra época». Thorpe ha obtenido inspiración de sus paseos por la naturaleza y los sintetizadores de sus nuevas canciones, táctiles y etéreos, evocan la magia de una aurora boreal. Sin embargo, las composiciones de «Moondust» nunca suenan igual de grandes o ambiciosas, más bien al contrario.

El inicio de «Moondust» es prometedor. ‘Material World’ trasciende el «mundo material» para acercarse ligeramente a los «grooves» de ‘Mastermind‘ de Róisín Murphy, resultado obviamente mucho más etérea que industrial, pero logrando poner los pelos de punta. Después, Hayden explora con acierto otros ritmos bailables como el de ‘Parallel Kingdom’ o se recrea en la belleza de los teclados, como sucede en ‘Golden Ratio’, su «canción de devoción» a la ciencia. Los sintetizadores de ‘Hotel November Tango’ recuerdan a los Radiohead de ‘Kid A‘ y ‘Metafeeling’ podría haber sido un buen cuarto single de Wild Beasts.

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Dentro de que las canciones de «Moondust» son modestas, el gran problema que presenta el disco es que también suenan vacías. En lo formal, las producciones ejercen el minimalismo, pero también caen en el error de sonar demasiado blandas y unidimensionales, especialmente en cortes como ‘No Such Thing’ o ‘Suspended Animation’. La misma sensación de vacío dejan unas letras que nos animan a «rendirnos» al cosmos o nos sitúan en un lugar «entre el misterio y la esperanza». En el mundo mágico de Hayden Thorpe no existe la oscuridad, y sin ese equilibrio su disco se sumerge de lleno en la monotonía.

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