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Pipiolas / Pipiolas

Que Pipiolas “a veces parecen las tapadas del pop español” y deberían ser “más famosas” lo habéis expresado los lectores de este medio en los comentarios, y estamos de acuerdo: Elefant parece tener con Adriana Ubani y Paula Reyes uno de esos diamantes en bruto que pueden estallar en cualquier momento. Su segundo disco las encamina claramente hacia esa dirección, sirviendo de puente entre el debut y lo que esperamos que venga después.

No en vano, el segundo disco de Pipiolas es homónimo, lo cual todos sabemos que simboliza una especie de reintroducción. En Pipiolas, Adriana y Paula refuerzan el componente ochentero del debut con una dosis de ironía camp y exquisitez melódica que les hace dar un claro paso al frente. Después, en la segunda mitad, la vuelta de las guitarras -sin rastro de twee-pop- también ofrece sorpresas.

A nadie le puede sorprender que Pipiolas hayan colaborado con Rigoberta Bandini. Espiritualmente, las propuestas musicales de Rigoberta y Pipiolas coinciden, sobre todo en la influencia del pop italiano de los ochenta, pero Pipiolas se diferencian apostando doblemente por las programaciones electrónicas y sintetizadores de sabor analógico, y también por sus armonías vocales, mientras sus letras resultan inusuales por su cotidianidad, pero también por sus potenciales segundas lecturas.

El single ‘No tocar‘ es representativo, en tanto que detrás de su evidente humor irónico y de la estética fitness ochentera de la música se esconde una amarga reflexión sobre el abuso sexual y psicológico de ciertos hombres, del cual Pipiolas intentan huir a través de esta producción de corte hedonista y aeróbico: puro plástico ochentero.

Precisamente, la influencia del italo disco y el hi-NRG de los ochenta marca los singles estrella del álbum, como la madonnesca ‘Nanana

‘ o, sobre todo, la autoafirmativa ‘Soy una estrella’, una brillante adaptación de ‘Sarà perché ti amo‘ de Ricchi e Poveri, aunque también cortes menores como ‘Hasta donde se pudo’, con esas baterías electrónicas tan marcadas. ‘Ahora que…’ son ya palabras mayores, mirándose, sin que les tiemble el pulso, en la melodía de ABBA y, sobre todo, Mecano, a los que recuerdan en el pegajoso estribillo.

El resto del disco no sigue la línea engañosamente seria de ‘No tocar’, pero algunas letras sí parecen describir perfiles romántico-sexuales potencialmente tóxicos como el que aparece en ese tema, por ejemplo en ‘Poemas’ (que combina imágenes de eros y dibujitos con condones usados y rayas de coca) y, sobre todo, el melancólico girl group de ‘Menores’, que parece aludir a un cantante con gusto por chicas jóvenes que ha sido cancelado, en un tema que resulta demasiado breve. ‘Feria Cañete’ cierra el álbum con un ánimo victorioso cuando, entre guitarras de estilo post-punk y jangle, describe la superación de una ruptura que se siente tan excitante como el “primer beso”.

O quizá leemos demasiado en las intenciones de Pipiolas, que en este segundo álbum sobre todo crecen como compositoras de pop sintético, poniendo sus influencias siempre en primera plana, incluso convirtiendo la melodía -ya un cliché del pop- de ‘My Favorite Things’, de Julie Andrews, en la introducción del álbum. Puro camp, de nuevo, igual que todas esas imágenes promocionales en las que Pipiolas posan con gigantes máscaras, convertidas en caricaturas de sí mismas.

Esta ironía está presente en letras como la de ‘Ay, querida’, donde Adriana y Paula entonan la frase “que cante sobre ello no significa que me importe”, mientras efectivamente cantan sobre ello. Recuerda a cuando los lectores de un medio comentan lo poco que les importa una noticia que ellos mismos están comentando.

Quizá la mayor victoria del álbum es su sucesión de temas reseñables por una razón u otra: precisamente ‘Ay, querida’ destaca a la fuerza por ser una excursión cumbiera, aunque la canción no sea la mejor del disco. Simplemente hay que lamentar que canciones con tantísimo potencial como ‘Finita la commedia’ duren tan poco, pareciendo inacabadas, mientras otras como el indie-pop ‘Mi amiga’ -una bonita oda a la amistad- estén más desarrolladas sin sonar tanto a single. No sé si tenemos a las nuevas Baccara, pero este segundo disco confirma que nos quedan Pipiolas para rato.

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Publicado por
Jordi Bardají
Tags: pipiolas