Hay un momento en su tercer álbum en solitario, ‘Lost Weekend’, en el que Phoebe Bridgers asegura «no tener secretos, solo sentimientos». Esa ha sido una de las razones que la han llevado a conectar con la audiencia de manera tan transversal. Con y sin boygenius, la artista de Pasadena se ha convertido en uno de los nombres imprescindibles del pop internacional. Y digo del pop y no del folk porque la lista de gente con que ha colaborado trasciende géneros. Es increíble: de Paul McCartney a SZA, pasando por Taylor Swift, The National, The Killers o Metallica, solo por enumerar algunos.
En estas nuevas letras, Bridgers trata la controvertida relación con su padre, que falleció hace un par de años; bromea sobre quién morirá antes, si su pareja o ella; habla de un novio que «besa como una chica», poniendo una vez más sobre la mesa su bisexualidad; confiesa que siempre está buscando la «salida» cuando acompaña a un familiar al hospital; habla de lo duro que es hacerse mayor, haciendo coincidir el lanzamiento del álbum con su 32º cumpleaños… Las cosas que encontramos en ‘Lost Weekend’ son, ni más ni menos, que las que le han acontecido desde que en 2020 publicara ‘Punisher‘.
La compleja relación de Phoebe Bridgers con su padre ya había aparecido aisladamente en su discografía. En ‘Would Your Rather’, un tema dedicado a su hermano, comparaba a ambos dejando a su progenitor en muy mal lugar: «es la mitad de hombre que tú y además eres el doble de alto». Incluso ‘Kyoto’, uno de sus mayores hits, tenía una estrofa llena de rabia contra su padre, por haberse equivocado con la fecha de un cumpleaños.
Tras una infancia de ausencias y adicciones, Phoebe más o menos pudo reconciliarse con él en los últimos tiempos, y cuando ‘Kyoto’ triunfó, el tipo le llegó a enviar un mensaje que decía: «te han dado un Grammy por nuestra canción». En este álbum, Phoebe Bridgers habla de todo esto particularmente en ‘Still Standing’ («todavía no te imagino muerto, pero lo estás todos los días»), y en la aún más impactante ‘Never Going Back!’. Esta apenas consiste en la repetición de un par de frases («ya no volverá, nada volverá a ser como antes») y la grabación real de un mensaje de voz: «Phoebe, soy papá, sé que estás ocupada, ser una estrella del rock ocupa mucho tiempo, estás por todas partes, pero llámame si puedes, te quiero».
El síndrome de Peter Pan es el tema principal del single ‘Lost Boys’, mientras el amor de pareja aparece en varias composiciones. En el tema titular ‘Lost Weeknd’ reconoce que estuvo a punto de casarse (con Paul Mescal) pero «lo canceló». ‘The Governor’s Waltz’ termina con tal culebrón entre Phoebe, Mescal y Gracie Abrams que no sorprende que Taylor Swift esté enganchada a este disco. Por otro lado, ‘Bobby’ y ‘Liberty Tree’ están dedicadas a su última pareja, el cómico Bo Burnham, que además tiene algún crédito de co-autor y realiza algún coro.
Para los menos interesados en la prensa rosa, ‘Lost Weekend’ tiene mejores cosas que ofrecer. Si la escritura de Phoebe Bridgers es muy parca y a menudo se queda muy corta, en tanto que hay algún instrumental, algún reprise y más de una canción que apenas consiste en un párrafo, como la contemplativa ‘Panorama’; se pasean por los créditos, como quien no quiere la cosa, una armónica de Conor Oberst, una guitarra de Jon Brion, unos coros de Lucy Dacus y Julien Baker, cuando no dos decenas de instrumentos distintos aportados por Jack Antonoff y Alex G, que han co-producido el álbum. Y más allá del espectacular «name dropping», el nivel de detalle llega al punto de que encontramos hasta a 14 ingenieros e ingenieras de sonido, por canción (!), acreditados en las plataformas de streaming.
Lo bueno es que ni todo este personal, ni esas letras que hablan sobre rupturas, amor y muerte se traducen en una producción de manierismos. Al contrario. Este álbum se define más bien por su quietud, lo que produce que los momentos en que ocurre algo, sean más bellos aún.
En ese sentido, son particularmente excitantes el final de ‘Lost Weekend’; los dos segundos de bombo tecno que se cuelan en ‘The Governor’s Waltz’, además de todos sus coros; el ambient en que se desarrollan las 4 frases de ‘Panorama’, siendo una de ellas «si tú bebes, yo también»; el final electrónico de ‘Liberty Tree’; el modo en que se ensucian los recursos del country en ‘Haunted’; las diferentes virguerías y la bonita voz adicional de Son John-Johnson en ‘I Can’t Wait‘… Trucos todos probablemente aprendidos del Sufjan Stevens de ‘Illinois’ (‘Lost Boys’), ‘The Age of Adz’ (‘The Outside’, ‘Lost Weekend’) y sobre todo ‘Carrie & Lowell’ (‘Kill Me’), pero muy bien aplicados por hasta medio centenar de personas.
Sobre ellas, por supuesto, la voz de Phoebe Bridgers. Especialmente cuando, en un álbum tan calmado como este, de repente grita. Sucede hacia la mitad del tema más bonito de este trabajo, ‘As Above’. Es ese en el que acude a un hospital con su madre y no puede evitar quererse ir. «Ahora no quiero vivir para siempre, pero tampoco quiero morir (…) vas a darme por sentada, pero lo puedo sobrellevar». Ya en la treintena, Bridgers seguirá siendo la voz de una generación.