Música

Valeria Castro / el cuerpo después de todo

Que el ascenso de un artista ha sido «meteórico» es una hipérbole que nos encanta a los periodistas, y además en el caso de Valeria Castro, es falso. La cantautora -a pocos artistas les sigue encajando esta etiqueta tan bien como a la canaria- puede presumir de haber estado en estos últimos años nominada a los Grammy Latinos y a los Goya. De haber colaborado lo mismo con Pedro Guerra que con Viva Suecia, con Vetusta Morla o Tanxugueiras. Ha sido una de las privilegiadas que ha podido ir a divertirse a El Hormiguero, donde habló sobre cómo su música encandiló a Alejandro Sanz. Ha cambiado impresiones con uno de sus grandes referentes, Julieta Venegas.

Sin embargo, cada uno de estos hitos se ha dado de a poquito. Sin grandes titulares en la prensa ni escándalos en las redes sociales. Peldaño a peldaño y siempre gracias a la honestidad de sus composiciones.

Su segundo disco largo tras ‘con cariño y con cuidado‘, ‘el cuerpo después de todo’, cuenta con una colaboración de la siempre enorme Sílvia Pérez Cruz. Y ni la inconfundible voz de esta puede con el torbellino emocional que supone el álbum, que versa sobre el amor tóxico, sobre la dependencia y sobre el rechazo a nuestro propio cuerpo en la era de los filtros de Instagram.

El disco se presentó con ‘la soledad‘, una canción ambigua sobre la falta de compañía, enriquecida por un vídeo protagonizado por actrices de renombre como Macarena García o Bárbara Lennie, todas ellas solas en distintos emplazamientos de su vida cotidiana. Su progresión y contención, junto a los arreglos, constituyen la mejor canción de Valeria Castro hasta la fecha. «¿Cuánto me va a querer la soledad / Pa no soltarme?», se pregunta. La respuesta está en el resto del disco.

El tema del «cuerpo» va mucho más allá del corte homónimo. Esta palabra aparece en varias composiciones, reflexionando sobre cómo nos vemos a nosotros mismos o sobre cómo nos vemos afectados físicamente cuando sufrimos mal de amores. El tema más significativo es ‘tiene que ser más fácil’, en el que además de una referencia a Alejandro Sanz («corazón partido no se arregla buscando otra casa»), sobre todo hay un llamamiento a dejar de odiarnos cada vez que nos miramos en un espejo o en una foto: «tiene que ser más fácil el quererse / no puede el cuerpo ser tan cruel al verse».

Esto no le va a gustar nada a Björk, que se queja de que el público e incluso la crítica musical, abracen antes discos pasionales que los cerebrales, sobre todo si están hechos por mujeres, pero Valeria Castro, que antes rara vez había hablado de amor, tiene una voz idónea para este cometido. ‘honestamente’ derrite en su retrato de ese amor tóxico que sobrevuela casi todo el álbum. Estamos ante un portazo a alguien que nos hizo daño («ojalá que te vaya bonito / que yo esta historia no repito»), que tristemente se reserva el derecho a flaquear («quizás al verte, piense diferente»).

En esta canción, como en otras del álbum, hay que destacar los arreglos de viento diseñados por Dan Zlotnik, clarinetes, saxofonistas y así hasta una veintena de músicos -entre otros, Meritxell Neddermann-, que abrigan las composiciones en los momentos adecuados de manera más o menos lustrosa. ‘parecido a quererte’, la canción que abre la puerta a la esperanza con su conclusión «aprendí que hay quien sí me valora», es un momento un tanto Sonny & Cher; mientras el final de ‘debe ser’ es bastante mariachi, pues en parte el disco se ha grabado en Ciudad de México.

‘devota’, con sus momentos a capella y su percusión alternativa, es la producción más sorprendente bajo los mandos de Carles Campi Campón. Aunque aquí nada puede con la calidad compositiva de Valeria Castro tanto en las sencillas rimas como en las melodías. El pre-estribillo de la cumbia ‘sentimentalmente’ -tanto la parte «la cobardía de un amor que tú mismo no querías» como la parte «bien podrías también mirarme en horario de oficina»- huele a clásico del pop español.

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Publicado por
Sebas E. Alonso