¿Qué le pasa a Madonna? Última hora: Nada

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¿Qué le pasa a Madonna? Última hora: Nada

“La gente me dice que cierre la boca / que deberían quemarme (…) “porque tu mundo es una vergüenza” / “porque tu mundo está obsesionado con la fama” / “porque en tu mundo hay demasiado dolor””. Es una pena que Madonna no incluyera en su set de Eurovisión este fragmento de su inminente tema ‘Dark Ballet’ sino otro, porque en un devenir de los acontecimientos no tan inesperado, habría anticipado lo que iban a ser las siguientes horas de la cantante, con los informativos y webs de medio mundo hablando de cuánto había “desafinado” durante su interpretación de ‘Like a Prayer’. Ayer, hasta el presentador del Telediario se convirtió en profesor de canto; y habló cual técnico de sonido hasta aquel incapaz de distinguir un playback de un directo con Auto-tune.

Madonna no ofreció la mejor versión de ‘Like a Prayer’ sobre el escenario de Eurovisión el pasado sábado. Gracias, ya nos hemos enterado. Quizá, como se ha apuntado en nuestros foros, porque el foco estaba demasiado puesto en su voz y no en el espectáculo habitual que ella suele ofrecer. Ya había ofrecido un show muy similar en la gala de los MET y lo había subido a Youtube por su 60º cumpleaños sin que se viralizara, por lo que parecía bastante claro que no iba a gustar. Aparte del set en sí, antes de introducirse en el mundo de la música disco y electrónica en Danceteria, Madonna nunca se curtió como cantante pese a haberse criado en Detroit. Se mudó a Nueva York para ser bailarina, y hasta cogió antes las baquetas de una batería que las riendas del escenario como frontwoman. En momentos puntuales de su carrera, especialmente en ‘Evita’, ha educado su voz para tratar de extraer de ella lo mejor, pero nunca ha sido de la escuela Whitney o Mariah. Cuando ambas triunfaron en los 90 le resultaron tan fascinantes como un espantapájaros, hablando, en cambio, muy a favor de grandes adictas al playback como las Spice Girls, y manteniendo entre sus grandes referentes vocalistas técnicamente tan modestas como Deborah Harry y Patti Smith.

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Hay una teoría de la conspiración que indica que Madonna fue saboteada en el pinganillo y monitores por el propio Festival de Eurovisión. A Madonna le va la marcha y hay que ser muy tonto para no adivinar que iba a liarla con algún tipo de planteamiento político expresamente prohibido en el certamen y que había ocultado en los ensayos. Por tanto, una opción para la organización era derivar la atención hacia otro lado, pero ni siquiera creo que hubiera boicot en un evento tan profesional como este, con décadas de tradición, ni problema técnico alguno. Mientras en sus propios conciertos, y como muestran miles de documentos de Youtube, se la ve cómoda, confiada y solvente, en las galas de televisión muchas veces le han podido los nervios. Los que dan haberte puesto tú misma el listón de ser la mejor frente a la opinión pública. Situada más bien en la línea del “no sabe bailar, no sabe cantar, pero no se la pierdan” de una Lola Flores, su voz en directo en este tipo de eventos ha sido siempre más una lucha que una victoria, como se vio en Live Aid 1985, los Oscars de 1997, el ‘Hung Up’ de los MTV EMA’s de 2005 o el ‘Living for Love’ de los Brits en 2015. Por otro lado, su voz actual, incluso en estudio, como se aprecia en temas recientes como ‘Future’ o ‘Crave’, es muy diferente a la de hace unos años, de la misma manera que en sus últimos discos o directos Bowie, Bono, Paul McCartney, Brian Wilson o Bob Dylan no han cantado igual que en sus debuts. Sí creo que Eurovisión era el lugar de Madonna, aunque solo sea por el descaro con el que los coreógrafos de este festival la han copiado durante este siglo; pero por todo esto presentarse después de 26 participantes curtidos por el grisáceo y perfeccionista patrón de Operación Triunfo, era una idea de Jaimito por una razón de contraste. El futuro que aguarda a estas 26 personas es el mismo que el que aguardó a Sinitta, pero lo cierto es que casi todos bordaron sus 3 minutos de gloria, y ahí Madonna tenía las de perder, incluso dejando la sensación de que de hecho se jugaba algo más que ellos. Todo un WTF, todo un “el mundo al revés”, pero cierto.

