La historia de que Madonna llegó a Nueva York con 35 dólares en el bolsillo ha sido contada, quizá exagerada, demasiadas veces. Pero la elección de su ciudad de adopción para presentar las canciones de ‘Confessions II’ está llena de simbología, pues también fue la ciudad de Stonewall, donde comenzó la lucha de los derechos LGTBIQ+ -como cada Pride Month hay que recordar-, y donde también la pandemia del sida se llevó la vida de demasiada gente.
«Toda la gente que conocía se había muerto, así que me mudé a Los Ángeles» es algo que Madonna llegó a decir en cierta ocasión, solo para después volver y escribir ‘I Love New York’ para ‘Confessions On a Dance Floor’, asqueada de la vida hollywoodiense.
Todo esto ha cobrado nuevo sentido en la performance que Madonna ha ideado para Times Square, patrocinada por Grindr, o al revés. En la forma se nota que ha elegido el mismo equipo que desarrolló ‘Brat’ y ‘Lux’: Special Offer han cogido de la primera la misma performance callejera, y de la segunda las carreras que se han pegado los bailarines, en la línea de lo visto con Rosalía en la Gran Vía de Madrid. En el contenido, todos los campos semánticos eran una referencia a Madonna.
‘Confessions II’ es una celebración de la pista de baile como refugio y así, ha hilvanado 3 canciones de la primera parte con 3 canciones nuevas. ‘I Feel So Free‘ como la perfecta introducción en la era; ‘Bring Your Love‘ en un remix sin Sabrina Carpenter que hace replantear su gusto por los featurings; y una ‘Love Sensation’ un tanto genérica pero muy disfrutona, todas ellas adornadas con fondos amarillos, rosas y violetas, en sintonía con las 592 variantes del disco que se están vendiendo.
Después, 3 clásicos de ‘Confessions I’: ‘Get Together’, ‘I Love New York’ con referencia a la represión policial, y finalmente ‘Hung Up’. 3 canciones que Madonna ha rechazado honrar durante 20 años, obsesionada siempre con reinventarse a sí misma.
Lo curioso es que hay algo de novedad en esta era revivalista: son emocionantes sus guiños en pantallas a amigos que fallecieron son sida, nos suenan de algo sus guiños políticos (faltó ‘Sorry’), sí. Pero los momentos que pelearán por ser icónicos de este show en Times Square no han sido ni ‘Hung Up’ ni ‘Get Together’, sino esa recreación de la portada del disco actual en el momento de salida, con un velo. Y sobre todo ese instante en que le han colocado un altavoz en el coño durante el remix de ‘Bring Your Love’. Eso no era ‘Confessions I’: es la Madonna de 2026. La Madonna excesiva que se cuelga de una gran altura frente a un eye rolling colectivo, siempre coqueteando con la idea de morir en el escenario. Qué menos si te llamaron la reina del pop durante 40 años.
Por eso, incluso en sus momentos más débiles, el show ha resultado icónico. Obviando el momento flashmob, porque nunca le pegó tal horterada, Stuart Price recogiendo velos y complementos, y guardándolos a conciencia en una cajonera en plan «a nosotros no nos vuelven a robar la ropa como en Coachella», es ese detalle que evita que esto sea simplemente un ejercicio de nostalgia. Ese que te hace preguntarte excitado qué será lo siguiente que ocurrirá con Madonna.