Luna Ki, entre el márketing y la lucha contra el sistema desde dentro

‘Ay mama’ de Rigoberta Bandini saltando al top 40 de Spotify España y Leticia Dolera cantándola al volante en un Stories, dos Tanxugueiras arrastrándose como pueden hasta Benidorm recuperándose de la covid-19, Rayden hypeando al máximo la realización de su puesta en escena pidiendo al jurado que la valoren porque está pensada para televisión y no para el plató… No se había hablado tanto del proceso de selección de la canción española para Eurovisión desde los tiempos de Rosa o ni eso (sorry, Chikilicuatre).

También ha contribuido la decisión de alguien que ya no sigue con nosotros en esta aventura, Luna Ki, que decidía abandonar su candidatura este domingo por la imposibilidad de incorporar el Auto-Tune a su canción. En su defensa, ha hablado de la Cher de 1998, que ya es tan remota como la mismísima victoria en el festival de Dana International, y ha defendido que el Auto-Tune es a su canción lo que una guitarra eléctrica para una canción de rock. Y en eso tiene toda la razón.

El Auto-Tune, como también el uso de otras herramientas similares como el vocoder o el Melodyne, sí es el sonido de una generación como indica Luna Ki. Discos enteros de Kanye West han pasado por ahí, como innumerables grabaciones de artistas de primera línea como Frank Ocean, Daft Punk o hasta puretas como Radiohead, que jugaron con él ya en ‘Amnesiac’ (2001). Ha sido utilizado incluso por quienes tienen las voces más solventes y preciosistas del mercado, como es el caso de Rosalía, una cantante capaz de enmudecer a un país a capella como logró en la gala de los Goya 2019, que después también recurre a todo tipo de efectos como recurso estilístico y estético, por voluntad propia, sin necesitarlos.

Ahora bien, es cierto que Rosalía nunca dejaría de aparecer en un evento porque una canción requiriera de Auto-Tune. Seguramente se las ingeniaría para hacer otra cosa. Luna Ki, que ha asegurado que de ganar el Benidorm Fest y representar a España en Turín, habría tenido 3 meses para adaptar la canción a las exigencias del festival, podía haber ido planeando durante estas semanas una manera de salir del paso en la primera semifinal de este miércoles. Ya muchos nos olíamos la tostada, y las normas incluyen varias posibilidades: coristas haciendo el trabajo sucio, una voz pregrabada que no tenga la función de sustituir la voz principal y hasta una performance en la que no cantara absolutamente nada como aquella de Lorde en los premios MTV (aunque ella sí pudo servirse de una pista pregrabada a su antojo). Pero nunca dejar tirados a quienes habíamos seguido a estx artistx desde hits como ‘Septiembre’ y ‘Putón’, y a RTVE, que se la había jugado con una opción totalmente 2022, asignando a dedo a Luna Ki nada menos que la apertura de la primera semifinal.

Luna Ki se defiende asegurando que tan sólo fue el pasado miércoles cuando a RTVE le dijeron «desde Europa» que el Auto-Tune no podía ser utilizado en su actuación. Tampoco había que ser un lince para darse cuenta de que igual no iba a poder ser. ¿De verdad a nadie se le había ocurrido? Los malpensados del lugar apuntan a una maniobra de márketing que ha salido muy bien: Luna Ki ha sido «trending topic» durante 2 días, ‘Voy a morir’ supera el millón de streamings en Spotify y todos veremos su vídeo a falta del montaje que tenía preparado para el directo dentro de un montón de chanantes cajas de cartón. El vídeo «desde 2034» en que lo explica, en toda su edición y post-producción, insinúa dos cosas: o bien que Luna Ki tenía todo esto orquestado, o bien que va a cuidar cada uno de sus pasos para mostrar al mundo que es unx artistx con entidad y discurso propios. Desde luego, no tiene ningún desperdicio.

Con todo lo decepcionante que es que mañana no veamos este show en primetime y en La 1, porque por supuesto RTVE no ha consentido que se programe fuera de concurso, pues bastante bobo ha de sentirse ya todo ese nuevo equipo que está o estaba rejuveneciendo el discurso; hay que reconocer a Luna Ki que posiblemente haya jugado un papel decisivo en la historia del festival, que ha ido modernizándose muy poco a poco, para bien o para mal.

Para mal porque era un espectáculo escuchar las orquestas en vivo, por ejemplo para España dirigidas por Manuel Alejandro y Juan Carlos Calderón durante los años 60 y 70. A veces el director salía con el intérprete y saludaba, como en 1966 Rafael Ibarbia acompañando a Raphael. Incluso cuando la música iba en playback, la orquesta pudo seguir siendo en directo durante unos años y ese es uno de los motivos por los que la actuación de ‘Bandido’ es tan espectacular. Sí, la base va pregrabada, como explica el director de orquesta Eduardo Leyva en el podcast Pasión Eurovisión bajo estas líneas (minuto 50), pero cuando entra la orquesta de un visiblemente disgustado Leyva en el minuto 3.24, aquello es un subidón. «Brown Sugar» -como las llama este locutor- quedaron en el 5º puesto.


7 años después de ‘Bandido’ se consintió que toda la música pudiera ser pregrabada y en 1999 Israel directamente no ofreció orquesta, obligando a todos los participantes a usar únicamente pistas de apoyo pregrabadas por primera vez. Ya no es una posibilidad tener instrumentación en vivo, para desesperación de amantes de lo puro como Salvador Sobral, Amaia y Alfred o Måneskin, a los que encantaría acariciar un piano o hacer rugir una guitarra allí mismo. Bajo el imperativo de «esto es tele y el escenario tiene que montarse y desmontarse no en cuestión de minutos sino de segundos», el festival ha perdido esa parte de autenticidad.

Para bien, el festival ha ido modernizándose obligado en parte por el público LGTB+, el que ha mantenido el festival en sus años bajos, y en general habituado a una buena performance sobre todas las cosas, y para muestra el éxito de formatos como RuPaul. Parece cuestión de tiempo que las normas se adapten a lo que las modas nos traigan.

24 años después de ‘Believe’, el Auto-tune está plenamente asentado en los conciertos que vemos a diario sobre todo entre los artistas antes llamados de música urbana. No parece tan mala idea que el público y el jurado decidan cuándo el recurso sirve para enriquecer una canción, como fue el caso de Cher; cuándo es el único recurso de la persona, como parece el caso de Luna Ki hasta que demuestre lo contrario; y cuándo es peor el remedio que la enfermedad. Hasta ahora Madonna es la única que ha utilizado el Auto-Tune sobre las tablas eurovisivas, especialmente durante su interpretación de ‘Future’, y no es que saliera muy bien parada: el público interpretó que lo había hecho tan mal que todo el mensaje político del tema, del conflicto palestino-israelí al cambio climático, pasó completamente desapercibido.

Si Eurovisión decide, algún día, ceder a los imperativos del siglo XXI, Luna Ki habrá tenido su pequeño lugar en la historia del festival. Y para aquellos que critican -criticamos- que tenía que haber preguntado si podía utilizar Auto-tune antes de presentarse, lo cierto es que no habría habido tal revuelo si ese hubiera sido el caso. Con esas alas de metal que se ha puesto en su videosaludo enviado «desde 2034», que quién sabe si será el año en que se aprueben las nuevas normas, parece querernos decir que confía en que la lucha más eficiente contra el sistema sea la que se hace desde dentro.

Podcast: pros y contras de los 14 temas de Benidorm Fest

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Publicado por
Sebas E. Alonso