Nacho Vegas / Mundos inmóviles derrumbándose

El disco doble ‘Violética’ (2018) fue una de las cumbres de la carrera de Nacho Vegas, que ya había conocido otras con ‘Actos inexplicables’ (2001) o ‘El manifiesto desastre’ (2008). Puede parecer que las canciones le salgan como churros y su discografía no contenga apenas mácula. En cambio, tras ‘Violética’ sí sufrió un pequeño bloqueo, y lo cierto es que nos estamos empezando a acostumbrar a que sus discos salgan tan sólo cada 3 o incluso cada 4 años, a diferencia de lo que sucedía al principio.

‘Mundos inmóviles derrumbándose’ es su nueva apuesta tras el recopilatorio de rarezas ‘Oro, salitre y carbón’ con el que comenzaba una nueva andadura en Oso Polita, creado gracias a un retiro en la localidad asturiana de Ortiguera, no siempre por las razones adecuadas. Allí, cuando la inspiración empezaba a volver y ya tenía algunas canciones estructuradas, recibió la noticia del suicidio de una amiga a los 34 años, acontecimiento devastador que inspiró la letra de ‘Belart’: «Qué fácil es para una rosa morir; no se oye ningún lamento / Qué duro fue para ti sobrevivir después de otro aplastamiento».

La muerte ha estado presente en la obra de Nacho Vegas desde la escalofriante ‘El ángel Simón’, sobre su padre, una de esas canciones que marcan una vida pese a que uno no se vea con fuerzas de escucharla todos los días; e igual de sobrecogedora es la nueva ‘Ramón In’, también sobre la pérdida de un amigo en 2018. Su tono es directo incluso en cuanto a su relación sexual, como hermosos son los arreglos de cuerda que van emergiendo a lo largo de la producción, que al final se eleva entre solos de guitarra eléctrica distorsionada y un fantástico coro de voces amigas, tomas ahogadas y muchísima rabia por lo que no se puede evitar.

El final de ‘Ramón In’ es uno de los momentos álgidos -por decir algo- de este disco, poniendo sobre la mesa una vez más lo poco que se habla de la producción y el trabajo de banda en los álbumes de Nacho Vegas, en contraposición a los titulares que suelen copar las letras o sus opiniones políticas, la última, su desvinculación de Podemos. Un punto el social que aquí está representado por apenas dos cortes: ‘Big Crunch’, sobre el hipotético fin del capitalismo, y recuperado aunque no pegaba mucho para quitar algo de hierro al disco, y el single principal, ‘La Flor de la manzana

‘, que no debería estar pasando desapercibido, pues todo en él es un acierto. Está el ritmo latino aportado por Mancha ‘E Plátano, el crescendo de la estructura con sus cambios de melodía, el trabajo coral, la aportación de los vientos y el desafío de ese gancho «baja la cabeza y míranos».

Pero es que tan interesante como esa parte más política, ahora mucho más secundaria tras los altibajos de ‘Resituación’ (2014), su disco más 15-M, son los arreglos dados a las canciones, que provocan que en ‘Mundos inmóviles derrumbándose’ no hallemos tan nítidamente una de las 5 mejores canciones de la carrera de Nacho Vegas, como sí varias aspirantes a un imaginario top 20.

Los coros de la ya comentada ‘Belart’ parecen proceder del cielo al que evocan («no faltas tú, falta un cielo»); ‘El don de la ternura‘ está adornada con algunas de las cuerdas más bonitas que hemos escuchado en la trayectoria del artista; hablando de preciosismo ‘Esta noche nunca acaba’ es una de las pocas canciones abiertamente de amor, devoción y dedicación con que cuenta Vegas, por lo que se le ha dado un acabado tipo años 50; ‘La séptima ola’ despega tras un inicio acústico con un teclado que nos lleva a finales de los años 60; y ‘El mundo en torno a ti’ es una composición de sentido ambivalente que no puede sonar más madura.

Arropado por el trabajo de Cristian Pallejà, Ferran Resines y Hans Laguna en la producción, una docena de músicos y un Pablo Texón como co-autor en la adaptación de un tema al asturiano al cierre del álbum, ‘Un principiu de crueldá’; Nacho Vegas no entrega un disco que marque un antes y un después en su carrera, pero sí uno en el que, a sus 47 años, continúa siendo el mejor portavoz para una generación con sus mismas inquietudes. ‘Mundos inmóviles derrumbándose’ habla de la muerte porque llegada una edad no para de rodearte, de política porque es preocupación de todos el auge de la ultraderecha, y también de soledad porque… ¿quién en estos tiempos convulsos se siente realmente acompañado?

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Publicado por
Sebas E. Alonso
Tags: nacho vegas