‘Restless’: enamorados de la muerte

Por | 02 Dic 11, 10:08

La última película de Gus Van Sant es como una canción de amor (indie), que nos sabemos de memoria, pero que no nos importa volver a escuchar. Una canción sencilla, de letra ingenua, pero delicada y cautivadora.

Después de la severidad narrativa y la austeridad formal de su imprescindible trilogía de la muerte (‘Gerry’, ‘Elephant’ y ‘Last Days’, más la coda final, ‘Paranoid Park’), y tras volver a Hollywood por la puerta grande con la comprometida y oscarizada ‘Mi nombre es Harvey Milk’, Gus Van Sant parece haberse tomado un respiro con ‘Restless’. Una película pequeña y desconcertante, que podría haber dirigido poseído por el espíritu emo de Tim Burton. Tanto los personajes y su fascinación lánguida por la muerte, como la banda sonora firmada por Danny Elfman, habitual compositor de Burton (e, incluso la protagonista, Mia “Alicia en el País de las Maravillas” Wasikowska), recuerdan al director de ‘La novia cadáver’. Todo menos la depuración formal y el gusto musical habitual en Gus Van Sant (canciones de Sufjan Stevens o el “Fairest of the Seasons” de Nico). Ni rastro del barroquismo gótico burtoniano.

Cierto que la película tiene varios defectos (como apuntaron las primeras críticas llegadas desde EE UU y que casi hace que aquí se estrene directamente en dvd). El personaje del piloto japonés resulta de lo más cargante y prescindible, los protagonistas son muy “monos” pero bordean la caricatura y el cliché (sobre todo él, Henry Hopper, el hijo del gran Dennis Hooper) y el argumento de Jason Lewis es de un telefilmero que da pena (o risa).

Pero Gus Van Sant consigue, por lo menos en varios momentos, hacernos olvidar esas faltas. Lo logra decolorando la película, envolviendo a los dos angustiados protagonistas en una niebla melancólica y mortuoria. Es en esos momentos de lúgubre y mágica belleza -como cuando la pareja, disfrazada por Halloween, se interna en un bosque que parece encantado- cuando la película se eleva por encima de su prosaica naturaleza (ese “Love Story indie” como se la ha calificado). Es en esos momentos cuando adquiere todo su valor, el de ver el primer amor adolescente filmado en su más pura esencia: tan frágil y, a la vez, tan poderoso. 7.

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