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‘Cendres de lune’, el disco que convirtió en estrella a Mylène Farmer

Lo mejor: ‘Libertine’, ‘Tristana’, ‘Maman a tort’, ‘We’ll never die’, ‘Plus grandir’
Te gustará si te gusta: Pet Shop Boys, Alizée, Jane Birkin, el Europop
Escúchalo: Youtube.

“Cenizas de luna” es el disco de debut de Mylène Farmer. Editado en 1986, contenía 8 canciones, a las que se añadió ‘Tristana’ en la reedición de 1987 (y que se considera la versión “canónica”). La artista franco-canadiense ya había lanzado dos singles en 1984, pero ‘Cendres de lune’ supondría su postulación definitiva como candidata a estrella: el estilo musical y vocal, los temas de las canciones, la estética cuidadosamente trabajada, sentarían las bases de lo que ha venido siendo la discografía de Mylène en los siguientes 36 años, un universo propio en sí mismo.

Tras el fracaso de su segundo sencillo en 1984 (‘On est tous des imbeciles’), el sello RCA decide prescindir de ella a pesar del éxito aceptable de su debut (‘Maman a tort’), y la cantante es fichada por Polydor, donde prepararía este disco a lo largo del año 85 en estrecha colaboración con su gran aliado creativo, Laurent Boutonnat. Ese tándem ganador que durante discos y décadas rezaría “música de Laurent y letras de Mylène” (y que incluiría el megaéxito de Alizée 15 años después) comienza justo aquí. A pesar de que en ‘Cendres de lune’ muchas letras son todavía de Laurent, éstas están completamente al servicio de ese naciente universo particular de la cantante, y las que hizo ella serían cruciales para establecer su estilo.

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Empezando por el single de adelanto, elegido por Polydor y con letra de Farmer: ‘Plus Grandir’ abordaba una temática muy 80’s, la fobia por dejar de ser joven. Su lanzamiento a finales del 85 no consiguió grandes ventas, pero su carísimo vídeo sentaría otra de las bases estratégicas de la carrera de la artista: superproducciones en Cinemascope de factura técnica totalmente cinematográfica dirigidas por el propio Boutonnat, y a menudo ambientadas en fantasías visuales de época (el campo de refugiados de ‘Désenchantée’ o la Guerra de los Siete Años de ‘Pourvu qu’elles soient douces’). El diseño visual de Boutonnat incluiría la fotografía de muchas de las portadas, y convertiría en los siguientes años el lanzamiento de cada nuevo clip en un acontecimiento nacional, llegando su sombra hasta las escenografías de parte de las primeras giras de Farmer, inspiradas en ellos. Su nueva discográfica tuvo la visión suficiente para apostar por ‘Cendres de lune’ a pesar de las discretas ventas de ese adelanto y los ingentes gastos del clip. No se arrepentirían.

El álbum comienza con ‘Libertine’, que también fue elegida como single de lanzamiento en abril de 1986. Es difícil de explicar el tremendo impacto cultural de esta canción de precioso electro-pop ultracomercial sin abordar su letra y su vídeo. Cuando el tema era solo una melodía, Mylène improvisó durante un ensayo cantando “je suis une pute” y Boutonnat recogió y adaptó la idea en ese ya mítico “je suis libertine / je suis une catin” (“soy libertina / soy una ramera”). Sus versos de corte erótico-masoquista (“amar es llorar cuando te inclinas”) incluyen un “entre mis dunas / reposan mis infortunios / y es desnuda como aprendo la virtud”, sacado directamente del Marqués de Sade. La canción creó una previsible polémica en el reaccionariado francés que de nada sirvió, porque pronto lograría eso tan difícil de conseguir, que es convertirse simultáneamente en un himno pop aceptado por un enorme público y en un himno de la lucha por los derechos: se trata de uno de los primeros ejemplos en la cultura popular francesa de reapropiación de un término despectivo hacia la mujer.

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Tras ‘Au bout de la nuit’, un bonito medio tiempo de vaporosos sintetizadores y temática sensual, con voces muy Jane Birkin (una referencia evidente en los primeros años de su carrera, no tanto después), llega ‘Vieux Bouc’. Entre rapeado y recitado se suceden estrofas de provocación (“viejo cabrón, ¿eres frágil? / ¿Te gustan mis campanadas matutinas? / El himen será mi regalo / ahora mismo tengo fuego en la sangre”) y estribillos cantados, con una base rítmica e instrumental llena de los sonidos metálicos y duros característicos del Fairlight II, ese carísimo sampler que marcó el rumbo sonoro de la segunda mitad de los 80.