Así, un medio alemán titulaba ayer sin ningún tipo de rubor: “Eurovisión ha arruinado la carrera de Madonna”. En España, 20 Minutos colocaba en AMP frente a cientos de miles de personas una noticia opinativa sin firmar de 4 frases en cuyo titular se calificaba la actuación como “desastrosa”. Viendo la actuación en el Youtube del festival o en el de Madonna ligeramente post-producida, no termino de ver el apocalíptico desastre que se ha vivido este fin de semana en las redes sociales, en la prensa generalista o incluso en foros de la propia artista. Uno lee la prensa y parece que va a aparecer en Youtube esa escena de ‘La vie en rose’ en que se dibuja (y exagera) a una Édith Piaf prácticamente moribunda sobre las tablas. Incluso una web de fans de Madonna ha tenido que hacer un llamamiento a la calma indicando que “lo que se está leyendo en internet sobre Madonna durante el día de hoy no es normal”. Esas webs de fans que son lo suficientemente críticas como para hacer una columna de opinión indicando que Madonna no debía colaborar con Maluma, en un ejercicio de “fansplaining” (el fan explicando al artista lo que ha de hacer con su vida) que no puedo sino calificar como osado en los tiempos en que tanto se ha cuestionado el “mansplaining”.

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Ciertamente me parece que la reacción ante la actuación de Madonna es desproporcionada. Justin Timberlake a duras penas cantó en Eurovisión 2016, depositando gran parte de la labor vocal de su show en los coristas sin que nadie dijera ni mu. Quavo de los multimillonarios y tan de moda Migos mostró el sábado la misma presencia escénica de un maniquí. Podrían haber puesto un holograma y nadie se habría enterado. Con Madonna, en cambio, se olía a la gente con los cuchillos bien afilados desde antes de subirse al escenario, entre haters (existen, no hay más que leer los comentarios de nuestro site), fans decepcionados de que actuara en un evento con una imagen tan freak como Eurovisión, y fans decepcionados con que actuara en Israel. “Disfrutemos el que va a ser el último día de promo del disco”, escribía un agorero en Popjustice horas antes de la actuación, evidenciando que el meltdown previo era tan palpable que parecía que iba a dar un mitin Isabel Díaz Ayuso, o peor, Morrissey, mientras se recontaba el televoto.

En nuestros y otros foros hemos leído una competición de mensajes absurdos recibidos por fans de amigos y conocidos a través de WhatsApp, que en muchos de los casos son anteriores a la propia actuación, correspondientes a la minientrevista concedida por la cantante. “¿Qué le pasa a Madonna?”, “¿Ha perdido un ojo?” o “han tenido que ayudar a Madonna a levantarse” eran algunos de ellos. Y gente que confunde un paso coreográfico que podía haber hecho con 20 años con necesitar un bastón ya es la pera limonera: no es lo mismo tener 50 o 60 años que tener 80 o 90. Hay 3 décadas de diferencia, y por cierto, cuando Madonna ha necesitado un bastón o una muleta porque se ha lesionado entrenando, se ha llevado uno que le pegara con el conjunto.

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Madonna no está en edad de jubilarse, y menos en este momento histórico, pero cada aparición pública que hace representa una oleada de críticas en la que es invitada a marcharse, cuando lo curioso del “ageism” frente a otras discriminaciones, es que a todo cerdo le llegará su San Martín. Parece que no basta con que uno pase de comprar discos que no le motivan, decida “esto no me gusta” o “esta actuación ha sido pésima”: es necesario imponer a la artista el criterio propio, aunque no se tenga ninguno, cayendo en lugares tan comunes y manidos como “nada como una retirada a tiempo” o “en los 80 era cuando Madonna molaba”, como si Madonna hubiera tenido algún tipo de reconocimiento durante aquella década. Nadie recuerda que no olió ni un Grammy por un disco o un tema hasta 1999, cuando llevaba más de 30 éxitos a sus espaldas, y era más que obvio que estaba aquí para quedarse.

