https://www.parismatch.com/culture/musique/rosalia-mon-dieu-quel-show-266018
Debajo os pongo la traducción del francés hecha con DeepL, que a mano no me da la vida:
Rosalía: ¡Dios mío, qué espectáculo!

Rosalía en Lyon el 16 de marzo de 2026. © 2026 Getty Images / Gareth Cattermole/Getty Images for Live Nation
El anuncio de su nueva gira había provocado el caos en las páginas web de venta de entradas. Así que este lunes por la noche en Lyon, para la primera fecha de la gira Lux Tour de Rosalía, flotaba en el aire un nerviosismo emocionante. El de las sorpresas y las grandes noches. La artista española de 33 años ha dado muy pocos detalles sobre la preparación de su espectáculo, salvo que lleva varios días en Lyon, ciudad natal de quien se presenta como su pareja, la supermodelo Lola Bahía.
Al entrar en el LDLC Arena, los espectadores descubren la parte trasera de un enorme lienzo firmado en la parte inferior izquierda con «rosalía». El flamenco mezclado con aires de ópera entretiene al público, que espera pacientemente. A nuestro alrededor, 32 fans invitados por Deezer —entre ellos la que acumula más reproducciones de su ídolo: 36 000 solo en el mes de diciembre—. Están listos para el gran espectáculo y, a las 20:45, ovacionan a la orquesta que se abre paso entre la multitud. 22 músicos que se instalan en medio del patio de butacas. Lyon se enloquece cuando se apagan las luces y el telón se abre en dos. Para dejar al descubierto una caja alrededor de la cual se afanan técnicos y bailarines. Suavemente, retiran los cuatro paneles de la caja para revelar a una Rosalía bailarina. Magnífica con su tutú blanco y totalmente inmóvil. «Sexo, violencia y llantas» da inicio a la velada con un caos sonoro arrollador.
Sobre el escenario aparecen subtítulos en francés, que permiten comprender el significado de las palabras de la cantante. ¿Una coquetería innecesaria? No realmente. Mientras la orquesta inicia «Reliquia», Rosalía se lanza a un pas de deux. Detrás, dos plataformas en forma de escaleras conforman el único decorado. La Horde —el colectivo francés de coreógrafos— se ha encargado de poner en escena el conjunto con una sencillez y una elegancia pocas veces vistas en este tipo de espectáculos. Rosalía interpreta sus nuevos temas, aquellos en los que implora a lo Divino, se pregunta sobre el sentido de la existencia, magnífica con su vestido blanco. «Lyon, estoy tan feliz de presentaros por fin este concierto», dice en un francés perfecto. «Esta noche tiene algo realmente especial para mí». Antes de emocionar a todo el mundo con la primera balada del espectáculo, «Moi Cristo piange diamanti», que interpreta con una fe sincera y una intensidad arrolladora, concluyendo un primer acto impresionante. Pero lo que viene a continuación llevará a la capital de la Galia a otra dimensión.
Bomba latina
Primero «Berghain» y su espectacular coreografía, realzada por la voz de Björk, corista virtual. Luego, un «SAOKO» devastador, momento de locura colectiva, donde se sueltan los perros. La madona del primer acto se ha transformado en una bomba latina, vestida de negro, sexualizando cada uno de sus movimientos, con medias de rejilla y braguitas rojas. Rosalía ironiza sobre su trasero en Versace en «LA COMBI VERSACE» y termina esta segunda parte con un «De madrugada» redentor.
A continuación, se convierte en una Mona Lisa acosada por los paparazzi de sus seguidores, en un genial cuadro imaginado sobre «Can't Take My Eyes Off You», y ajusta cuentas con un exnovio en «La Perla», un momento magnífico en el que un ejército de manos dibuja figuras a su alrededor. La inteligencia de La Horde reside en lograr grandes efectos con muy poco: una sábana negra y unos pocos escalones bastan a veces para inventar decorados increíbles. La encontramos en medio del público, interpretando por primera vez «Dios es un stalker», en comunión con su rebaño en «La rumba del perdón». Pero es «CUUUUuuuuute» la que vuelve a poner en marcha la máquina, final de un tercer acto apasionante.
La encontramos sola en una cama y sin Bad Bunny, cantando su dúo «LA NOCHE DE ANOCHE», himno al deseo masculino desmesurado. Pero Rosalía lo da todo desde las primeras notas de «BIZCOCHITO», que se mezcla con fuerza con un «DESPECHA» bailable. Su energía no ha decaído, sino todo lo contrario. Suela lanzar palabras cariñosas a su público, siempre sonriente entre canción y canción, siempre a gusto detrás del micrófono. Pero es en cuanto canta cuando arde con mil fuegos, como demuestra «Focu' ranni», donde canta al amor ardiente, ese que te consume y te mata. Rosalía se lanza al vacío y desaparece ante nuestras miradas atónitas.
Como bis, una conmovedora «Magnolias», en la que invita al oyente a arrojar magnolias sobre su ataúd. «Recuérdame cuando ya no esté aquí», susurra la magnífica Rosalía. «Pero por ahora no soy más que polvo. » El halo de luz que la iluminaba se apaga. Lyon queda atónita ante la calidad de un concierto dantesco, donde lo Divino se codeó con el Diablo durante 1 h 45 min. Y que nadie olvidará.