Sr Chinarro: discografía

Por | 29 Feb 12, 22:08

Frase de Antonio Luque: “Grabo un disco, lo desprecio y lo tiro”. Así se las gastaba nuestro protagonista durante sus primeros años, con un total desinterés no ya por su obra pasada sino por la que en ese mismo momento estaba defendiendo (es un decir). Cuando se van a cumplir veinte años de carrera ininterrumpida tanto de él como de una generación que entró rabiosa para sustituir a la anterior, que también había entrado con la rabia de sustituir al antiguo régimen musical que les precedía, es hora de hacer un repaso a una obra que, por supuesto, no hay que tirar ni mucho menos despreciar, sino poner en valor con la perspectiva del tiempo. El repaso se hace de todos los discos de larga duración y dos de corta tan o más significativos histórica o musicalmente que los otros.

‘Pequeño circo’ (1993): A veces los primeros pasos de un proyecto musical pueden ser equívocos, poco representativos o definitorios. Este último caso es el que califica al primer EP de Sr. Chinarro. Plastificar la maqueta en un 7” pulgadas con tres canciones, hoy objeto codiciado de coleccionistas discográficos, fue el impulso para crear el sello Acuarela bajo el manto de Elefant. En el single se muestran las cartas boca arriba: oscuridad musical, costumbrismo, voz tenebrista, imágenes alucinadas… El título hace referencia a ‘El Gran Circo de TVE’, donde el personaje de Sr. Chinarro (interpretado por Fernando Chinarro) era protagonista. En Spotify están desordenados los nombres de las canciones. 7,5. Escúchalo.

‘Sr Chinarro’ (1994): Debut largo por todo lo alto. Grabado en Nueva York por Kramer (Galaxia 500, Low), es un catálogo de sensaciones que remiten al inconsciente colectivo de la infancia desde el punto de vista personalísimo del autor. En lo musical, hay ecos de los New Order oscuros de ‘Movement’ (aunque incluye una prescindible versión de ‘Leave me alone’ de ‘Power, Corruption and Lies’) y de cierto pop de los 80 nacionales como La Dama Se Esconde. Personalidad a raudales en un momento en que esto andaba escaso en la escena independiente española. A pesar de la raíz anglosajona de su música, no deja de lado una mirada que se intensificará en el futuro a lo andaluz (la escalofriante ‘Una rodillita dos’). Comprensibles pequeños deslices (como la insustancial ‘Hate’) en uno de los discos de debut más completos del pop español en décadas. 8. Escúchalo.

‘Compito’ (1996): Tras el single para Elefant ‘Lerele’ se publica un disco importante, definitivo en la trayectoria chinarra. Más que por sus resultados, porque marca la entrada en el grupo de David Belmonte. Con ello comienza la segunda etapa del proyecto, que dará a luz al periodo clásico, el más identificado con Sr. Chinarro hasta su salida de Acuarela. Y este disco es más importante que satisfactorio porque estamos ante uno de los trabajos más irregulares del genio sevillano, y a nivel de textos, el menos accesible del grupo. Cuesta muchas escuchas y bastantes lecturas encontrar una línea que seguir. Otro lastre es la descuidada producción del mismo y lo endemoniadamente mal que canta Luque. De nuevo la infancia como nexo de unión del trabajo, el refranero popular exprimido y los juegos de palabra serpenteando por una columna vertebral musical a veces demasiado escuálida con claras influencia de Smiths (‘Sal de la tarta’) o demencias como ‘En el arroyo del Belén’, donde el ritmo no lo lleva una batería o un bajo… sino un paso de Semana Santa. Incómodo y sin apenas asideras, para colmo, la canción más convencional está escondida, sin acreditar. La extraordinaria, mítica, descorazonadora crónica de la desilusión de la mañana de Reyes de ‘Su mapamundi, gracias’ no deja de acongojar a casi veinte años de distancia. Los Planetas harían una arrastrada y excelente versión a la altura del original con ligeros cambios en la letra. 6,5. Escúchalo.

‘El por qué de mis peinados’ (1997): Difícil hablar de un disco perfecto del que lo único que quieres decir es “escúchalo”. Todo en él funciona con sus propias normas. Incluso el título mal escrito por culpa del diseñador de la portada que tanto enfureció a Luque. Como sucede a muchos de los otros grupos de su generación (Sexy Sadie, Los Planetas, El Niño Gusano, Penélope Trip), el tercer trabajo largo es el que marca la madurez y plenitud del proyecto. La incorporación a los coros de Sandra, que venía de un intrascendente grupo como Hébridas, y la mayor toma de decisiones por parte de Belmonte nos lega una obra maestra anómala, irrepetible, absoluta. En Rockdelux lo calificaron como un “’Disintegration’ aflamencado” y no van desencaminados. Si en ‘Compito’ el viaje es a la infancia, aquí es de entrada a la adolescencia con todas las desazones que ello conlleva. Una mirada oblicua del niño que lo ha dejado de ser y al adulto que no se es.

