“¿Por qué ha desaparecido el placer de la lentitud?”, se preguntaba una voz desconocida en ‘Slowness’, uno de los temas incluidos en el EP de debut de la cantante y compositora estadounidense Ana Roxanne. El EP ‘~~~‘ se movía entre el ambient, el field recording y el pop de cámara más etéreo, dando a conocer a una artista que apostaba por la quietud casi extrema en un mundo que va demasiado rápido.
El EP se editó en 2015, pero pasó desapercibido -Roxanne simplemente lo distribuyó entre sus amigos, de forma independiente- hasta que en 2019 fue reeditado por Leaving Records, y el algoritmo decidió favorecer la hipnótica y brillante ‘I’m a Sparkling Woman’, una de las canciones de Roxanne donde su voz suena de manera más prominente.
Roxanne posee una voz pura y cristalina, pero aunque estaba presente en su debut oficial de 2020 ‘Because of a Flower‘, no era protagonista. El disco volvía a ser una bella investigación de ambient celestial, piano etéreo y música minimalista, con puntuales destellos electrónicos y spoken words que invitaban a la meditación y la relajación.
El paso adelante que supone ‘Poem I’ es evidente. Su voz se sitúa en primer plano, las melodías están más desarrolladas desde un enfoque pop, las letras no se esconden detrás de su propio misterio y las canciones sencillamente buscan una accesibilidad donde antes preferían ocultarse. Eso sí, la lentitud sigue siendo central en la propuesta de Ana Roxanne, aunque el nuevo enfoque pop abre su propuesta a diferentes direcciones.
Las composiciones denotan que Roxanne claramente ha perdido el miedo a mostrarse en todo su esplendor y que, por tanto, ha ganado confianza como compositora. Así lo sugiere la intrigante pieza inicial, ‘The Age of Innocence’, donde, acompañada de tensas cuerdas, canta que quería abandonar su casa y “viajar muy lejos”. ‘Keepsake’ es una de las preciosas composiciones pianísticas contenidas en el álbum, dedicada a la memoria (“no te puedo alcanzar, me conformaré con el recuerdo”), e igualmente el siseo de la grabación es perfectamente audible en la melancólica ‘Berceuse in A-flat Minor’, Op. 45, una “nana”, como sugiere su título en francés.
El enfoque de “cámara” no es nuevo en la discografía de Roxanne, pero quizá nunca se había llevado tan lejos como en ‘Untitled II’, que, siendo la pista central del álbum y también la más larga, es una balada slowcore en toda regla. Aquí quizá es donde el paso a una forma más pop logra diluir ligeramente la personalidad de Roxanne, que, si en el pasado se definió por su tono puro, aquí se permite intoxicarse de puro dream pop a lo Badalamenti: ‘Atonement’ suena como si buscara una canción de Julee Cruise, pero sin encontrarla.
El segundo álbum oficial de Ana Roxanne no solo supone una evolución artística, sino que transmite una curiosidad y libertad musicales que se reflejan en arreglos y composiciones sorprendentes. En ese sentido hay que destacar el taciturno arreglo coral de ‘Cover Me’ -que no es una versión de Björk- y, sobre todo, ‘One Shall Sleep’, donde Roxanne ya da rienda suelta a su faceta más sintetizada y orquestal, transformando un famoso lied de Schumann en un viaje emocional de tamaño banda sonora. Lenta, eso sí.
