Muchos se preguntan por qué la moda española continúa sin venderse ni dentro de España ni fuera de ella. Pues sólo tenían que asomarse a la mayoría de los desfiles de la Pasarela Cibeles (rebautizada como Madrid International Fashion Week o algo así de rimbombante) para comprobar los motivos de este estancamiento y, sobre todo, escasez de ideas medianamente interesantes. En definitiva, en España no se marca tendencia por ninguna parte; se copian las de años anteriores provenientes de otras pasarelas –o de la propia-, se reciclan, reutilizan y queman hasta la extenuación. Nada de originalidad, frescura ni interés.
Hay honrosas excepciones, como los siempre ascendentes Locking Shocking o el prometedor José Miró, pero casi todo lo demás destila un tufillo a dejà vu y a copieteado que da verdadera vergüenza. Por no hablar de cuando los diseñadores deciden tirar por la otra vía que es la de las “influencias patrias”, y se quedan tan anchos haciendo trajes de faralaes. Desde luego, la no innovación y el flamenco no son las vías para que la moda salga de su letargo. A mí me preocuparía que lo más vendido fuera de España sea Ágatha Ruiz de la Prada. Hagamos un repaso a lo mejor y lo peor, ya que al menos siempre nos quedarán Top Shop, H&M y criticar.




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