Proliferan los discos que por un lado buscan cierta espiritualidad (Rigoberta, Rosalía, Refree con Niño de Elche), y también los que cuestionan de una u otra manera los tempos actuales y las exigencias de la industria musical (Pipiolas, Cariño). En su estilo, el segundo álbum de Leo Rizzi es místico, se esfuerza por resultar profundo y sobre todo auténtico. Su single principal recibe un nombre tan gráfico como ‘Puro’. Pocas palabras tan cortas suenan tan cargadas de intenciones y significado, sobre todo en un ámbito como el musical.
Leo Rizzi explica que no se siente cercano a la corriente neocatólica o de imaginería cristiana. Que ha leído la obra del filósofo Byung-Chul Han -de ahí viene el nombre del álbum, ‘La belleza de las flores’- y de lo que habla aquí es de buscar una tradición y una tierra «alejada del consumo y de la producción».
En la canción ‘Fe’ ha contado con Manu Om, un cantante ligado al canto devocional y a los mantras, un tema que dice algo así como «soy un bobo, yo sé / pero siempre guardo la fe en mis sentidos». Y que al final concluye con un canto a Hanuman, un dios hindú. A continuación, aparece la mejor composición del álbum, de título tan grave como ‘Aquí nadie se puede morir’.
‘La belleza de las flores’ es un álbum reflexivo en el que Leo Rizzi se recrea en la música como forma de supervivencia. No solo por su poder curador -y estas canciones inspiradas en el folk, el rock progresivo y la psicodelia lo tienen- sino porque los textos apelan a aquellos que han querido destruirle. ‘Aquí no se puede morir’ junto a Santi Balmes es una canción bellísima en la que recuerda que, aunque alguien se propusiera acabar con él (como sucedió en la industria), siempre sobrevivirán sus canciones. Esa es la idea tras frases como «nadie puede amenazarme» o simplemente «aquí nadie se puede morir». Otro de los temas, ‘Cruz invisible’, también dice algo parecido: «por más que a mí me entierren, siempre estaremos vivos».
Si en algún momento este segundo disco de Leo Rizzi peca de ser intenso de más, tal sensación se desenreda con una serie de canciones más pop que no por casualidad están desplegadas muy hábilmente por toda la secuencia.
Tenemos la pegadiza ‘Nueva Era’, tenemos ‘Año nuclear’ una vez pasadas ‘Fe’ y «Aquí», y también los «paparapapás» de ‘Velita’. Para los últimos instantes del álbum se han reservado los singles ‘Halo’ junto a Violeta y el pop-rock épico de ‘Choque’. Aunque nada como la «Samba» que aparecerá como «bonus track» o «pista fantasma» en la edición vinilo. Ahí sí que Leo Rizzi se sacude las penas que haya podido tener en los últimos años.