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Rose Byrne arrasa con todo en la agobiante ‘Si pudiera, te daría una patada’

La segunda película de Mary Bronstein, y su primera desde la desconocida y muy indie ‘Yeast’ (2008), es un asfixiante acercamiento a la maternidad en el que Rose Byrne, ganadora del Oso de Plata en la Berlinale a la mejor actuación protagonista y del Globo de Oro a mejor actriz en una comedia (¡ja, ja!), se apodera de todos y cada uno de sus 113 minutos de metraje.

Interpreta a Linda, psicóloga y madre de una niña preadolescente enferma, que está absolutamente desbordada ante las responsabilidades a las que tiene que atender ella sola, ya que su marido está siempre ausente, bien por motivos laborales o simplemente por no querer hacerse cargo de los problemas de su familia. Por si fuera poco, el techo de su apartamento, de repente, se viene abajo, formando un gigantesco agujero y obligándolas a abandonar su casa temporalmente y a vivir en un motel mientras lo arreglan.

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La situación de la protagonista ya es crítica sobre el papel, pero además, la cineasta utiliza todos los recursos narrativos que están en su mano para atrapar al espectador en el abismo al que se enfrentan las madres por sacar adelante a sus hijos y a ellas mismas. Bronstein, muy premeditadamente, no quiere dar demasiados detalles externos: sabemos que la hija padece de una enfermedad y que está en estado grave, pero nunca se nombra qué es exactamente (aunque a lo largo de la película uno pueda llegar a sacar sus propias conclusiones sobre de qué se trata). Tampoco muestra su cara. Es el personaje de Byrne quien acapara todos los planos de la película. Es ella sola contra el mundo.

Esta visión oscura y fea de la maternidad es lo que hace que la película resulte original, pero también hace que esos sentimientos negativos opaquen todo lo demás. No hay ni respiro, ni un ápice de esperanza. Bronstein crea un pozo sin fondo de angustia que, aunque por momentos efectivo, ahoga al espectador hasta dejarlo sin aire. Los toques de humor negro buscan cierto alivio cómico, pero no son suficientes ni lo bastante divertidos como para hacer que realmente funcionen. Lo más admirable de la puesta en escena de la cineasta es su rigurosidad, su habilidad para sostener un concepto visual arriesgado y exprimirlo al máximo, haciendo que incluso metáforas que pudieran parecer demasiado obvias (el agujero en el techo en relación con el agujero en el estómago de la hija y el derrumbamiento de la vida de Linda) funcionen.

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Pero lo que destaca por encima de todo de ‘Si pudiera, te daría una patada’ y por lo que se recordará, más que su intensa narrativa visual, es por una Rose Byrne que se entrega plenamente a un papel de enorme exigencia. Linda está siempre al borde de un ataque de nervios, hasta el punto de estar perdiendo la cabeza y su noción de la realidad. Su moralidad se ve puesta a prueba en incontables ocasiones, así como su instinto maternal, pero prevalece por encima de todo la ternura y sinceridad con la que la actriz la interpreta. Cada una de sus miradas agotadas expresan las complejidades y contradicciones de un personaje profundamente humano.

‘Si pudiera, te daría una patada’ expone que nunca hay que dar por sentada la entrega y el sacrificio de una madre. Su amor incondicional por salvar a una hija de un destino trágico mueve montañas, pero a veces el cuerpo no da más de sí. A veces, parece que todo alrededor de una es un inmenso agujero negro, y es ahí donde Bronstein quiere que el espectador se quede: engullido por la oscuridad, vislumbrando un lejano punto de luz y arrastrándose hacia él para no quedarse sin oxígeno.

Rosalía / LUX

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