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Hits generacionales de Los Planetas en Razzmatazz

Tomo prestado a Juanjo Sáez el título de su famosa sección en Rockdelux, pero es que es así como nos sentimos en el Razz el pasado viernes. Una plétora de cuarentonas y cuarentones llenamos la sala (apenas se veían menores de treinta) para reencontrarnos con el grupo totémico del indie español. Para muchos de los asistentes ya habían transcurrido más de 25 años desde su primer concierto de los granadinos. Y cuesta creer que, después de todo lo que hemos/han pasado, no muestren aún signos de decadencia.

El del viernes fue un concierto de hits en modo clásico planetario. Nada de formatos esenciales o sinfónicos. La banda sonaba potente y pletórica, sin pausa entre temas, con unos Eric y Floren en especial estado de gracia. A J, por eso, su micro se le oía flojo. Su voz incluso a veces parecía desaparecer. Pero puede que fuera un efecto buscado: primó el karaoke colectivo, se escuchaba mucho más al público. Pero esa es otra de las características habituales de los conciertos “canónicos” de Los Planetas.

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Después de una fanfarria a lo ‘Star Wars’, el grupo arrancó con la apisonadora: nada menos que ‘Segundo Premio’, marcando el sendero del concierto: himnos sin concesiones y todo el aforo cantando voz en cuello como si le fuera la vida en ello. Y no bajaron el ritmo: a continuación llegó ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ seguida de la gozosa recuperación de ‘Devuéveme la pasta’.

Como si el tiempo no hubiera pasado, nos encontramos con muchas de esos momentos típicos en los conciertos de Los Planetas: J fumando cigarrillo tras cigarrillo en el escenario; la densidad psicodélica flamenca mezclándose con las canciones más jondas y sentidas del grupo, como un ‘Santos que yo te pinte’ con el que se fue la sala abajo o todo el público gritando a degüello el “Estoy cayendo pa arriba” de ‘Islamabad’.

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De ‘Las canciones del agua’ solo cayeron ‘El negacionista’ y ‘El rey de España’, recibidas con cierta indiferencia. Todos, banda y público, parecíamos más cómodos con los himnos, con los rescates de temas que parecía que no recuperarían jamás como ‘Prueba esto’, enlazando sin descanso hit tras hit: ‘Un buen día’, ‘Corrientes circulares en el tiempo’, maravillas pretéritas como ‘David y Claudia’… Hubo muchos momentos hermosos de catarsis colectiva: cómo el público devolvía los “solos tú y yo” de ‘Espíritu olímpico’, por no hablar del despiporre que supuso volver a oír (y cantar) el mega-clásico ‘De Viaje’.

Para los bises recurrieron de nuevo al flamenco y la psicodelia, con piezas mayores pero menos fáciles como ‘Señora de las alturas’ y ‘Toxicosmos’. Y con el re-bis llegó ‘Ya no me asomo a la reja’ y parte del público se tuvo que enjuagar las lágrimas. Es una pena que se dejaran temas recientes como ‘Se quiere venir’ y, sobre todo, esa maravilla que es ‘El manantial’. Me llegaron rumores de que estaba programada pero se cayó por falta de tiempo. Pero por lo demás fueron casi dos horas de feliz reencuentro: con un grupo generacional y sus canciones, sin mascarillas ni distancias, tras dos años de pandemia y restricciones. Dio igual el calor sofocante del Razz, la gente que te apartaba continuamente para ir a por cervezas, los que te cantaban desafinando justo en la oreja… Quizás mañana volveremos a quejarnos de todo esto. Pero el viernes el Razz fue un glorioso retorno a la normalidad planetaria.

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