Liverpool significa los Beatles para media humanidad. Para un melómano es imposible pasear por la ciudad sin pensar en ellos. Imaginad un mundo en el que 65 años después de su formación, uno de sus miembros todavía esté en condiciones de escribir un álbum y tocar él solo una decena de instrumentos, recordando su infancia en la ciudad, su adolescencia, a unos padres que murieron en años tan lejanos como 1956 y 1976.
Pues bien, ese universo es el nuestro, pese a que Paul McCartney cumplirá en unos días 84 años: está en nuestras manos disfrutar de lo que nos tenga que ofrecer. ‘The Boys of Dungeon Lane’ es un paseo por su juventud, no necesariamente siempre de manera trascendente. Parte de su encanto es que este no es un álbum grave ni bravo con grandes mensajes sobre el sentido de la vida, sino que es capaz de recrearse en la anécdota y en lo más grande que le dio la felicidad, indistintamente.
El álbum empieza con un tema llamado ‘As You Lie There’, dedicado a un «crush» irrelevante de su juventud, esa espinita que no pudo evitar que se le clavara. «Aunque solo coincidimos una vez, no puedo olvidar lo que sentí», confiesa sobre un entorno bastante Wings, referencia que vuelve a aparecer en el rock sintético de ‘Mountain Top’.
Aunque lo mejor del álbum no son números de rock como ‘Lost Horizon’, un tema que había olvidado que tenía hecho, sino los acústicos. El más bonito es el single ‘Days We Left Behind’, un recorrido por Liverpool del que sale el título del disco, y tan sencillo como lo eran las letras de ‘Yesterday’ y ‘Let It Be’: «nada permanece, nada viene a la mente / nada puede borrar los días que dejamos atrás». Y luego está la estupenda ‘Down South’, que recuerda los días en que él y George Harrison paraban camiones, haciendo autostop, para que les acercasen a algún concierto. Además, el tema referencia ‘Twist & Shout’.
En la línea, ‘Home to Us‘ es el primer dúo de Paul McCartney con Ringo Starr (!!): «el lugar en el que vivíamos no era gran cosa, pero era nuestro hogar». Mientras ‘Salesman Saint’ es el recuerdo de sus padres en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial (con guiño a las guerras terribles que tenemos hoy) y en cambio ‘Momma Gets By’ es una historia de ficción, en Reddit se debate si el destinatario de ‘We Two’ es Linda McCartney o más bien John Lennon. Que cada cual lo tome como quiera.
Andrew Watt produce ‘The Boys of Dungeon Lane’ con devoción y respeto, dejando que el protagonista sea siempre Paul McCartney, con la salvedad de la orquesta de Ben Foster que aparece en un par de momentos de ‘Life Can Be Hard’ o ‘Salesman Saint’. La curiosidad por averiguar quién tocaba la flauta dulce en ‘Never Know’ me ha llevado a comprobar que no solo se ha encargado de ella el propio bajista de los Beatles, sino que también tocó en el mismo tema un bajo, una guitarra acústica, otra eléctrica, el piano, un wurlitzer, un melotrón, un órgano y algo de percusión. Ver a Andrew acreditado apenas a una pandereta parece hasta una forma de decir «daos cuenta».
Paul no ha podido implicarse más en este álbum que llevó un lustro hacer, y el quid de la cuestión es que se le percibe absolutamente feliz, como en la celebración del amor que supone ‘Ripples in a Pond’ («te quiero más de lo que nunca te quise, y el sentimiento crece y crece») o en ‘Life Can Be Hard’, en la que olvida «lo dura que es la vida» gracias a la celebración de la belleza. It’s been a hard day’s night…