Cine

‘El drama’: Kristoffer Borgli se consagra como el rey del cringe

Hace cuatro años, el guionista y director noruego Kristoffer Borgli dejó a medio Cannes con el culo torcido gracias a la negrísima ‘Sick of Myself’ (2022). Entre quienes quedaron fascinados con la película estaba Ari Aster. El director de ‘Beau tiene miedo’ lo apadrinó como productor en su desembarco en A24. Su debut en Hollywood cumplió con las expectativas generadas: ‘Dream Scenario’ (2023) era una sátira enormemente singular y sugerente sobre la viralidad, la cultura de la cancelación y el narcisismo contemporáneo.

Sin embargo, sobre aquella película planeaba constantemente la sombra de Charlie Kaufman. Su mezcla de surrealismo kafkiano y angustia existencial remitía inevitablemente al autor de ‘Estoy pensando en dejarlo’ (2020), hasta el punto de que podía percibirse más como una brillante variación de ese imaginario que como el resultado de una mirada plenamente personal.

Con ‘El drama’, también producida por A24 (y de nuevo con Ari Aster como padrino en la sombra), Borgli parece haber alcanzado otro nivel. Por un lado, ha logrado atraer a dos grandes estrellas de Hollywood como Zendaya y Robert Pattinson (ambos excelentes), señal inequívoca de que ya no es únicamente una promesa del circuito indie, sino un autor con capacidad para sacar adelante proyectos de alto perfil dentro de la industria estadounidense.

Por otro, la película confirma una personalidad mucho más reconocible y propia. Siguen presentes la sátira social, la crueldad emocional y el humor incómodo que definían sus trabajos anteriores, con ecos de Ruben Östlund

o Yorgos Lanthimos, pero ahora aparecen articulados a través de una voz menos dependiente de referentes externos (por mucho que haga guiños a Louis Malle o Bergman) y mucho más segura de sí misma.

‘El drama’ funciona muy bien como anticomedia romántica. A través de la pregunta “¿Conocemos realmente a nuestra pareja?”, Borgli retuerce progresivamente los códigos clásicos del género, en su vertiente romance con bodorrio que deriva en apocalipsis nupcial, hasta transformarlos en una inquietante y negrísima comedia dramática sobre la obsesión, la paranoia afectiva y la imposibilidad de acceder por completo a la intimidad del otro.

La puesta en escena refuerza constantemente esa deriva psicológica. Mediante un montaje especialmente juguetón con la temporalidad, Borgli combina con enorme habilidad y de forma muy divertida lo real con lo imaginado, aquello que el personaje de Pattinson proyecta sobre su prometida. Palabras, recuerdos o pequeños gestos cotidianos adquieren así una dimensión casi paranoica, como si cualquier detalle pudiera esconder una amenaza futura.

De ese choque entre romanticismo y paranoia, entre el amor y sus límites, nace el humor de la película. Borgli confirma así su talento para extraer incomodidad y comicidad de las miserias emocionales de la vida contemporánea, consolidándose como el gran rey actual de la sátira cringe.

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Publicado por
Joric