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‘La bola negra’: Los Javis arrasan con un apabullante tríptico sobre la memoria histórica queer

“El corazón de un maricón es un océano lleno de secretos”, verbaliza el personaje de Yenesi en un momento revelador de ‘La bola negra’. Una frase con la que Javier Calvo y Javier Ambrossi encapsulan la esencia de su película. Por un lado, hace referencia al trauma queer a lo largo de la historia, a esa herida que es tan profunda que incluso en la actualidad es incapaz de cerrarse del todo y que tanto sufrimiento y vidas se ha llevado por delante. Por otro, rinde homenaje a ‘Titanic’, una cinta muy venerada por audiencias LGTBIQ+ y cuyo sentido de la épica inspira, en parte, este segundo largometraje de Los Javis.

Aquí, cada fotograma exuda ambición: en una propuesta formal absolutamente medida al detalle y visualmente sobrecogedora, en una estructura narrativa que apunta a diferentes épocas y en un abanico de temáticas que van desde el romance prohibido a la identidad, la memoria, el duelo, las relaciones paternofiliales o al arte como salvación y refugio. Los cineastas encuentran, a base de hurgar en la llaga, un vehículo primoroso para explorar la soledad homosexual en el siglo XX y cómo las secuelas de esa opresión continúan en el XXI.

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Utilizando tres líneas temporales (1932, 1937 y 2017) que van cruzándose, Los Javis construyen un poderoso artefacto sobre historia queer. La figura de Lorca sobrevuela permanentemente en una película que le toma como símbolo de activismo político y de resistencia. Su presencia física es meramente anecdótica, pero su espíritu está en todas partes, incluso en derivas poéticas que se permite la película en sus momentos más arriesgados. Los cineastas toman una obra inacabada que por primera vez en la literatura española iba a estar protagonizada por un personaje homosexual. Solo escribió cuatro páginas antes de que lo asesinaran en la Guerra Civil.

En medio de ese conflicto comienza ‘La bola negra’, mostrando los pueblos destrozados por las bombas, las miles de vidas inocentes que se llevaron por delante, la división aleatoria (para la población) en dos bandos a los que no les quedaba otra que matarse entre sí. Dentro de la devastación y la barbarie, surge a través del humo y el polvo de la tierra levantada Sebastián (Guitarricadelafuente), que acaba de perderlo todo y decide embarcarse en un viaje para sobrevivir.

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Desde los primeros minutos, Los Javis emplean un lenguaje visual elevado, con encuadres cautelosamente compuestos y elegantes movimientos de cámara, imprimiendo un gran tono épico. Porque ‘La bola negra’ nunca oculta sus enormes ambiciones ni intenta quitarse importancia, sino que es consciente de que la tiene en todo momento y la usa a su favor. Lejos de resultar pretenciosa, su majestuoso despliegue, tanto técnico como de emociones a flor de piel, es precisamente lo que la hace brillar. Es una película orgullosa, libre y con pluma. Con mucha pluma.

A través de un romance imaginado, compuesto por roces, caricias y silencios, los cineastas destapan una de esas posibles historias de amor, de las que como dice su Lorca, hay demasiadas enterradas en los campos de este país. El deseo prohibido está encarnado por Guitarricadelafuente en su brillante debut en la interpretación y por un magnífico Miguel Bernardeau. Como siempre, Los Javis vuelven a demostrar aquí ser unos grandísimos directores de actores, logrando sacar oro de cada uno de sus intérpretes, por pequeña que sea su participación. Penélope Cruz destaca por sus ya icónicas escenas musicales en un papel que podría ser anecdótico, pero que ella consigue dotar de relevancia. Lo mismo puede decirse de Lola Dueñas o Glenn Close, ambas magníficas en sus escasos minutos en pantalla.

Pese a que en ‘La bola negra’ la puesta en escena de Calvo y Ambrossi cobra un protagonismo absoluto, el resto de los departamentos técnicos elevan su trabajo. La dirección de fotografía de Gris Jordana es un prodigio, logrando un conmovedor dramatismo en la iluminación. También la música de Raül Refree, muy presente pero nunca invasiva, juega a favor de la emoción sin avasallar; y la dirección artística de Roger Bellés recrea con suma elegancia los ambientes de la España de los años 30.

Pero más allá de lo técnico, como han demostrado siempre a lo largo de su carrera, los cineastas conquistan gracias a lo mucho que les importa lo que están contando, al cariño infinito que hay detrás de cada fotograma, de cada recurso narrativo, de cada gesto interpretativo. Sus voces en el cine actual son valiosísimas, para recordarnos de dónde venimos, para evitar que los corazones de los maricones sigan siendo océanos llenos de secretos. ‘La bola negra’ es una avalancha de pasión queer, una tormenta de nieve que arrasa con todo.

Carly Rae Jepsen / Day and Night

Beck / Ride Lonesome

“El corazón de un maricón es un océano lleno de secretos”, verbaliza el personaje de Yenesi en un momento revelador de ‘La bola negra’. Una frase con la que Javier Calvo y Javier Ambrossi encapsulan la esencia de su película. Por un lado, hace...'La bola negra': Los Javis arrasan con un apabullante tríptico sobre la memoria histórica queer