‘Estoy pensando en dejarlo’, la película más arriesgada de Charlie Kaufman

Por | 27 Sep 20, 11:13

Charlie Kaufman, guionista de películas tan icónicas como ‘Olvídate de mí’ o ‘Cómo ser John Malkovich’ debutó en la dirección con ‘Synecdoche, New York’ hace ya doce años, y hasta ahora su filmografía solo consistía en aquella y ‘Anomalisa’, la galardonada cinta de animación para adultos con la que llegó a conseguir una nominación al Oscar. El siguiente paso en su carrera ha venido de la mano de Netflix -que ha decidido ahorrarse el circuito de festivales de otoño y lanzarla directamente a su plataforma- con ‘Estoy pensando en dejarlo’, adaptación de la novela homónima que Ian Reid publicó en 2016. Pero pese a no partir de una idea propia, el sello de Kaufman está impreso desde el primer fotograma.

La trama gira en torno a una mujer de unos treinta años aproximadamente que, aunque tiene pensado dejarlo con su novio Jake -con el que lleva solo siete semanas-, accede a conocer a los padres de este en una cena en su casa. El director neoyorquino comienza con una larga escena en un coche en la que se entremezclan los pensamientos de ella con diálogos con su novio, que conduce por una carretera nevada. Esto, además de ser una gran presentación de personajes también es toda una declaración de intenciones (de ritmo y de estilo narrativo). Sin embargo, y a pesar de que pueda dar la impresión de que la secuencia se está alargando de más, Kaufman dispone de los recursos suficientes para conseguir que te adentres en la psique de su antiheroína. Mediante un uso más que acertado del 4:3 (formato cuadrado), la película, casi sin que te des cuenta, te acorrala, te asfixia. La sensación de tristeza y soledad que inunda la pantalla es absoluta, reforzada por la deprimente paleta de colores del siempre brillante Lukasz Zal (director de fotografía de ‘Ida’ y ‘Cold War’) y por un empleo excelente de las localizaciones. Cada lugar filmado adquiere una atmósfera extraña y claustrofóbica, así como la nieve y su sonido, convertida en un personaje fundamental.

La película, como todo el cine de Kaufman, es enrevesada y chocante, y coquetea con el surrealismo tanto o más que cualquiera de sus obras anteriores. Es un viaje psicológico, o más bien psicótico, en el que se nos presentan reflexiones sobre la identidad, el paso del tiempo, la memoria y, por supuesto, la soledad. No es tanto una búsqueda de respuestas, sino dialogar con el espectador basándose en las preguntas que los filósofos han tratado de responder durante toda la historia de la humanidad: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Para ello, en ocasiones recurre a referentes culturales, libros y películas que sirven como punto de partida para que los personajes comiencen a divagar sobre estos temas. El ejemplo más simbólico de esto es una larguísima conversación sobre ‘Una mujer bajo la influencia’ de John Casavettes, en la que se analiza su visión a la hora de tratar el alcoholismo, y también se examina con detalle la mítica interpretación de Gena Rowlands.

‘Estoy pensando en dejarlo’, aun con sus diálogos agudos y su humor negrísimo y enrarecido característico, es una película profundamente triste y taciturna, que amplía el universo existencialista de su director. Quizá nunca había logrado a ningún personaje con la profundidad psicológica que tiene aquí su protagonista, de la que paradójicamente se nos revela poco o nada, y la información que nos llega es confusa y opaca. Pero hay algo en la manera en la que Kaufman nos acerca a ella que nos hace sentir una conexión inmediata. También ayuda la fascinante presencia de Jessie Buckley, una de esas intérpretes tan camaleónicas y talentosas que casi no puedes reconocer de una película a otra. Y el resto de personajes, aunque no tienen esa dimensión tan profunda y funcionan más como marionetas que Kaufman utiliza a su antojo (para a veces acompañar y otras desconcertar a su protagonista), también están interpretados con excelencia por Jesse Plemons, Toni Collette y David Thelwis.

Charlie Kaufman ha realizado su película más arriesgada y divisoria. Un film exigente, denso y árido que puede ser todo un reto para quien no logre conectar con su propuesta, pero para quien lo consiga, es una de esas experiencias cinematográficas extrañas y estimulantes que cuesta quitarse de la cabeza. 8.

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