A la felicidad por la salsa con Juan Luis Guerra y Rubén Blades en Cruïlla

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A la felicidad por la salsa con Juan Luis Guerra y Rubén Blades en Cruïlla

Este sábado 9 de julio el Cruïlla se sumó un gran tanto reuniendo en una sola jornada a dos figuras tan legendarias como Juan Luis Guerra y a Rubén Blades. El Festival cerró su edición con 72.000 espectadores totales, 25.000 durante su última jornada. Y todos los 25.000 estábamos en Juan Luis Guerra y 4.40. Nunca había visto a tanto público en el festival, ni tan transversal, con una destacada presencia de la comunidad latina de Barcelona de todas las edades. Ya se notaba en el tranvía, repleto 90 minutos antes del inicio del concierto. La organización prácticamente le hizo a Guerra un Neil Young: léase cuando en un festival se quiere destacar tanto a un artista mítico que no programa otros conciertos a la vez.

La banda 4.40 es de aúpa: contamos quince músicos en el escenario, y nos enamoramos de la teclista-vocalista que lo da todo, y baila y goza. A Juan Luis se le ve algo encogido, pero de voz está estupendo. La única pega es que el sonido de su micro es un pelín bajo. Poco más que objetar. La ubicación del escenario permite ver bien incluso en la lejanía, las pantallas y la realización son prácticamente perfectas y llegan donde no llegan nuestros ojos. Todo pensado para una hora y media de puro goce.

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Arrancan con ‘Rosalía’, coreadísima, como coreadísimas son ‘Nadie como tú’ o ‘Como yo’: bailoteo y felicidad máxima. A Juan Luis Guerra no le hacen falta alharacas ni exhibiciones. Se mueve pausado, pero qué bien canta. “¿Cuántos vinieron a bailar salsa?”, nos pregunta. Y arranca un primer medley salsero, que incluye la archiconocida ‘Carta de amor’. Todas las canciones son recibidas como grandes éxitos, todas son celebraciones jubilosas. En ‘El Niágara en bicicleta’ se disparan fuentes de fuegos artificiales. En ‘Para ti’, se lanza confeti.

Hace mucho calor y el sol no acaba de bajar. La bachata más tierna también tiene su medley, que incluye ‘Frío, frío’. Y nos da para cantar, claro, los “frío, frío” y los “tibio, tibio”. Y cuando tocan ‘Burbujas de amor’ también cantamos el estribillo. Hasta la música prácticamente se detiene para que nos podamos oír entonando a pleno pulmón lo de “Quisiera ser un pez…”. ‘Como abeja al panal’ la cede a los 4:40 para que la canten con nuestra amada teclista.

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Roger Zayas-Bazán, el segundo de a bordo y miembro fundador de 4.40, presenta la banda. Hay frenesí rítmico, palmas y desde la pantalla vemos a Juan Luis firmando discos. Pero para apoteosis ‘Visa para un sueño’. Y la cámara enfoca al chaval que le ha dado los discos a Juan Luis para que se los firme. Está llorando. Le ovacionamos. ‘El costo de la vida’ es buena recuperación a día de hoy: suena más actual que cuando se editó en 1992. Para ‘Ojalá que llueva café’ se olvidan del baile y nos ofrecen una versión lenta, y a piano, lo que aprovechan algunos pelmazos para dar por saco. Afortunadamente, los charlatanes pesados son minoría en el concierto.

El sol ya baja y Juan Luis se despide y se retira. El público aullamos, los músicos bailan, somos cada vez más fans de la teclista que lo da todo… Pero es todo trampa, ¡porque ya los propios audiovisuales nos exigen que pidamos otra! Y claro, Juan Luis vuelve. Con ‘A pedir su mano’ hay despiporre a ritmo rápido. Y ‘Bachata rosa’, que la cantamos nosotros. Los audiovisuales son de lo más kitsch, salen muchos Juan Luis Guerra pidiendo que movamos los brazos para aquí y para allá. Y terminamos, claro, con la ‘Bilirrubina’, y nos acabamos de descoyuntar bailando y cantando. Y chorreamos sudor y felicidad.

Cruïlla

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Hay una cantidad bastante importante de personas dando vueltas por el recinto. Abandonamos a Rozalén para descansar, abrevarnos en Joan Dausa y ver qué se cuece en el Cruïlla Comedy. Nos despistamos un poco y llegamos justos para Rubén Blades con Roberto Delgado & Orquesta de Panamá. Estamos bastante atrás, pero la buena disposición del escenario, la calidad de las pantallas y la potencia de sonido hace que la distancia no sea problema.

Rubén ofreció una gira en 2017 anunciada como su “despedida de la salsa”. Afortunadamente, ha incumplido su promesa. Y aunque su proyecto lleve como nombre “Salswing”, hay un 95% de salsa y un 5% de swing. En lo que cumple es en darnos un concierto tan estratosférico como el que ofreció hace cinco años en el Poble Espanyol. Todo tiene cabida en Blades: discurso social, compromiso, baile, diversión, emoción y reflexión.

Nada menos que 21 músicos acompañan a Rubén. Él luce guapísimo, con su traje y su sombrero. Y antes de arrancar ofrece un recordatorio a los artistas que han compartido cartel con él en el Cruïlla: a Guerra, a Rozalén, a Residente. También a Serrat y a la Orquesta Plateria, a los que agradece su introducción en Catalunya. De hecho, todos los catalanes presentes nos hicimos fans de Blades a través de las versiones de la Plateria.

Blades arranca con ‘Mambo Gil’, versión de Tito Puente, y su voz no puede sonar más esplendorosa. Toda su carga social se desparrama con ‘Decisiones’, también con su discurso dedicado a todos los que vienen del sector popular, a nuestros barrios y a nuestros padres que no tuvieron vacaciones, antes de tocar ‘Las calles’. Pero mi corazoncito sufre el primer paro con ‘Ligia Elena’, una de esas canciones mitificadas por la Plateria que, por supuesto, me sé de memoria, con impresionante exhibición de la trompeta. También lloramos con ‘Amor y control’, que dedica a todos los que tienen gente enferma, con ese inicio tan desgarrador: “Saliendo del hospital / después de ver a mi mamá / luchando contra un cáncer / que no se puede curar”, y sus versos dedicados al amor de la familia: “cuánto control y cuánto amor / tiene que haber en una casa / mucho control y mucho amor / para enfrentar a la desgracia”.

El 5% del swing llega en recordatorio a Tony Benett y Michel Legrand en ‘Watch What Happens’ y a Sinatra en una muy bonita relectura de ‘The Way You Look Tonight’, en que Blades se aparta un momento de su papel de gran maestro salsero para ir al de crooner, con también estupendos resultados. Pero para estupendo y emocionante, ‘El cantante’, un tema que, nos recuerda, aunque escribió él, se hizo suyo Héctor Lavoe, a quién rememora en los audiovisuales. Como conmovedora es la repesca de ‘El padre Antonio y el monaguillo Andrés’ de ‘Buscando América’, su mítico álbum con Seis del Solar, con morcilla incluida dedicada a Messi, air guitar y un homenaje al asesinado monseñor Óscar Romero. La canción homónima ’Buscando America’ también es emocionante y depara tremenda descarga por parte de la banda. Pero para momento celebrado e inevitable, ‘Pedro Navaja’, por supuesto. ¡Y cómo cantamos todos: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.! Y cuando Rubén nos deja, vemos que su impecable traje está empapado, como empapados estamos nosotros, de sudor, de emoción. De saber que nada va a ser mejor.

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