Laurent Boutonnat hizo uso profuso de la paleta de sonidos del Fairlight a lo largo y ancho de ‘Cendres de lune’, como es evidente en el uso de sus características flautas en la siguiente canción, ‘Tristana’, otra de las piezas más brillantes e importantes del disco. En realidad fue un sencillo posterior a la edición original del LP, pero su éxito fue tal que a partir de 1987 se incorporó a las nuevas ediciones (un poco como ‘Into the Groove’ en ‘Like a Virgin’), y con razón: es la gran primera canción pop de melancolía sublime de Mylène, la primera de muchas que seguirían. Una combinación de pop electrónico de acordes menores con letras de abatimiento y desesperación que la artista llegaría a perfeccionar con la destreza de una cirujana: de aquí a ‘Désenchantée’ faltaban todavía unos años, pero Boutonnat y Farmer ya estaban sentando las bases de una de sus especialidades, el dramatismo envuelto en suave y triste pop, letra íntegramente de Mylène (“Adiós Tristana, tu corazón se ha enfriado / Dios baja los brazos / ¡Dejad que se vaya, dejad que muera!”).

El fin de la cara A llega con ‘Chloe’, cantada con voz de niña, a modo de macabra canción infantil sobre un ahogamiento, en el que Boutonnat quiso plasmar “la inocencia y a la vez la crueldad de la infancia”, y que temáticamente conecta con el comienzo de la cara B, pasando de la infantofobia a una mucho más interesante visión de lxs niñxs como seres sintientes, y capacitadxs para el amor. La inclusión de ‘Maman a tort’ en este primer álbum de Mylène es crucial: a fin de cuentas fue su primer single, y a pesar de datar de 1984, con la conveniente remezcla de Boutonnat suena totalmente integrada en el disco. Por no mencionar que se trata de uno de los más fascinantes sencillos de toda la década de los 80 franceses, una hipnótica combinación de electro-pop con sintes y bajo de música disco, y una letra enigmática y surrealista al estilo de un recitado infantil (“uno, mamá está equivocada / dos, es bonito el amor / tres, la enfermera llora / cuatro, la amo”). Ya en su edición original la canción fue controvertida, porque conforme avanza la letra Mylène canta con voz de niña/adolescente sobre sentirse atraída por la enfermera que la cuida mientras está internada en un hospital (“cinco, es mi derecho / seis, el tocarlo todo / uno, la enfermera canta / dos, eso me hace sentir cosas”). Con mención final en el delicioso estribillo en falsete a “me gusta lo que me prohíben, los placeres groseros / me gusta cuando me sonríe, amo a la enfermera, mamá”. Las connotaciones sáficas de la letra seguramente impidieron que fuese un éxito mayor en las radios, pero situaron a Mylène en el mapa con una canción que se considera precursora de las referencias a la homosexualidad en el pop francés.

La cara B culmina con tres canciones más: la estructura totalmente repetitiva -tres acordes en loop- de timbres metalicos de ‘We’ll Never Die’ es totalmente adictiva, casi proto-tecno (¡ese bajo!) pero con excitante melodía. ‘Greta’, dedicada a la Garbo, es el clásico ejemplo de canción lenta y atmosférica muy ochentas, casi se pueden oír las nieblas de hielo seco en esas reverbs catedralicias, frases sampleadas de la película ‘La mujer de las dos caras’, y sonidos ambientales. Mientras, Mylène canta a quien considera referencia artística e inspiración: “»Frances Farmer y Greta Garbo me inspiran respeto. Su coraje es inmenso. Son pioneras de una lucha, la del reconocimiento de las mujeres en el ámbito artístico. Tenían carácter, fueron insolentes, frágiles y no hacían concesiones”. Ni que decir tiene que de Frances (actriz trágicamente reprimida en los años 50 por el sistema) tomó Mylène su apellido artístico. La letra comienza con “divina, exquisita” y no baja el tono de adoración en ningún momento (“Greta ríe, y yo me sonrojo / Greta muere, y oigo a Dios llorar / Greta ama, divina infiel”), todo ello cantado con el timbre cristalino (divino, exquisito) de Mylène.

El final llega a lo grande con ‘Plus grandir’ con su letra añorante escrita por Mylène (“no crecer, no morir, no sufrir”) y hechuras de europop mainstream. Se entiende que fuese el single de adelanto, con ese estribillo con mucho gancho en una canción de pop que podría recordar al público a cantantes de la escena francesa como Corynne Charby o Véronique Jannot. Sin embargo presentaba ya elementos distintivos, propios de este excelente ‘Cendres de lune’: los sonidos sampleados a distintos tonos en la introducción (de nuevo el Fairlight), que reaparecerían en ‘Libertine’ y otros momentos del disco, o la temática muy personal y excéntrica, un adelanto de la nueva Mylène, la que pronto tomaría el control de las todas las letras y del manifiesto artístico-político de su propuesta, ofreciendo un nuevo personaje hasta en lo físico: un mes después del lanzamiento del álbum se tiñó el pelo de su célebre y ya eterno color rojo flamígero, forjando esa impactante identidad visual que la ha acompañado en todas estas décadas de éxito.

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