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Johnny Marr / Fever Dreams 1-4

Lo mejor: 'Spirit Power and Sound', 'Counter Clock World', 'Human'
Te gustará si te: pones a menudo 'Easy Money' y los discos de Electronic. Enteros.
Escúchalo: Youtube

La carrera en solitario de Johnny Marr sirve involuntariamente para marcar la diferencia entre ser un buen guitarrista y escribir bonitas secuencias de acordes para un compositor genial, y ser un compositor genial. No es lo mismo. Sus primeros discos solo -ese momento en que decidía ponerse frente al micro tras pasar por varias bandas- tuvieron su gracia: la nostalgia, sus tradicionales arpegios por aquí, el sonido Madchester por allá… La broma no puede extenderse mucho más, en cambio. No desde luego los 72 minutos que dura este nuevo álbum llamado ‘Fever Dreams’ y cuya escucha es una labor bien ardua.

‘Fever Dreams’ se divide en 4 EP’s de 4 canciones cada uno, lo cual parece una tendencia asociable a la pandemia por los diferentes parones y olas que nos ha dado la covid-19; y sus composiciones nos iban ofreciendo lo que temíamos. Había singles que no estaban nada mal, que empezaban tan bien como ‘Spirit Power and Soul’, pero como es usual también, bastante vacíos de contenido. El tiempo ha ido revelando que incluso sus mejores temas en solitario, como ‘Easy Money’, no tienen la vocación de trascender demasiado, en parte por unas letras sembradas de lugares comunes como «la oscuridad ha llegado, la esperanza se ha ido», en parte por lo cansinas y alargadas que resultan casi todas ellas.

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Lo peor de este álbum es lo comercial que intenta ser sin terminar de serlo. El mejor ejemplo sería ‘Sensory Street’, que empieza con un riff sintético medio recordable, pero se repite tantas veces que al final lo odias: cuesta mantener la atención durante 5 minutos y 18 segundos sin que en el tema llegue a pasar nada, o más bien nada de interés. Porque bien es verdad que está ese puente que grita «cielo raro, ritmo raro» como si fuera una ocurrencia. ¿Habría estado bien como tema de 2 minutos y medio?

Parece mentira que Johnny Marr no haya aprendido después de tanto tiempo que repetir las cosas ad nauseam no implica que una canción sea pegadiza. ‘All These Days’ empieza con un buen punteo de post-punk, pero termina siendo extenuante, lo mismo que ‘Tenement Time’, que pretende remitir al underground de Manchester sin lograrlo. Otras veces, en cuanto Johnny abre la boca, esa primera frase de la composición ya la aboca a la nada, como el «do you receive? do you receive?» de -ejem- ‘Receiver’ o el «What’s the day? / What’s the way? / Is that you? / Is that me?» de ‘Hideaway Girl’. He visto a la prensa tratar de hundir las carreras de muchas artistas femeninas del mundo del pop-rock por menos que este cúmulo de bobadas. Eso así, esto les suena a pura poesía por razones desconocidas.

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‘Rubicon’, heredada de sus pinitos en el mundo de la banda sonora (trabajó en ‘The Amazing Spiderman 2’ con Hans Zimmer), pone hacia el final del álbum la nota ambient en un disco que deambula sonámbulo por los sonidos de Stone Roses y New Order (‘Spirit Power and Soul’) y también Siouxsie and the Banshees. Le sigue quedando mejor el punto acústico e indie pop de unos R.E.M. (‘Night & Day’, ‘Counter Clock World’) y de hecho la canción final, la acústica, la que más a los Smiths suena, es de las que están mejor construidas. Por lo demás, el tercer álbum de los Stone Roses se abortó por un motivo.

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