Las oficinas de Universal en París están sitas en uno de los muchos impresionantes barrios de la ciudad, al lado del Panteón y muy cerca de los Jardines de Luxemburgo. Los miles de turistas que pelean por comer en una de las terrazas de aire chic típicas del país, ignoran que allí dentro está uno de los hombres más chic de los 90. Beck hace una ronda de entrevistas con periodistas nacionales, alemanes, españoles y de otras partes del mundo, para promocionar su nuevo álbum, ‘Ride Lonesome’, nuestro Disco de la Semana, disponible esta noche.
En él ha vuelto a trabajar con músicos de sus discos más folkies (Smokey Hormel, Joey Waronker, Justin Meldal-Johnsen, Roger Joseph Manning Jr. y Jason Falkner) para hablar exclusivamente de desamor y de pérdida. El artista se divorció entre 2019 y 2021, y no había publicado disco desde entonces, pero afirma haber sufrido diferentes tipos de pérdida en este tiempo.
Beck Hansen habla despacio, precisando respuestas, de manera muy sosegada. A veces bromea y sonríe pero no hay grandes carcajadas. Muchas veces bosteza con una pregunta -mientras tú quieres que te trague la tierra- pero después te dice que esta ha sido una de sus entrevistas favoritas del día. El hombre en Estados Unidos que lo hizo todo, que ha lidiado con el rap y con el country, con la electrónica y con las orquestas más multitudinarias, se muestra agradecido y humilde cada vez que elogias algo que te ha gustado, y permanece en todo momento muy tranquilo. Quién iba a decirlo cuando le conociste viendo actuaciones de MTV, en las que ejecutaba coreografías, sacaba un espejito y se peinaba, o hasta empuñaba un látigo en plan S&M.
Este disco está conectado con ‘Sea Change’ y ‘Morning Phase’. ¿Qué te hizo volver a ellos?
Es algo que me encanta. Estaba deseando volver a ese lugar. Me parece que, con el paso de los años, ha crecido el amor por esos discos, lo cual me ha animado a pensar: «A la gente les gusta».
Hablas del amor por esos discos, ¿pero qué pasa con el amor en sí? ¿Cómo ves el amor en tiempos de redes sociales y de guerras? ¿En qué lugar queda el amor romántico?
Es algo muy profundo. Hay muchas cosas en la vida sobre las que podemos decidir, como nuestro estilo de vida, nuestras amistades, nuestro trabajo y dónde vivimos. Pero cuando se trata del amor, el mundo y la vida te enseñan humildad: te enfrentas a una fuerza que escapa a tu control. Por eso creo que es una experiencia que nos humaniza. El amor te lleva a hacer cosas y a ir a lugares a los que normalmente nunca irías, hace que te gusten cosas que antes no te atraían y te impulsa a cambiar o a ver el mundo de otra manera. Es algo que trasciende el sistema, ese sistema formado por tu propio ego, tu voluntad y tus decisiones. Es como las fuerzas de la naturaleza: simplemente no podemos controlarlas.
¿Crees que el amor aún mueve el mundo, como se decía el siglo pasado?
A medida que envejeces, parece como un capricho. Pero cuando te sucede, puede ocurrir en cualquier momento. Y a veces es una sorpresa que te toma desprevenido.
Ha cambiado todo mucho, en cuanto a relaciones abiertas, individualismo, «egoísmo» en la era de los «selfies»… A veces parece que no nos preocupamos por los demás. Este disco es sobre amor, sobre una ruptura, y me suena casi como una rareza.
Es como un terremoto en tu vida que trastoca todo. Produce caos. Es a la vez una bendición y una maldición. Escribí una canción hace 20 años titulada ‘I Think I’m in Love’. Pero me pone un poco nervioso decir algo así, porque sabes a qué te expones: a la vulnerabilidad, a las emociones. Ahora estás ligado a otra persona, y su bienestar y su estado de ánimo afectarán a los tuyos. Es algo complejo y caótico. Pero también es algo que te abre el corazón, realmente poderoso. Le da a tu vida un propósito y una forma diferentes. Estás dispuesto a hacer cosas y a aceptar a alguien con todo lo bueno y lo malo que tiene. De algún modo, eres capaz de ceder de formas que antes no podías o no querías, pero lo haces por amor. Simplemente demuestra que, en el fondo, somos animales extraños, por más que la cultura y la sociedad intenten convertirnos en robots. Eso nunca llegará a suceder del todo, porque existe ese fenómeno tan singular que es el amor.
