Hay álbumes que marcan automáticamente la trayectoria de un artista, que recogen todo lo que había sembrado hasta ese momento y entregan un pack completo de su talento a gran escala. Es el caso de ‘WOR$T GIRL IN AMERICA’, el tercer largo de Slayyyter (cuarto si contamos su estupenda mixtape homónima), un trabajo realizado en ese estado de gracia al que solo se accede cuando se alinean los astros.
Tras muchos años de luchar por su sueño de ser una estrella del pop, de dejar la universidad y su puesto de recepcionista en una peluquería en St. Luis para mudarse a Los Ángeles, de conseguir cierto estatus online, de depresiones e inseguridades, ya está. Catherine Slater lo ha conseguido.
‘WOR$T GIRL IN AMERICA’ iba a ser su último álbum. Después de él, estaba preparada para abandonar la música para siempre. Pero parece que ha habido un cambio de planes, ya que estamos ante un disco que muchas divas pop soñarían con firmar. Como suele ser habitual en este tipo de casos, está hecho desde un lugar personal y libre, sin intentar complacer a nadie. Es oscuro, industrial y ruidoso, pero también melódico, pegadizo y seriamente adictivo.
A un lado queda el glamour femme fatale de ‘STARFUCKER’, aquí todo se vuelve caótico y sucio. Es una fiesta salvaje con armas, sexo y drogas (una estética muy ‘Spring Breakers’), que comienza por todo lo alto y no da respiro hasta el mismísimo final. Todo es un arsenal de artillería pesada. Los espectaculares cinco primeros sencillos (las cinco primeras pistas del álbum) dejaban el listón tan alto que parecía imposible que la cara B fuera a sostenerse. Pero lo hace más que sobradamente.
‘DANCE…’ inaugura el proyecto con honores, con un bajo y unos sintetizadores abrasivos que invitan a perderse en la pista de baile toda la noche. Más agresiva es ‘BEAT UP CHANEL$’, un pelotazo electroclash que hace que la más que sobada temática de “I want sex, money, bitches and weed” suene fresca y divertidísima. En ‘CANNIBALISM!’, Slayyyter encuentra un punto de unión perfecto entre el post-punk y el pop, dando lugar a un sonido que nadie está haciendo ahora mismo.
El beat machacón y las guitarras sucias de la genial ‘OLD TECHNOLOGY’ nos llevan a un estado de nihilismo y hedonismo total (“I hope I die tonight/ I’m doing drugs tonight”). Esta actitud de pasar de todo y entregarse por completo al disfrute aparece también en ‘CRANK’, una especie de hip hop industrial lleno de pasión y furia, atravesado por una producción ruidosa y eléctrica. El carisma de la artista brilla en frases tan divertidas y absurdas como “I get so gay off that tequila” o “Richard, we should link later” (gran guiño al cineasta de ‘Dazed and Confused’).
Pero no todo es tan enrabietado. También hay momentos de vulnerabilidad que resultan imprescindibles para redondear el álbum, aportando profundidad dentro de su fascinante universo fiestero y white trash. ‘GAS STATION’ es un trallazo pop, gracias a una digitalizada melodía de teclado y a un beat que sube pulsaciones. La canción tiene doble sentido. Por un lado, está escrita tras una ruptura, sobre el sentimiento de desolación que deja acabar una relación de pareja; y por otro, está inspirada en cuando su padre (con quien tiene una relación complicada) de pequeña la dejó tirada en una gasolinera después de una discusión. ‘UNKNOWN LOVERZ’ muestra también la parte más emocional de la cantante, y la igualmente melódica ‘BRITTANY MURPHY ‘, con la que cierra el álbum, habla sobre su legado (no artístico, sino personal) y sobre sus múltiples inseguridades pese a la seguridad que transmite su imagen.
Pero en la segunda parte del disco no se ablanda, y sigue habiendo experimentos que, como hacía ‘CRANK’, abrazan al completo los sonidos industriales. Uno de ellos es ‘YES GODDD’, un atrevido cóctel de hip hop, techno y electropop, donde Slayyyter grita encima de sintetizadores agresivos. Otro es ‘$T. LOSER’, otra locura de energía grunge y alma pop que es tan imprevisible como estimulante, con una de sus mejores y más versátiles interpretaciones vocales. La muy adictiva ‘OLD FLING$’ se mueve entre una producción de textura granulada y el pop melódico. Mientras que ‘I’M ACTUALLY KINDA FAMOUS’ es toda una fiesta llena de ironía y chulería que explota, a base de repetición, en su último minuto.
Hay tanto que rascar en ‘WOR$T GIRL IN AMERICA’ que abruma. No hay ni un solo momento de desfallecimiento en una secuencia que funciona como un tiro de pura adrenalina. Es un despliegue de maestría pop sin edulcorantes, anclado a una realidad sucia y caótica, que lleva la etiqueta de “disco de culto” escrita de principio a fin. Slayyyter ha entregado un álbum que reinventa lo que es y puede ser la música pop.