El viernes de Primavera Sound pudo desarrollarse con total normalidad: no cayó una gota ni hubo rachas fuertes de viento. Lo del jueves de repente parecía un espejismo, o una pesadilla que no había pasado realmente. Por supuesto, sí ocurrió, y hubo que lamentar cancelaciones muy importantes, pero la organización indica que el 80% de la programación se desarrolló con normalidad. Numerosos asistentes aseguran haber regresado al festival después del caos, cuando lo consideraron más seguro, quedándose incluso hasta el cierre.
La jornada del viernes ha estado marcada por el éxito de los conciertos de varias diosas del pop nativas de internet. Destaca, a últimas horas de la tarde, el set de Rose Gray, que convoca a mucha más gente de la que cabe en su exclusivo pase en The Levi’s Plaza; de hecho, hay tanta gente fuera de la entrada e incluso rodeando las inmediaciones del escenario, viendo el concierto desde lejos, que cabe preguntarse si la organización no se ha quedado algo corta programando a Gray en el escenario más pequeño que ha encontrado. Quien esté afectado por el cinismo de Charli xcx podría pensar que su equipo ha querido fabricar una atmósfera de “estrella a punto de explotar”.
Superado este evidente caso de homofobia, es fácil gozársela con el set de Gray, tan disfrutón como permiten sus bailables y divertidas canciones. Entre ellas, la celebrada ‘Club to Your Arms’, aún inédita, la inicial ‘Free’ y el cierre con ‘Party People’ proporcionan un buen rato de pop-house y ayudan a construir a Gray como la próxima diva pop en ciernes; ella, como performer, lo apuesta todo a su voz y a sus energéticos bailes. Al final del show la pillamos charlando entre bambalinas con Paul Mescal, que, como habrás visto en redes, anda por aquí.
En cuanto a las internet divas, es evidente que la cabecera de Primavera Sound es Addison Rae, en lo que ha sido su primer show en España. La popstar, que se dio a conocer creando contenido en TikTok, ahora se pone al frente de un espectáculo pop de tonos dosmileros que evoca el Onyx Hotel Tour de Britney Spears en performance, estilismo y coreografías, y que conceptualmente parece explorar la propia creación de Addison como estrella y mito.
Asistida por un complejo montaje compuesto por una estructura con torre central de ecos art nouveau y pasarelas a dos niveles, la “A” central de Addison, que parece un escudo heráldico o la entrada de una mansión, hace que el show nos traslade de inmediato a una fantasía pop de fama, éxito y glamour. Aunque esa fantasía se rompe ligeramente cuando me parece verla colocarse en la torre justo antes de empezar, ¿incluso saludando al público? ¿Solo yo vi eso? ¿Qué fue eso?
Addison, que actúa en ropa interior y tacones, subraya el concepto meta de su concierto cubriéndose con una boa hecha de billetes en ‘Money is Everything’ o en ‘Fame is a Gun’, recreando su videoclip, como si fuera secuestrada por la propia fama, antes de inundar del Fòrum de confeti fucsia. Si bien el repertorio aún es demasiado referencial a Britney -de la cual incluye un guiño directo-, Lana o la Madonna noventera y demasiado apoyado en pregrabados, Addison lo suple gracias a sus fluidas y expresivas coreografías, que en ‘Aquamarine’ la sitúan flotando en el escenario, y a un concepto de espectáculo teatral y que entra por los ojos.
Justo antes de que Addison actuara en el escenario Revolut, teníamos a Ethel Cain en el Estrella Damm. Como en el meme de la casa rosa al lado de la casa negra, que simboliza los contrastes del gusto musical, una ofrecía un girly pop rosa Y2K y la otra una estética gótica de profunda carga emocional. Ethel, estrenando un nuevo tatuaje “blackout” en la mano, actuó a una hora más favorable que el año pasado y se tomó el derecho de abrir el concierto con su mayor éxito, ‘American Teenager’ -recientemente certificado disco de oro en Estados Unidos-, para luego dar paso al repertorio del disco que sigue presentando.
Así, canciones de ‘Willoughby Tucker, I’ll Always Love You‘ como ‘Nettles’ o ‘Dust Bowl’ desplegaron pacientemente sus tempos slowcore, texturas folk y sentidas melodías, y solo los gritos de terror de ‘Ptolemaea’ o el estribillo pop de ‘Crush’ interrumpieron la narrativa fantasmal del disco. Presentadas visualmente con un bonito set decorado con césped artificial que recrea un prado -pura bucólica southern gothic-, quizá se echó en falta una mayor fidelidad en las interpretaciones vocales, algo que se suplió en el cierre con ‘A House in Nebraska’.