Este disco se llama ‘Ride Lonesome’. Háblame de la «soledad». Por canciones como ‘In the Night’, por sus cuerdas, me parece que temes la soledad. Que hay un miedo incluso a morir solo.
Cuando estás sufriendo, la noche es el peor momento del día porque estás solo y tienes que afrontarlo. De día, puedes salir, estar con gente y ayuda, pero por la noche no hay nadie, estás ahí solo con tus fantasmas. La noche es cuando encaras cosas que no quieres encarar.
Y no ves nada positivo en la soledad…
Eso es otra cosa. Puedes meditar, es muy sanador. Pero si estás pasando por algo traumático, agrava la sensación de trauma. Es lo que dicen: cuando estás con amigos, la gente te apoya.
¿A ti te ha ayudado la meditación? [Nota: su padre estuvo vinculado con la cienciología, de la que Beck se desligó]
Creo que sí. Para cada persona es diferente. Hay gente que se va de fiesta, hay gente que medita, hay gente que trabaja. Escribir canciones es una cosa, pero la mayor parte del trabajo es grabar e intentar convertirlo en un disco, en algo que la gente quiera oír. Lleva su trabajo.
«A medida que nos adentramos en todas las cosas increíbles que la tecnología puede hacer… Podría hacer música sólo con mi móvil. Y puede que te guste, pero no te va a llevar a ese extraño lugar al que te lleva una orquesta de 80 músicos»
‘For Your Love’ suena impresionante con todas esas cuerdas. Hay vientos, pero las cuerdas son muy poderosas. ¿Cómo la desarrollaste?
Es de mis favoritas. En los últimos dos años he dado muchos conciertos con orquesta. No pudimos venir a Europa porque no teníamos presupuesto, pero recorrimos toda Norteamérica y Australia, y también actuamos en Inglaterra. Al repasar mi discografía, encontré unas 25 o 30 canciones que incluían arreglos orquestales. Así que decidimos centrar el espectáculo principalmente en esos temas, desde ‘Mutations’ hasta la actualidad.
Así que no pude evitar querer crear algo para interpretarse con orquesta, pensando en las posibilidades que ofrece ese organismo gigantesco, de 70 y 80 músicos. Son fascinantes: su destreza y su formación superan con creces lo habitual en la música rock. Sin embargo, es también un género profundamente arraigado en el pasado, hablamos de música de hace siglos, de una forma de hacer música ya anticuada. En 2026, ser DJ es una opción mucho más lógica que mantener una orquesta de 80 músicos, que no es algo nada práctico. Aun así, me atrae su sonido porque conlleva un esfuerzo profundamente humano. A diario tocas con tanta gente que es imposible saberte todos sus nombres, pero ahí estamos, unidos, intentando crear algo en común. Es una experiencia realmente insólita, pero muy gratificante.
«No creo que trabajemos lo suficiente en el arte ni en el cine. A veces nos conformamos con algo que está «bien», pero una gran obra de arte es capaz de hechizarte»
Dicen que además son muy rápidas grabando…
Sí, sí, para ellas es trabajo. Pero en cuanto empiezan a tocar, te rompen el corazón. Es muy interesante porque es tan emocional, y humano. Es un sonido que solo puede ser creado por manos humanas. Y ya sabes, a medida que nos adentramos en todas las cosas increíbles que la tecnología puede hacer… Quiero decir, que podría hacer música el resto de mi vida con mi teléfono. Y sonaría bastante impresionante. Pero no tan impresionante. No sé si te daría la misma sensación. Te podría poner la versión de ‘For Your Love’ que hice con un sintetizador antes de meter orquesta. Y puede que te guste, pero no te va a llevar a ese extraño lugar. Las cosas hechas por humanos tienen una cualidad que es otra cosa. Es extraño e inexplicable.
