Es una miniserie de la BBC de dos capítulos de 1 hora que se puede ver de una sentada como si fuera un película. No es el clásico whodunit de Agatha Christie sino una historia de misterio y ocultismo, retorcida y entretenidísima, que por momentos recuerda a pelis clásicas como La noche del demonio o The Wicker Man.
Producen JJ. Abrams y Jordan Peele y dirige el de '71, aquella peli del IRA con Jack O'Connell, así que todo está ambientado y rodado de lujo. El episodio piloto es ágil, mantiene el interés y su parte de terror tiene cierto encanto pulp cutrón. Su mejor baza es que no es solo una serie de bichos de otra dimensión, sino que habla de temas serios como el racismo. Su peor defecto es que lo hace sin ninguna mesura ni sutileza, como quien tuitea en mayúsculas y con cinco signos de exclamación. Hay como tres referencias al racismo por minuto y cuando llevas una hora estás agotado. El mensaje puede ser correcto, pero la manera tan redundante de transmitirlo acaba enfangando un poco la narración.