Quizá solo Amaarae puede convertir en un hit absoluto un estribillo como: “ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly” y que suene fino. Es el coro de ‘Starkilla’, pero en su set en el Cupra la reina es ella. Amaarae se basta y se sobra para ofrecer ella sola, sin bailarines de apoyo, un show que transmite la misma atractiva amenaza de su música: los beats de house sudafricano y Detroit club suenan futuristas e hiperdefinidos, y Amaarae performa como una diva oscura que te da la música que necesitas aunque no lo sepas.
El repertorio pasa del punch de ‘Wasted Eyes’ a la melancolía de ‘Disguise’, hace colapsar el Cupra con ‘Sad Girl Luvz Money’ y transita entre hits coreados (‘S.M.O.’) y otros algo más desconocidos para el gran público (‘Free the Youth’). Cabe un breve homenaje a ‘Break the Ice’ de Spears en forma de interludio y no va corta de temas; a una Amaarae que pasa de la euforia a la seriedad fría, le da tiempo de presentar lo mejor de su discografía ante un público especialmente masificado.
Ya entrada la noche, el esperado show de JADE en Occident transmite una vibra muy X Factor / BRAVA Madrid, quizá demasiado evidente para el interesante concepto que propone su celebrado disco ‘That’s Showbiz Baby‘ y la visión musical detrás de la enorme ‘Angels of My Dreams’, que, como no, ya adelantamos que cierra el show precedida por un speech de JADE sobre su difícil creación en un momento en que se sentía artísticamente perdida tras la separación temporal de Little Mix.
El show se centra claramente en JADE como performer y vocalista, y también en su faceta -más desconocida- de bailarina, que en los ritmos más funk la muestran perreando como Miley Cyrus con la lengua fuera. Pero no ofrece demasiado concepto ni mensaje más allá del que verbaliza la propia JADE, celebrando a todos los hombres y mujeres del escenario, y también a los “hombres trans y mujeres trans” que han allanado el camino para que ella pueda tener una carrera como solista, en parte sostenida por el público LGBTQ+, al que dedica ‘Church’, también incluida en el repertorio.
La reivindicación de ‘Before You Break My Heart’ -la del sample de las Supremes- al inicio del show resulta la mejor decisión del tracklist. Por supuesto, el público lo goza con los ritmos electropop de ‘IT Girl’, ‘Plastic Boy’ y ‘Gossip’ con Confidence Man; pero la gran sorpresa llega con el homenaje a Little Mix.
Y es que ni siquiera en plena era del total colapso de prejuicios musicales alguien habría podido imaginar que los éxitos de Little Mix sonarían dentro del Primavera Sound. Hablamos de megabops fabricados por la poderosa industria musical británica, pero ahí acaba la sorpresa. Quizá el formato medley, que integra hits como ‘Shout Out to My Ex’, ‘Salute’ o ‘Reggaeton Lento’, refuerza ese componente de concierto de diva disco algo anacrónico; por lo demás, JADE no ofrece mucho más que gloria pop. No hace falta ni decirlo, pero es evidente que el regreso de Little Mix está en sus manos y, siendo egoístas, esperamos que se produzca dentro de muchísimo tiempo.
El set a la madrugada de PinkPantheress en el Cupra fue uno de los más concurridos de la noche y probablemente de todo el festival. El escenario está abarrotado e intratable, más aún tras recibir a los fans de JADE del concierto anterior. “She’s hot right now”, apunta una asistente. Es así: PinkPantheress ya es capaz de abrir el show con un número 1 global (‘Stateside’, aunque en su versión original sin Zara Larsson) y que el ritmo no se resienta, porque de hits va sobrada; de los clásicos se recuperan ‘Pain’ o ‘I Must Apologise’, y de los últimos triunfan ‘Girl Like Me’, ‘Tonight’ y, por supuesto, ese ‘Illegal’ que se introduce con una llamada que da paso al famoso “Hey, my name is Pink and I’m really glad to meet you”. La sorpresa es que ese tema será el final del show.
Y es que, por un lado, es cierto que PinkPantheress ha ganado enteros como performer -ya no necesita su famoso bolsito- y que ahora aporta coreografías y carisma, pareciendo una artista diferente. Pero extraña que, teniendo un catálogo tan abultado de música publicada, el set acabe unos 10 minutos antes de la hora programada. Y eso que el show se extiende mediante el típico DJ set tirando clásicos electro y dance de Daft Punk o el ‘Rush’ de Troye Sivan, resultando en este aspecto un poco de manual.
Es verdad que los temas de Pink son cortos, pero por falta de repertorio desde luego no es. Al menos las interacciones de PinkPantheress con el público son agradecidas: no solo muestra su sorpresa porque el público se sepa la letra de ‘Romeo’, sino que además, a su joven edad y de forma muy refrescante, no parece nada sorprendida de su éxito, porque sabe que lo merece. Incluso asombrada de la cantidad de público, no se le percibe un ápice de nervios o inseguridad; su mejora como performer es evidente, pero como compositora y productora de todas sus canciones, su fuerte claramente es ese.