Música

‘Crash’, ‘Días Extraños’, Scorsese… las referencias cinematográficas de ‘Confessions, The Film’

En 1978, Madonna Louise Ciccone, con veinte años recién cumplidos, se trasladó de su Míchigan natal al East Village neoyorquino. Aquella Nueva York poco tenía que ver con la ciudad gentrificada de hoy. Era la ciudad chunga de las películas de Scorsese o Abel Ferrara, “malas calles” donde había más delincuentes y prostitutas que ratas en el metro.

Pero también era la vibrante ciudad de Warhol y Basquiat, de los grafitis de Keith Haring, de los conciertos de Blondie, Talking Heads o Ramones en clubes como CBGB, de las performances del Mudd Club y de las noches interminables en Danceteria.

Casi medio siglo después, ‘Confessions II–The Film’ parece tan impregnado de nostalgia por aquel mundo desaparecido como de sudor, maquillaje corrido y restos de cocaína estaba cualquier pista de baile de los clubes donde Madonna dio sus primeros pasos como artista. Bajo su apariencia futurista y surrealista, el cortometraje funciona en muchos momentos como una evocación de ese Nueva York underground de bailes y visitas al excusado.

El filme comienza como un thriller tecnológico y futurista a lo ‘Días extraños’ (1995), mezclado con acción de estilo SWAT, estética BDSM y discurso anti-paparazzi. Una combinación que recuerda, como han señalado algunos usuarios en el foro, a la reportera Andrea Caracortada de ‘Kika’ (1993); o, también, siguiendo el lore del ‘Von dutch’ de Charli XCX, a la imaginería que el propio colectivo Torso, creador de ‘Confessions II’, ya había explorado en aquel videoclip.

Esta introducción da paso, como en una fuga onírica de inspiración lynchiana, a uno de los segmentos más llamativos del corto: un bosque habitado por bailarines que proyectan rayos láser desde sus orificios íntimos. La secuencia, a medio camino entre la fantasía sexual y la performance, se desarrolla en una atmósfera que recuerda a la estética artificiosa, erótica y de surrealismo pop característica del universo visual de Bertrand Mandico, especialmente de ‘After Blue’ (2021).

Luego, tras un accidentado trayecto en coche que culmina en un “crash” de inequívocos ecos ballardianos y cronenbergianos, el cortometraje se adentra en su núcleo central: una pista de baile y unos baños poblados por más cameos, citas autorreferenciales y easter eggs que un videoclip de Taylor Swift y una película de Torrente juntos. Más allá de toda esa mitología madonniana (desgranada en detalle en este artículo), ambos segmentos funcionan como una celebración teñida de nostalgia del hedonismo discotequero, el ligoteo nocturno y las relaciones de tocador.

‘Confessions II’ termina donde comenzó. El cortometraje regresa al escenario inicial y revela que todo lo que hemos visto formaba parte de una filmación observada por el propio equipo de “andreas caracortada” que perseguía a Madonna. La aparición final de su hija Lourdes, encargada de pronunciar el definitivo “Cut, bitch!”, aporta entonces una inesperada dimensión metalingüística. Más que una simple broma autorreferencial, el gesto parece funcionar como el cierre simbólico de un viaje por los recuerdos, fantasías y mitologías que han acompañado a la cantante durante toda su carrera.

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Publicado por
Joric
Tags: madonnatorso