Dice Maria Arnal con mucha razón que el pop tiende a presentarse masticado, lo más simplificado posible. ‘AMA’, su debut en solitario, encierra varios méritos, pero quizá el mayor sea cómo condensa o da apariencia sencilla a un trabajo de experimentación y ejecución realmente complejo, buscando ser pop ante todo. Y lo es -no dura ni media hora-, pero sus capas son muchas.
La síntesis es clave en ‘AMA’, un disco que va al grano. El trabajo de edición ha debido de ser hercúleo, como el de composición y grabación, donde Arnal se sirve de sus voces -físicas y sintéticas- para construir canciones pop basadas en polifonías vocales que combina con arreglos electrónicos igualmente diversos, inspirados en una amalgama de sonidos y estilos.
Todo arreglo tiene sentido, como las percusiones metalúrgicas de ‘AMA‘, una oda a la valentía y al riesgo; sin miedo a resultar incómoda, puede resumir la tesis del disco o la propia filosofía de la artista. La originalidad de la música no riñe con lo accesible, como demuestra la rítmica ‘Pellizco’, que usa portazos inspirados en la música concreta, o ‘Carta’, de concepto pastoril, que emplea silbidos de pájaros y, de nuevo, polifonías como base, además de teclados.
Saltando hacia atrás, hacia el Renacimiento, Arnal se saca de la manga un ‘Madrigal’ tecno, impresionante, quizá la pieza central del disco, protagonizada por una chica que vuelve a casa tras una noche de fiesta escuchando música en sus cascos.
La canción transmite el “estado interior” de su personaje y, por ende, de Maria Arnal, un estado interior del que emanan los diversos significados de este disco de título polisémico. ‘AMA’ como persona que ama, pero también como quien se sitúa al mando de su arte, incluidas sus propias voces sintéticas trabajadas con inteligencia artificial; “ama”, asimismo, como homenaje a las mujeres de su vida, ya sean de su familia o de una genealogía de artistas que la han inspirado y que, como ella, han explorado las dimensiones de la voz (Fátima Miranda, Björk, Holly Herndon). Todo ello queda atado por un trasfondo personal: una prima que falleció de VIH a los 15 años, a quien dedica el disco y cuyo nombre responde a las siglas de “AMA”.
‘AMA’ es, por tanto y sin duda, un disco tremendamente rico en muchos sentidos, una riqueza a la que han contribuido los productores Pau Riutort y Alizzz, aportando ideas desde un segundo plano. El principal reto, por tanto, para Maria Arnal era trasladar este material, con tanto peso musical y emocional, a un público como mínimo nuevo o diferente al que la encumbró junto a Marcel Bagés
; expandir su figura para hablar claro. Arnal logra que el disco sea pop, aunque quizá formalmente el estilo academicista de las melodías no deja tanto espacio al error o a la vulnerabilidad, lo que impide cierta conexión.Esto se hace evidente, por ejemplo, en el juego silábico de las letras (“voy a saltar-tar-tar”, “toco-co maderita-ta”, “no temerle a na-da-da”), que no es casual, sino que busca recrear el habla infantil, conectando las canciones con un sentimiento inocente («AMA» es, también, la primera palabra que pronuncia un bebé). La idea funciona, porque además Arnal nos ofrece “hooks” pop clarísimos y estupendos; sin embargo, hay un formalismo técnico que se siente, si esto es posible, demasiado perfecto, demasiado bien hecho. La ironía de un disco que habla de arriesgar y adentrarse en lo desconocido.
Esta idea se aprecia también en las composiciones en sí, ya que, por ejemplo, ‘Carta’, ‘Ama’ o ‘Madrigal’ beben claramente de la técnica vocal tradicional europea y contemporánea por la que es conocida Maria Arnal, y mantienen la voz siempre limpia, en su sitio. Esto, junto al peso conceptual de las canciones y el de la producción, consigue que las composiciones parezcan excesivamente cerebrales y encerradas en la tradición, aunque estéticamente se acerquen a la vanguardia.
No todas las piezas de ‘AMA’ provocan admiración más que escalofríos. ‘Que me quiten’, que incorpora influencias de la copla en su segunda mitad, es probablemente la mejor canción del disco por el equilibrio que logra entre concepto y accesibilidad emocional; ‘Por tus penas’ se apoya en una melodía más desgarrada incluso, resultando sobrecogedora, y ‘Tictac‘ juega con esa faceta infantil de forma muy divertida, mientras la letra vuelve sobre esa inocencia, imaginando un renacer.
Dudo que el objetivo de Arnal haya sido crear una obra musical que apreciar, admirar… y ya está. Y sí, es un disco que gana cuando se explica, porque en este caso hay mucho que desentrañar. Pero, aunque se percibe cierta contención emocional en ‘AMA’ -probablemente fruto de ese formalismo-, Arnal lo compensa de otra manera, ofreciendo una inventiva y una originalidad musical deslumbrantes. El resultado es un álbum que es un espectáculo sensorial, y me atrevo a decir que es una obra absolutamente única, también.