‘Ride Lonesome’: el título del álbum de Beck apela a un “llanero solitario” que camina por el desierto con su sombrero de cowboy. Solo que este hombre ni está para bromas ni lucha por la justicia; simplemente cabalga su caballo cabizbajo, con el corazón roto. Hecho pedazos.
Intenta “buscar el camino llorando a mares” (‘Ride Lonesome’). Busca “respuestas para lo que ya sabe” (‘Run Away’). Sortea “la locura y no puede respirar”, suplicando que “le devuelvan la vida” (‘Failed Words’). No sabe “dónde va, aunque ya ha estado antes en ese lugar” (‘Bleed’). Y así durante 12 canciones de manera monotemática.
El estado de Hansen toca fondo con la obsesión posesiva de ‘It Ends Right Here’: “el templo que construí en tu habitación / corona de tu gloria, nadie puede tomarlo y nadie nunca lo hará”. Por suerte, la idea de aceptación aparece después en mitad de «la noche», a la que hay varias referencias en el álbum, no sólo en el single ‘In the Night’. Porque “luz” es la palabra clave de la pista final, en la que “el río lava las penas».
También musicalmente. Porque hay momentos desangrados, como ‘For Your Love’, una impresionante construcción realizada sin guitarras ni baterías, con un par de trompetas y sobre todo una veintena de instrumentos de cuerda, a destacar hasta 11 violinistas acreditados. Recuerda a los momentos más ostentosos de Nick Drake, y también es una producción rara que podría haber firmado la Björk de ‘Homogenic’. Pero también hacia el desenlace de todo esto se impone la sensación de calma con la melodía y la tranquilidad de ‘Beyond the Light’. Imaginad un álbum que acabara sin dejar un rayo de esperanza para los despechados.
‘Ride Lonesome’ es, por tanto, un disco que en general se arrastra por las sonoridades americanas y desérticas, como ‘Sea Change’ y ‘Morning Phase’, con los que podría formar una trilogía al recuperar a músicos amigos como Justin Meldal-Johnsen o Joey Waronker. Pero que poco a poco introduce otras sonoridades.
En verdad, todo esto del folk de Beck empezó a ir en serio en ‘Mutations’, un álbum bastante acústico pese a que se presentara con la bossa de ‘Tropicalia’. En aquel largo de 1998 ya encontrábamos a Nigel Godrich, productor de ‘OK Computer’, cuya presencia aquí es muy evidente, aunque sea como ingeniero, en ‘Falling Through My Hands’. En orfebrería, recuerda a ‘No Surprises’. Son las flautas, las armónicas, el oboe, el clarinete y el nada desdeñable sintetizador de Beck en grabaciones como esta, los que llevan más lejos un álbum que podía haber corrido el riesgo de sonar demasiado sombrío y lineal.
No lo es, en absoluto. El estribillo del primer single ‘Ride Lonesome’ o lo representativo del álbum que es el segundo, ‘In the Night’, se ven enriquecidos por otros «tracks» que incluso los superan a nivel compositivo e ideas de producción. Algunos siempre preferiremos al Beck que unía blues, rap, electrónica, «músicas del mundo» y mil cosas más en un álbum. Al Beck de ‘Odelay’. Ahora, esto es precioso…