
El caso es que el juego de voces recordaba mucho al original y colaba bastante. El repertorio, lleno de temazos que muchos nos sabemos de memoria desde pequeños, supera con creces al de muchos otros grupos mucho mejor considerados (ver gráfico). Sonaron ‘Un sorbito de champagne’, ‘Flamenco’, ‘El segundo amor’, ‘Mejor’, ‘Tú me dijiste adiós’, ‘Nadie te quiere ya’, ‘Lola’, ‘Mejor’, ‘Bye bye chiquilla’, ‘Dance The Pulga’, ‘I Try To Find’, ‘El pasaporte’, ‘A mí con esas’, ‘Sola’, ‘Borracho’… Faltaron algunas de mis favoritas, como ‘Yo’, ‘Es como un sueño’ o ‘Walking Alone’, quizá por la ausencia de cuerdas, pero de todas formas, una pasada.
¿Lo malo? No se oía absolutamente nada, de manera que si no te sabías las canciones de pe a pa, mal andabas. Y por esta vez ni siquiera puedo quejarme de que la gente hablara. La gente estaba callada con ganas de tararear estribillos tan inolvidables como «Pero no importa, te perdono / Yo ya olvidé lo que pasó / Sabes que sigo enamorado / Y sólo pienso en nuestro amor» y apropiados para la verbena como «¿Borracho, yo? ¡Tururú!», pero si cantabas se te oía tanto que daba vergüenza cantar. Al final, cada tema que sonaba era una frustración y sólo en el bis, cuando recuperaron el sentido de «bis» como «sonar dos veces» o «repetir», el público se metió de verdad al ritmo de las segundas interpretaciones de ‘Mejor’ o ‘Flamenco’. Esperamos volver a verlos en mejores condiciones.







¿Qué sucedería si metieses a U2 y a Coldplay en una batidora y luego vertieses su contenido sobre el NME? Pues lo más probable es que, al evaporarse la sangre, apareciera un disco de los Editors, que por mucho que algunos intenten buscar referencias escondidas en Joy Division, no las tienen en absoluto. Lo mismo sí (un poco) en el tono de voz de su líder, Tom Smith, en algunas de las composiciones; pero desde luego no en la calidad de las letras. Que algunos críticos parece que ya se han olvidado de temas tan grandiosos como el ‘Love will tear us apart’ o ‘She’s lost control’.


Si hago un listado de lo que me gusta y lo que no de Justice y su disco ‘†’ la cosa quedaría así:







Hace más de un año 
Mark Ronson es el productor de 

Después de un divertido ensayo sobre la cocina moderna y los modernos cocinillas, 
Aconsejado por nuestros lectores, en un arrebato de consumo compulsivo me he comprado el disco de Rihanna y no está mal. El segundo single, ‘Shut up and drive’, por muchas ideas que haya cogido del ‘Blue Monday’ de New Order, a mí me suena a Shania Twain y no me va; pero sólo por el trío de ases que abre el disco, ‘Good girl gone bad’ merece la pena. 



Ya se han empezado a ver este verano, pero el próximo otoño/ invierno 07/08 se supone que van a arrasar: pantalones de talle alto y pata de elefante. Sólo para chica, claro. Yo, de momento, estoy asimilando aún la salida del pitillo de mi vida, e imagino que todas aquellas personas que acaban de descubrir que sus piernas han cabido en esos tubitos no podrán asumir de un día para otro que ya no se llevan. Aaaay, qué efímera es esta amiga/ enemiga, la moda.



Después de su aclamado disco sobre la misteriosa producción de huevos, el violinista Andrew Bird sigue su carrera hacia la «fama» más de una década después de su debut. ‘Armchair Apocrypha’, en el que ha contado con la colaboración de algunos de los músicos de su gira, se caracteriza por un sonido más de banda, con mayor protagonismo para guitarras eléctricas y percusiones, sin que ninguno de los elementos, ni siquiera su violín, sobresalga tan en exceso como en las composiciones de, por ejemplo,