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‘Anoche conquisté Tebas’ o la «ciencia ficción» de los hombres hablando de sus emociones

Pocas películas se atreven hoy en día a decir tanto con tan poco. ‘Anoche conquisté Tebas‘, primer largometraje de Gabriel Azorín, llega a los cines después de pasar por el Festival de Venecia, donde fue una de las películas más aclamadas de su edición. Se describe como una película «histórica», «de fantasmas» y «acuática» y, sobre todo, como una película «sobre la amistad entre hombres a través de los tiempos». El título, de hecho, está tomado de una conversación entre Matt Damon y Casey Affleck en ‘Gerry‘ (2002) de Gus Van Sant.

La película sigue a un grupo de amigos que llega a unas termas romanas de Ourense. Allí, entre baños y conversaciones aparentemente cotidianas, vamos conociendo la relación que existe entre ellos. Hablan de videojuegos, de sus planes, de lo que les preocupa. Son conversaciones muy naturales, casi voyeurísticas, como si estuviéramos escuchando a un grupo de amigos que no sabe que hay una cámara delante. Poco a poco, esas conversaciones van adquiriendo otro peso.

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Después de un espectacular plano de dron que descubre las ruinas y las termas desde el aire, una guía turística explica el lugar a un grupo de visitantes. Los amigos, mientras tanto, se meten en el agua. Y entonces la película empieza a dejar entrever que hay otra historia, situada muchos siglos atrás.

Azorín hace que ese salto temporal resulte sorprendentemente natural. No hay flashback ni grandes explicaciones: simplemente, la película corta y estamos en otro tiempo. Los personajes cambian, pero el espacio permanece. La referencia del director al cine de António Reis y Margarida Cordeiro y a sus «estratigrafías» resulta especialmente interesante aquí: diferentes tiempos pueden convivir en una misma imagen sin necesidad de que uno sea presentado como recuerdo del otro.

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Son los pequeños detalles los que van tirando del hilo de la historia. La app de astrología que consultan los jóvenes contemporáneos encuentra su eco en la escena en que uno de los soldados se ata minuciosamente unas sandalias. La amistades son las mismas; las conversaciones y los paisajes, en el fondo también. Quizá la única pega que se le puede poner a la película es estar excesivamente sumergida: pasado un rato quieres salirte del agua porque te sientes arrugado y tienes frío.

Aun así, ‘Anoche conquisté Tebas’ está llena de momentos de una enorme belleza. Hay un cuidado especial en las termas nocturnas, cuando la oscuridad del valle es tan intensa que apenas permite distinguir a los personajes. También hay imágenes muy cuidadas de los cuerpos de los soldados romanos, incluida la pierna amputada de uno de ellos, y una escena preciosa en la que uno consigue mantener encendido un pequeño fuego dentro del agua. Poco a poco, las escenas se van imprimiendo en la memoria.

Los diálogos de la segunda parte, además, están en latín, y resulta increíble escuchar a los actores sostener conversaciones tan largas con una naturalidad que te hace olvidar que estás viendo una película. Toda la cinta, de hecho, está hablada en portugués y latín, algo que contribuye a esa extraña sensación de estar viendo dos momentos históricos muy alejados, pero que hablan de cosas bastante parecidas.

‘Anoche conquisté Tebas’ cuenta muy poco: unos amigos llegan a unas termas, se bañan, hablan y uno de ellos se marcha. Después, unos soldados romanos hacen lo mismo. Pero la película convierte esa anécdota en una reflexión sobre la amistad masculina y las emociones -silenciosas, pero que aquí salen a relucir- que la sostienen. Un dato divertido: una amiga dijo a Azorín que la película era ciencia ficción porque mostraba «hombres hablando de sus emociones». Quizá un poco sí lo es.

En los minutos finales, las dos épocas terminan encontrándose de una manera preciosa, casi tarkovskiana. Quizá ‘Anoche conquisté Tebas’ es una película histórica porque cuenta que la historia se repite y habla no solo de lo que cambia, sino también de lo que no. Es una película preciosista e hipnótica que consigue hacer que una tarde cualquiera en unas termas parezca contener dos mil años de historia.

Pocas películas se atreven hoy en día a decir tanto con tan poco. 'Anoche conquisté Tebas', primer largometraje de Gabriel Azorín, llega a los cines después de pasar por el Festival de Venecia, donde fue una de las películas más aclamadas de su edición....'Anoche conquisté Tebas' o la "ciencia ficción" de los hombres hablando de sus emociones