Estoy muy contento. Desde mi nueva revelación madonniana, puedo disfrutar también el Madame X, el álbum experimental de una MDNA enfadada, rabiosa, furiosa, que se sirve de la música pop para expresar su mensaje, un poco como hace ahora RAYE. Los interludios, las interrupciones, el desgaste, la disfunción... todo al servicio del mensaje. Quién me iba a decir que la primavera 2026 sería madonniana. El Madame X no es para bailar ni para disfrutar, es para pensar y un poco para sufrirlo. Es un grito de rabia y de impotencia. Tiene un punto depresivo heavy. Y en este contexto, en el que Dark ballet y God control son pesadillas rabiosas (los videoclips hablan por sí mismo) Medellin se siente como una fantasía, una ensoñación, una puerta de entrada en la que no sabes exactamente qué te encontrarás, y de hecho me gusta que no acabe de estallar, que no acabe de funcionar del todo, porque eso consolida esta idea de que es una ensoñación, un fantasear, una ficción que no acaba de consolidarse... y es que justo después vienen los gritos, las metralletas y las disonancias.