En esta lluvia de ideas tan ocurrente de fin de semana por una interpretación vocal desafortunada o un mal día, como se ha podido ver en los comments del site, surge la típica voz salvadora e iluminada que indica a Madonna más cosas que debería hacer para seguir siendo alguien: no comportarse como una adolescente, hacer música acorde a su edad, y otras sentencias de una originalidad sin precedentes desde que aquel medio de comunicación le espetara “cálmese, abuelita” cuando rondaba los 35 años, hace 25 años. ¿En qué momento de esta actuación eurovisiva ha actuado Madonna como una adolescente? ¿Para qué debe Madonna hacer más música y letras sobre ser mayor si cuando las ha hecho, como sucedía en varias canciones de ‘Rebel Heart’ (2015), nadie las ha escuchado? ¿Puede haber letras más explícitas sobre la posición de Madonna en la industria musical, que las que escribió para ‘Joan of Arc’ o ‘Wash All Over Me’? En esta última decía sentirse “como una extraña en un mundo que está cambiando”. “¿Me mantendré en pie o caeré?”, se preguntaba antes de un estribillo en el que asumía: “si esto es el final, deja que pase, deja que venga, deja que llueva, que llueva sobre mí”. ¿Hay que hacer un máster de literatura para comprender que Madonna ya ha jugado la carta de aceptar su propia decadencia y que, simplemente, al mundo no le interesó esa historia y miró hacia otro lado?

También el mundo ha mirado hacia otro lado cuando la performance en Eurovisión ha tenido sus puntos positivos y desde luego sus atrevimientos. Horas antes de que comenzara, el mayor temor entre sus seguidores era que Madonna se estuviera dejando llevar por la propaganda israelí, guiada por su estudio de la cábala y sus creencias religiosas. Bobby Gillespie la llamó “prostituta” en la BBC por actuar en Israel, sin que nadie cuestionara si había llamado antes “chaperos” a Radiohead, Nick Cave y otros artistas que han decidido actuar en este país, pese a las presiones de Roger Waters por tierra, mar y aire. La cantante no solo subió la bandera palestina al escenario, sino que introdujo un interludio entre ‘Like a Prayer’ y ‘Future’, procedente también de ‘Dark Ballet’, en el que una frase resonaba por encima del resto: “Son tan naíf… se piensan que no estamos al tanto de sus crímenes”. Madonna se la estaba metiendo bien doblada al país anfitrión ante 200 millones de personas, pero estas estaban demasiado liadas tuiteando sobre el estado de su voz y de su físico, como si les fuera la vida en ello.

Nadie se ha detenido en el significado de ese interludio, en parte porque desconocemos la canción completa y probablemente el cometido de este tema sea otro, pero sí creo que el hecho de que Eurovisión se haya celebrado en Israel ha condicionado la actuación de Madonna y su repertorio. Aunque muchos esperaban que presentara ‘Medellín’ y ‘Hung Up’ (por su sample de Abba) en la ceremonia, una performance hedonista sobre un sueño húmedo y una bola de espejos no habría funcionado en ese contexto determinado en Tel Aviv. Madame X, además de una eterna adolescente y una prostituta, también ha sido siempre una persona profundamente comprometida política y socialmente (desde su lucha contra el sida, hasta su deseo de “bombardear la Casa Blanca” con Trump dentro), y no ha querido esta vez sino realizar una performance sobria interpretando un tema que es “como una oración” cargado de esperanza, y otro que reflexiona sobre la deriva de nuestro futuro. Está claro que en este caso el cuerpo no le pedía “el mambo” que la gente demandaba. El tiro le salió por la culata, como cuando habló de orgías y sexo explícito en ‘Erotica’, o cuestionó la tontería de la sociedad occidental en ‘American Life’.

Eurovisión es un episodio más en el que la hemeroteca ofrece una versión como mínimo un pelín distorsionada de lo que fue la realidad de esta artista. El mundo ha vuelto a asumir que Madonna está acabada, sin que a nadie le quepan en los dedos de las manos las veces que hemos leído el mismo titular a lo largo de décadas. Sé de primera mano que Madonna genera un tráfico en internet descomunal, y el titular negativo es el que más vende y circula, pero igualmente es obvio que contiene una incómoda paradoja: el día en que un artista está acabado es el día en que no genera titular alguno. La prensa generalista no tiene tiempo ni espacio para lo que no interesa, ni vende, ni genera clics, y por tanto el artista verdaderamente acabado nunca será digno de un titular de la misma. Hoy las entradas de la gira de Madonna no están de saldo, continúan valiendo entre 100 y 2000 dólares. No hay 2×1 ni un “pague 2 y llévese usted 3”. Mi colega en Nueva York me informa justo esta mañana de que nos hemos quedado sin tickets para su gira por exceso de demanda cuando hay anunciada una decena de shows. No sé si me quedo con este jarro de realidad o con el que vi el otro día de “trending topic”.

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