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Leo Mateos / Demasiado bellos para ser esclavos

Lo mejor: 'Angélica', 'Valentino envenenado', 'Kava Kava', 'El perdón'
Te gustará si te gustan: Sparklehorse, Tulsa, Ornamento y delito
Escúchalo: en Youtube

Aquellos creyentes en el verdadero underground, en la música a los márgenes de la industria, en los autores que renuncian a ser «esclavos» de las modas tienen en el nombre de Leo Mateos a un auténtico héroe. Siempre supimos que detrás de Nudozurdo había alguien especial y peculiar, algo que se mantuvo en proyectos paralelos como Acuario y seguimos percibiendo hasta el último disco de la banda, ‘Voyeur Amateur‘, que contenía frases como «Enciendo la radio y todo lo que puedo escuchar son grupos que huelen a dinero y poco más».

Ahora que Mateos deja atrás su proyecto más conocido y firma en solitario «para poder componer sin sentir que le debía nada a nadie», se mantiene en sus trece. Seguramente escribir canciones para que suenen en una playlist tiene menos sentido para él que la vida, que ya es decir; seguramente campo de composición -junto a alguien de OT, por ejemplo- es algo que le suene a poco menos que campo de exterminio.

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El título del álbum ‘Demasiado bellos para ser esclavos’ lo dice todo y aquí no faltan sus típicas proclamas apocalípticas, retrato de un mundo que nos ha decepcionado. «Mienten, no te quieren ayudar / han robado un avión y pretenden escapar» es una de las primeras frases del álbum en ‘Valentino envenenado’, una «máquina de odiar» aparece en ‘El sacrificio de la reina’ y la aversión a la fama se refleja en ‘El perdón’ («El filo en la espada que empieza a agotarse / esto es lo que siento cuando dicen mi nombre»).

Las dos canciones más expresas al respecto serían ‘Soy una trampa’, que habla de un «pelotón leal de fusilamento» y os advierte de que «os van a incorporar a una base de datos / Menudo agosto harán con tantos idiotas gritando»); y ‘Mensajeros del miedo’. Esta última es la típica canción medio hablada medio predicada por Mateos, pues ha hecho varias sobre todo desde que ‘El hijo de Dios’ le saliera tan bien en ‘Sintética’, y aquí caben «las Trompetas de Jericó», «la capitalista lista y el comunista de la pista» y «cuentas bancarias», entre otras decenas de cosas: «Cuando lleguen con los eslóganes, las banderas, los bigotes y las recetas… ten listas las maletas».

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La música en ‘Demasiado bellos para ser esclavos’ bebe del indie anglosajón de finales de los 80 y del rock alternativo de los 90, del shoegaze al post-rock pasando por los parajes más pedregosos de la americana. Nombres como Stone Roses pueden venir a la mente por cierto tipo de guitarras acuosas, y Sparklehorse por esa búsqueda de la intimidad alejada del mundo. En ese deseo de permanecer a los márgenes Leo Mateos ha podido pasarse de frenada renunciando por supuesto a riffs tan inmediatos como los que cupieron en ‘Sintética’, pero también a un tema tan «bello» como lo fue ‘Úrsula hay nieve en casa’ en la última etapa de Nudozurdo.

Esta vez a duras penas ha podido buscar algo parecido a un single -o un tema sobre el que podamos volver en el futuro- en ‘Kava Kava’, con su anhelo en el estribillo de «atravesar el tiempo y reunirnos dentro», y en algún coro femenino aportado por amigas como Nieves Lázaro, Adriana de la Fuente y Marta Tchai. Lo que mejor le ha salido, en contraposición a ciertas letras impenetrables, es el retrato social de ‘Angélica’. Mateos habla de alguien que sale por La Latina y Huertas porque «está harta de lo que escuchan sus amigos de Chueca», una persona que le sirve de excusa para hacer una ácida reflexión sobre Tinder, drogas y feminismo en el mundo de la modernidad. Como «Cardo«, «su peor momento del día es cuando se despierta».

Leo Mateos actúa hoy viernes 10 de diciembre en El Sol, Madrid.

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