Discos

Audrey Hobert / Who’s the Clown

Imagina que tu amiga de la infancia consigue su sueño de dedicarse a la música, escribes con ella algunas canciones para su disco de debut… y el debut acaba convirtiéndose en un superéxito internacional. Pues es lo que le pasó a Audrey Hobert, y la «amiga» es Gracie Abrams: Audrey escribió, entre otras, ‘That’s So True‘, que supera los mil millones de escuchas en Spotify. Realmente, ella había estudiado guion y, de hecho, estuvo trabajando en una serie de Nickelodeon creada por su padre, el también guionista Tim Hobert. Pero después de que Abrams lo petase, Hobert decidió intentar sacar su propia música, y este año ha salido su primer disco, de la mano de -nada más y nada menos- Universal.

Audrey Hobert tiene clara su respuesta cuando le preguntan sus referentes: Taylor Swift. No se retrotrae al pasado y ni siquiera complementa con otros nombres… pero es que es bastante evidente escuchando este ‘Who’s the Clown’. La Taylor Swift a la que se refiere no es tanto la de ‘folklore‘ y ‘evermore‘ sino la más popera, y, por fortuna, hablamos de la Taylor de ‘1989‘, ‘Red‘, ‘Reputation‘ o ‘Midnights‘, no la de los últimos dos discos. Tanto en la manera de cantar como en la composición se ve su huella, al igual que la de su amiga Abrams o la de coetáneas como Renée Rapp, Maisie Peters o, en sus mejores momentos, Chappell Roan. Porque lo que mejor parece dársele a Hobert en este primer trabajo es el retrato de sus inseguridades, de lo vergonzoso que parece personal y acaba siendo universal.

Ya que mencionamos a Taylor, es inevitable acordarse de la excelente ‘mirrorball’, pues lo que ella describía al abrirse en esa canción, en la que reconocía que podía «cambiar todo de sí misma para encajar», es lo que vemos en el disco de Audrey Hobert. En ‘Thirst Trap’, por ejemplo, canta “I listen to my playlist and pretend I’m you / Look at what I post and then pretend I’m you” (¿suena familiar?). Y en otra frase, “I’m sick and twisted and borin’ / but all yours, so let me adore you”, Hobert ya se arrastra… justo antes de que el club Saxos Irresistibles del Pop Reciente, al que pertenece, por ejemplo, ‘Last Friday Night (T.G.I.F.)‘ de Katy Perry, admita un nuevo miembro.

“When they talk, I go snore / but to them, I’m begging more / cause I grew up with a people-pleasing mother”, cuenta Hobert en la inicial ‘I like to touch people’ -que sienta ya las bases-, mientras esa idea de “quiero que me quieran” está por todas partes en el single ‘Sue Me’, que deja para la posteridad la frase “fucking your ex is iconic”, con una producción que recuerda -por momentos- al ‘Lost In My Bedroom

‘ de Sky Ferreira.

De hecho, la producción de la primera mitad de este disco, elaborada mano a mano con Ricky Gourmet, colaborador de FINNEAS, es otro acierto, como vemos también en ‘Bowling alley’, que habla sobre sentir que realmente sobras en los grupos, que te inviten y aún así no sepas si realmente quieren que vayas o es por cumplir (por cierto, esta es, por inaudito que parezca, la canción del verano para Ethel Cain).

Comenta Hobert que “mientras escribía estas canciones, a veces me venía el pensamiento de una frase, la frase me hacía gracia e, inmediatamente, me preguntaba no ya si el chiste iba a funcionar, sino la gente lo iba a entender, y poco después decidí que iba dejar de preguntármelo, porque creo que cuando las canciones pinchan es cuando te preguntas si la gente lo va a pillar”. Probablemente tenga razón, pero no le habría venido mal una segunda revisión a este trabajo, porque, exceptuando la genial ‘Sex and the city’, la segunda mitad de este disco es bastante inferior a la primera.

Destacan un poco ‘Chateau’, sobre el falserío en la industria y escrita el día siguiente a la afterparty de los Grammy, o el synth-pop de ‘Shooting Star’. Pero quizás en este tramo Hobert deposita demasiado peso sobre sus letras y descuida la composición en sí. Por ejemplo ‘Phoebe’, que no va sobre Bridgers sino sobre la de ‘Friends’, podría funcionar mucho mejor si no hubiésemos visto los mismos trucos varias veces en el disco.

Quizás ‘Don’t go back to his ass’, pese a ser bastante inofensiva, brilla más precisamente porque es eficaz en su sencillez. En cualquier caso, Hobert suena en sus mejores momentos como alguien a tener bastante en cuenta, con un debut mejor que el de Gracie Abrams y (habrá quien diga que está mal decir esto, pero lo voy a decir) prometiendo bastante más a nivel artístico que esta.

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Publicado por
Pablo Tocino