Música

Jack White / Frozen Charlotte

Jack White regresa. Y, otra vez, de tapadillo. Sin grandes campañas ni anuncios previos: ‘Frozen Charlotte’ apareció en preventa directamente a través de su sello Third Man Records. Como sucedió con ‘No Name’.

Esta reiteración en la fórmula incide en la manera clásica que tiene de entender la música White. Sí, el disco se publica en streaming. A los medios nos llegó un enlace con el audio días antes del lanzamiento oficial. Pero como se goza el disco realmente es en vinilo, como pudimos comprobar en la fiesta de escucha en la barcelonesa Ultra-Local Records (otra muestra más de romanticismo: escoger tiendas pequeñas y alternativas para presentarlo): logra una contundencia que falla en la escucha digital, por buenos altavoces que gastes. Una contundencia que hace olvidar una portada tremendamente fea. Que la autoproducción y la autoedición a White se le dan muy bien. El diseño, ya tal.

White sigue tan fiel al azul cobalto como a las sonoridades de hard-rock-blues más setenteras. ‘Frozen Charlotte’ se aparta poco de ‘No Name’, es una vuelta más de tuerca a un sonido clásico, unas canciones que giran alrededor de la guitarra de White y su voz, siempre distorsionada. De hecho, «ledzeppelinea» que da gusto. A ratos, roza el atraco a mano armada. Pero quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. ‘Frozen Charlotte’ es un disco más compacto, quizás menos excitante que ‘No Name’: se echa de menos algún pepinazo del calibre de ‘That’s How I’m Feeling’. Pero la falta de hit claro no quita lo valiente: esos golpes con los que abre ‘G.O.D. and the Broken Ribs’ son excitantes y nos anuncian que evolución poca, pero que Jack sigue sonando sexy.

White también parece cómodo siendo cada vez más escueto. La producción suena cruda y, aparte de la guitarra, el bajo y la batería, ocasionalmente aparece el brillo de un órgano Hammond. White lo fía casi todo a sus infalibles guitarrazos. Con alguna pequeña excepción, como el fuzz y los juegos de voces en ‘There’s Nobody Here’. ‘You’ll Never Fix Me’ es lo más parecido a un hit del disco: cómo se gusta con esas guitarras casi heavies, cómo se regodea en su sonido fuera del tiempo, cómo entona esos “so long, so long!”.

El riff desértico con el que abre ‘Dollar Bill’ da pie a una canción con un pie en el glam y el otro en el southern rock. ‘I Can’t Believe What I Hearing’ se acerca a los terrenos de los Stones de finales de los 60’s, esos ya definitivamente escorados hacia el blues-rock, pero aún poseídos por el pop, con unos juegos de voces tan añejos que la hace entrañable. O la juguetona, breve y pegadiza ‘She’s in a Frenzy’. El final del disco no puede ser más ácido, con el órgano Hammond chirriante de ‘Neighbors Blues’.

Disco a disco, Jack White nos reitera que esas sonoridades rocosas que tanto ama siguen vigentes. Lo consigue: ‘Frozen Charlotte’ no suena a nada viejo o encorsetado. Pero también nos quiere demostrar que hay sitio para su manera de presentar su música, tan alejada de los cánones de la industria actual. En ‘Making Contact’ hace una burla de la ansiedad de andar “creando contenido”: “Feeling contеnt / Making content / Breaking contact / Making conflict” (“sintiéndome contento / creando contenido / rompiendo contacto / creando conflicto”). No: Jack White no “crea contenido”: él sigue grabando discos para que se escuchen.

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Publicado por
Mireia Pería
Tags: jack white