Conocimos a Hemlocke Springs en 2022 gracias a su hit viral ‘Girlfriend‘, donde la cantante de Carolina del Norte sonaba como una reencarnación de la primera Marina and the Diamonds. Las excentricidades de su propuesta artística -su expresiva manera de interpretar, sus coloridas producciones, sus verbosas letras- la hicieron destacar en el underground, ganándose el beneplácito de artistas como Chappell Roan o Doja Cat, que se la han llevado de gira, y más recientemente de Doechii.
También Sabrina Carpenter -que la sigue en Instagram- se cuenta entre las fans de esta artista, cuyo nombre real es Isimeme Udu, pero que ha elegido presentarse en la música con un alias que parece el de un personaje de cuento. Tiene sentido, porque sus narrativas y metáforas no son las típicas del pop y lo cierto es que hay mucho de personaje en su propuesta, de identidad exagerada. Se percibe en su forma de cantar, entregada a extremos casi caricaturescos, o en sus alucinados videoclips.
Tiene sentido, por tanto, que Hemlocke Springs decida debutar con un álbum conceptual basado en su propia vida, con un fuerte trasfondo espiritual. Udu nació de padres nigerianos emigrados a Estados Unidos, cristianos devotos, y se crio en un “hogar extremadamente religioso”. ‘The Apple Tree Under the Sea’ es su apuesta por liberarse de las ataduras impuestas por ese entorno y ganar autonomía e independencia. Por eso el álbum empieza con el mantra de ‘The Apple Tree’, donde Hemlocke anuncia una aventura hacia lo desconocido, y al final sale tan renovada que en ‘Be the Girl’ los sintetizadores y ritmos remiten directamente a la Robyn más exultante.
Quizá solo Hemlocke Springs podría haber escrito un disco donde alterna su querencia por el pop sintético de los 80 y la teatralidad melódica de Kate Bush con letras que referencian a El Shaddai, el término judaico para Dios, o a los matrimonios concertados, como ocurre en la industrial y originalísima ‘W-w-w-w-w-‘, inspirada en un documental que narra el matrimonio de un hombre de 73 años con una adolescente de 17. «Preferiría quitarme la vida antes que tener que mirarte a los ojos y decir que quiero tu amor», proclama la artista.
En otros momentos, las letras también se vinculan a lo queer, como en ‘The Beginning of the End’, donde Hemlocke reconoce anhelar el amor de chicos y chicas por igual, aunque en general pueden llegar a ser tan rebuscadas como en ‘Heads, Shoulders, Knees and Ankles’, una producción delirante de entrada, halloweenesca en el sentido «dibujo animado» del término, con frases como «the tenebrous festered corners of your bed», casi propias de Joanna Newsom. A ese territorio nos lleva también el dramático synthpop de ‘Sever the Blight’, editada hace ya tres años.
Hemlocke brilla en su debut especialmente como compositora de canciones «over the top» y densamente producidas, algo de lo que da buena cuenta en este disco, además de mostrarse muy original en la ejecución de sus ideas, asistida por el co-productor BURNS, conocido por su trabajo con Lady Gaga. Siendo una artista completamente independiente, tiene especial mérito que escriba canciones tan pop y logre diferenciarse en una industria alérgica al riesgo.
Aunque, si se puede decir algo negativo de ‘The Apple Tree Under the Sea’ -aparte de que su portada es mejorable- es que termina adoleciendo del típico problema de los debuts que intentan abarcar demasiadas ideas a la vez, lo que resulta en una obra que no siempre encuentra el mejor equilibrio entre todos sus elementos.
Ya sea por la densidad de la instrumentación o por lo forzado de algunos cambios internos de estilo, canciones como ‘The Beginning of the End’ -a medio camino entre el pop electrónico y el rock emo- o esa ‘Moses’ que parece una Mylène Farmer pasada de ácido no acaban de dar en la diana compositiva y resultan excesivamente barrocas. Tampoco se entiende que la parte final de ‘Heads, Shoulders, Knees and Ankles’ no sea una pista separada, ya que parece pertenecer a una canción completamente distinta.
Los mejores momentos de ‘The Apple Tree Under the Sea’ se parecen a ‘Girlfriend’ en tanto que logran ese equilibrio sin que parezca buscado, algo muy evidente en singles como ‘Sever the Blight’ y en sorpresas como el R&B de gominola de ‘Set Me Free’ -la más sexual del conjunto- o, sobre todo, en ‘Sense (Is)’, donde Hemlocke pone en práctica su afición a los cambios de acorde, pero dentro de una canción que gana precisamente porque no se complica demasiado. Es además muy simbólico que en esta canción cante que se ha equivocado de camino y ha llegado a Hollywood. De alguna manera nos está diciendo que se ha hecho famosa casi sin querer, pero siempre en sus propios términos.