¿Qué me dices de las voces en un disco tan íntimo? Cuando tienes arreglos orquestales, todo el mundo te preguntará por ellos, pero es interesante cómo has cantado por ejemplo ‘It Ends Right Here’. ¿Cuán importantes son las tomas vocales?
Son muy importantes, sí. A veces tengo suerte y simplemente grabo una toma vocal provisional, solo para tener una referencia que escuchar. Y a veces me quedo con esa misma toma. Pero otras veces tengo que cantarla una y otra vez, buscando el tono adecuado, hay días en los que la cantas durante 5 horas y simplemente… no sale bien. Y luego, otro día, la haces y dices: «Sí, eso es». Nigel Godrich, que produjo un par de mis álbumes, solía decir algo muy interesante. Escuchábamos una grabación y, si algo no funcionaba, si no sonaba bien o si restaba valor a la canción, él decía que «rompía el hechizo». Cuando interpretas bien una canción, cuando la cantas como debe ser, ejerce una especie de hechizo sobre el oyente. Es como cuando escuchas una gran canción: te quedas hipnotizado. Siempre tuve eso presente. Así que, al trabajar en una canción, si sentía que algo rompía el hechizo o me sacaba de la canción —ya fuera un instrumento o una de mis líneas vocales—, sabía que teníamos que cambiarlo. Seguíamos trabajando hasta lograr que el oyente permaneciera inmerso en ella. No creo que hagamos esto lo suficiente en el arte ni en el cine. A veces nos conformamos con algo que está «bien», pero una gran obra de arte es capaz de hechizarte.
«A veces pienso que la música vanguardista o innovadora es algo pasajero. No creo que la gente valore ‘Odelay’ tanto como los discos de Oasis, Nirvana o Jeff Buckley»
En discos como ‘Midnite Vultures’ mezclabas hip hop, funk, disco, de todo… ¿Te interesa aún cruzar límites, romper géneros, innovar, o estás concentrado en escribir las mejores canciones que puedas?
Las dos cosas. He pasado mucho tiempo haciendo música e intentando innovar, mientras muchos de mis colegas centraron su energía en componer canciones realmente buenas. Por eso, ahora me siento más inclinado a escribir temas que conecten con la gente, canciones que se quieran escuchar durante mucho tiempo. A veces pienso que la música vanguardista o innovadora es algo pasajero. Por ejemplo, no creo que la gente valore ‘Odelay’ tanto como los discos de Oasis, Nirvana o Jeff Buckley. Sin embargo, en su momento fue importante porque abrió nuevos caminos y demostró que podíamos explorar nuevas direcciones y posibilidades, que podíamos ampliar los horizontes del género. Tuvo relevancia porque ayudó a abrir puertas. Pero, al mismo tiempo, lo fundamental es la canción. Con el paso del tiempo, nos importa cada vez menos quién la cantó; simplemente nos gusta la canción. Piensa en ese tema: «You’ve Lost That Lovin’ Feelin’» (NdE: se pone a cantar el tema de Righteous Brothers). No creo que la gente -tenga 25, 32 o 46 años— sepa quién la cantaba; no conocen la cara del intérprete. Simplemente les gusta la canción. Me atrae el desafío de crear una canción que cobre vida propia y perdure.
Has estado versionando a Scott Walker en tus conciertos. Tiene todo el sentido por lo que es este disco, sobre todo sus 4 primeros, ¿no?
Escuché mucho a Scott Walker en los años 90. Se puso bastante de moda por aquella época. No sé si realmente influyó en mis discos de entonces, pero me he visto volviendo a sus grabaciones 30 años después. Cuando era más joven, me parecían discos muy interesantes, inteligentes y un tanto kitsch. Ya sabes, a veces hasta un poco cómicos, pero ahora los considero verdaderas joyas. Me parecen incluso mejores de lo que pensaba en mi juventud. Es como el puente entre Frank Sinatra y David Bowie. Y creo que mi voz se adapta mejor al estilo «crooner» que al de un cantante de rock. Por eso disfruto situando mi voz en ese tipo de contextos.
«Scott Walker me parece incluso mejor que en mi juventud. Es el puente entre Frank Sinatra y David Bowie»
Ya has mencionado ‘Odelay’. ¿Te haría ilusión que algún tema tuyo se viralizara en TikTok, aparte de ‘Loser’, o es algo que te da igual? ¿Qué canción te gustaría?
