Música

Mon Laferte / Carmen 1940

Mon Laferte ha entregado un nuevo álbum apenas seis meses después de ‘SEIS’. El postulado es muy personal, tal como indicaba la propia Laferte para ilustrar el lanzamiento de ‘Algo es mejor’, el primer single: “En marzo llegué a Los Angeles con la ilusión de quedar embarazada (llevábamos un año intentándolo con mi compañero) rentamos un airbnb y empezamos el tratamiento. Las hormonas me tenían muy sensible y los dolores de cabeza me estaban volviendo loca, entonces empecé a escribir canciones y me propuse hacer un disco para concentrarme en otra cosa y no sentir tanta ansiedad». Ese “Carmen 1940” que titula el disco es, de hecho, la dirección del apartamento que habitó durante los cuatro meses que estuvo en L.A.

‘Carmen 1940’ está muy apartado, al menos estilísticamente, de los parámetros de ‘SEIS’ o ‘Norma’. Si ahí brillaban torrenciales rancheras, canción mexicana y música popular centro y sudamericana, aquí ha borrado casi cualquier rastro de folklore y lo ha sustituido en parte por un indie pop luminoso y muy pulido pero, principalmente, de medios tiempos de rock a lo años cincuenta, género que ya había visitado en ‘La trenza’. Como si la estancia en Los Ángeles hubiera cristalizado en su propia idealización musical del paisaje que la ha acogido. El resultado es más ligero y menos dramático que en ‘SEIS’, aunque sin renunciar a la pasión ni a su punto de histrionismo. “Estoy tan feliz que hasta me da un poco de vergüenza”, relata Mon en esta entrevista. A pesar de la ansiedad y el malestar físico que referenciaba como espoleta del disco, esa felicidad brilla durante casi todo el minutaje, que se llena todo de alegría de vivir. Su sensualidad y desparpajo se tornan aún más luminosos de lo que es habitual en ella.

‘Placer Hollywood’, el arranque del disco, ya muestra ese júbilo, amor y voluptuosidad. Se trata de una pizpireta balada de girl group que es a su vez una desenfadada celebración de idilios y revolcones felices, entre citas en inglés y “Voulez-vous coucher avec moi?”, mientras Mon imposta su tono entre infantil y lánguido con mucha gracia, entre coros y palmas. ‘Algo es mejor’ es una pieza de pop fresca, sentimental y luminosa, con un estribillo redondo, en la línea de Julieta Venegas o Gepe. También en esa misma onda respira el estribillo desatado de ‘Supermercado’, un entorno ordinario y corriente en que Mon escenifica el fin de una pareja. Uno de los pocos momentos tristes del álbum… al menos líricamente, porque incluso este dechado de melancolía rezuma felicidad de alguna manera. El alborozo también se trasluce en los arreglos: resultan muy simpáticos los sintetizadores viejunos que destacan en la nana vintage ‘Niña’, donde Mon canta a la hija que vendrá, colgada sobre una guitarra acústica. O lo graciosas que son letras como la de ‘Química mayor’, entre la autoparodia y el arrebato amoroso más sentido: “Estamos tan enamorados / Solos en el mundo, como un par de adolescentes / Que se aman locamente”, quizás autobiográfica. Aunque la mejor de las baladas oldies es ‘No soy para ti’, desatada oda al desamor.

Otro hecho diferencial respecto a sus dos anteriores álbumes es la presencia de tres temas en inglés. De entrada, son los más contenidos, pero también tienen ocasión de desatarse. Véase si no el ambiente de “torch song” de ‘Beautiful Sadness’, con su estribillo arrebatado. La única pieza que rompe la línea de regocijo generalizado es la cinematográfica y tenebrosa ‘A Crying Diamond’, que a la postre también es la más hollywoodiana, tanto en el sentido narrativo como en el reivindicativo. Aquí Laferte narra el abuso sexual y la destrucción de una adolescente por parte de empresarios sin escrúpulos que les prometen el estrellato, haciéndose eco de las denuncias del movimiento “Me Too”.

‘Carmen 1940’ es aparentemente menos espectacular que ‘SEIS’ o ‘Norma’; quizás su secuencia está demasiado apelotonada y sobrevuela la sensación de que hay sobredosis de medios tiempos retro y almibarados. Pero es el encanto infalible de Mon Laferte a la hora de interpretarlos lo que hace que se vuelvan irresistibles. Y es precisamente la sensación de urgencia, de querer mostrar las canciones sin preocuparse en demasía del orden y el concierto, también lo bueno del disco. Mon Laferte nos ofrece estos temas como un exorcismo feliz.

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Publicado por
Mireia Pería
Tags: mon laferte