Cualquiera. Cuando a la gente le gusta un tema tuyo, es algo surrealista, pero también te reafirma porque tú haces una canción para comunicarte. Y a veces escribes una canción y a nadie le importa. Así que se queda como en una conversación contigo mismo. Pero si alguien conecta, es emocionante. En la primera parte de mi carrera, la audiencia era muy joven, eran chavales. Ahora el público es mayor, y a veces echo de menos esa energía joven. A veces a los conciertos viene gente más joven y hay una energía muy pura, extática e infecciosa, así que claro que me encantaría que mi música llegara a un público más joven.
Este disco sale justo dos o tres semanas tarde para los Grammy. No es algo que hayas pensado, ¿verdad? ¿Ganar el Grammy a Disco del Año no cambia una vida?
Como que cuando sean los siguientes Grammy, ya no se van a acordar de mi disco, ¿no? No sé, la música es como la comida. No puedes obligar a alguien a comer algo que no quiere. La gente elige lo que le gusta, y un Grammy no va a cambiar eso. Pero ganar un Grammy es, sin duda, algo extraordinario, dado el enorme volumen de música que se produce. Las probabilidades de conseguir uno son casi nulas. Es una experiencia que te hace sentir mucha humildad, porque son tus propios colegas quienes votan por ti. Así que, para mí personalmente, tiene un gran significado. No sé hasta qué punto cambiaría mi vida de cara al exterior, pero cuando estoy entre compañeros del sector… A menos que gocen de un éxito arrollador, ganen muchísimo dinero, llenen estadios y tengan legiones de fans en sus conciertos, la mayoría de los músicos realmente no sabe si su música gusta o no. Por eso algo así es como un voto de confianza.
«Cuando vendíamos discos era fácil conservar tu credibilidad y tu integridad. Ahora, en cambio, no existe ese sistema de respaldo. Lo bueno es que se han derribado barreras raciales. Antes, si hacías indie o rock, no podías incluir R&B en tu música»
¿Qué opinas de cómo ha cambiado la industria musical en los últimos años, con las playlists, por ejemplo?
Hay un equilibrio de pros y contras, porque cuando vendíamos discos era más fácil mantenerse. En aquel entonces podías conservar tu credibilidad y tu integridad gracias al apoyo de los fans. Ahora, en cambio, no existe ese sistema de respaldo. Básicamente, te quedas solo ante el mundo tratando de salir adelante. Pero la contrapartida positiva es que hay mucha más difusión de la música. Los gustos del público se han ampliado exponencialmente. Antes se hacía una música tan esotérica que solo le gustaba a dos amigos tuyos. Y ahora parte de esa música se ha propagado. Ha sido duro para los músicos sobrevivir, pero ha sido bueno para el arte porque ha dado a la gente acceso a muchísimas cosas.
¿Y qué opinas de la posición actual de la mujer, del debate de las pocas mujeres que hay a veces sobre ciertos escenarios?
Ha habido muchos cambios. La presencia femenina en la música es profundamente distinta. Recuerdo que, cuando yo empecé, el panorama estaba muy dominado por hombres. Por supuesto, siempre hubo artistas femeninas: Madonna era una de las mayores estrellas del mundo y, en los años 90, Alanis vendió más discos que nadie. O sea, eso siempre ha estado ahí. Pero creo que definitivamente ha habido un cambio, y ya no está tan dominada por hombres.
Nosotros siempre apoyamos a artistas femeninas. En todas mis giras invitábamos a artistas femeninas, ya fueran The Cardigans, Beth Orton o Sia —a quien apoyé mucho cuando estaba empezando—. Otra cosa que me satisface —y que fue una de mis misiones al comenzar— es haber derribado algunas barreras de género musical, porque muchas de esas divisiones de género estaban marcadas por barreras raciales, ¿sabes? Y realmente lo hemos logrado. Antes, si hacías indie o rock, no podías incluir R&B en tu música. Sin embargo, diría que hoy en día la mayor parte de la música indie tiene una gran influencia del R&B. Absolutamente. Es un cambio enorme y me parece genial. Enriquece la cultura de cada escena.