El sexo se transforma en un tema omnipresente casi siempre como frustración. El lenguaje utilizado es, simplemente, abrumador, con campos semánticos que se entrecruzan, metáforas alucinadas, rebuscadas polisemias de palabras y frases que se entrelazan en aparente caos para formar un fresco de tristeza casi inasumible. En lo musical, la variedad de sonidos e instrumentación con esos ecos mediterráneos (Paolo Conte es una de las reconocidas influencias de Luque), los delicadísimos arreglos de viento y cuerda, la cadencia de la voz más clara y entonada que nunca hasta ese momento, la melódica que puntualiza momentos de suavidad extrema, las canciones construidas casi sobre loops, puesto que se basan en repeticiones y ritmos marciales de batería machacona, y las apariciones por sorpresa de elementos inesperados (unos versos de ‘Ritmo de la noche’, el ‘Quinto levanta’ o unas castañuelas que poco tienen que ver con las sevillanas) conforman un trabajo que marca un antes y un después en la música independiente de nuestro país: no hay problema en ser ambicioso, los resultados pueden estar a la altura. Aunque contiene la canción más representativa de esta etapa, ‘Quiromántico’, recomendar una canción es un pecado. Uno de los discos más tristes posibles. Parafraseando lo que dijo un crítico británico de ‘Jordan: The Comeback’ de Prefab Sprout, si ninguna de las canciones de este disco te gusta es que no te gusta la música. 10. Escúchalo.

‘Noséqué-nosécuántos’ (1998): Apenas unos meses después de su obra maestra, Sr. Chinarro nos entrega su sucesor, que bien puede actuar de espejo, de hermano gemelo (que no mellizo) o de complemento. La sobredosis de acentos del título para compensar el error del disco anterior contiene el tercer y último capítulo de la etapa Belmonte y de la banda estable de los últimos tiempos incluyendo a Sandra. Estilísticamente un poco más aperturista en lo musical, menos opresivo, al menos a primera vista, sigue conteniendo desazón sentimental y cierta frustración sexual en los textos. La observación de lo cotidiano que rodea al personaje que ha ido creciendo en los discos anteriores hasta alcanzar ya casi la edad adulta parece el tema central. Los aires mediterráneos siguen presentes aunque Luque canta dejando libre a su acento sevillano más que nunca.

Varias de las mejores canciones de toda su carrera se concentran en este disco en el que hay un catálogo de personajes dignos de una película de Berlanga dirigida por Kaurismäki: ‘El Idilio’ con Sandra cantando y rompiendo el corazón tras un filtro de voz sobre desgraciados en la barra de un bar, como ese militar (quizá un Guardia Civil) al que la vida parece pesarle. O esa triste, aburrida, convencional pareja abocada al fracaso o a renunciar a cualquier tipo de sueño absorbida en las imposiciones de la vida “real”, donde ella atiende en el ultramarinos de la esquina en ‘Los ídolos no comen’. Letras que parecen absurdos galimatías diciendo cosas inexplicables como: “¿es el waterpolo un deporte de invierno?” y que, sin embargo conducen a una emoción cercana a las lágrimas.

Muy comentada en su tiempo fue la reivindicación de las ganas por machacar la escena independiente de la época por los propios que la formaban o los (pocos) medios que escribían de ella en ‘Informe para un barco vikingo’, con el explícito verso “vamos locos por patear la escena una y otra vez tras otra”. Un disco sobresaliente para el quizá mejor año musical de la década de los 90 en nuestro país que, a partir de ese momento, perdería su toque de inocencia y las señas de identidad. 9,5. Escúchalo.

‘La pena máxima’ (2000): Es curioso cómo algunos EP’s, un formato cada vez más en desuso entre los grupos importantes de nuestro país, marcaron un cambio sustancial en las carreras de algunos autores de los 90. ‘Magnesia’ de La Buena Vida antes de ‘Soidemersol’ o ‘Dios Existe (el rollo mesiánico de Los Planetas)’, que abre la veda de poso sicodélico que marcará los siguientes trabajos de los granadinos, son ejemplos de esto. Y ‘La Pena Máxima’ es una piedra de toque en la carrera de Antonio Luque. Cuando todo parece calmado en el mundo chinarro, sin haber unas razones públicas muy claras, se da por finiquitada la época Belmonte y, de nuevo, Chinarro se encuentra sin banda, comenzando de cero. ¿Había mucho camino a recorrer tras deslumbrar en los pasados trabajos, alcanzar su cénit creativo y la estabilidad en el directo, una asignatura que no acababa de aprobar (los que recuerden los conciertos de esos años saben que podían encontrarse a un chinarro murmurando, olvidadizo, o en condiciones poco favorables frente al público)?

‘La Pena Máxima’ es otra cosa. Un trabajo magníficamente producido por Paco Loco, duro, íntimo y triste hasta lo abismal. Se puede considerar la coda de una época en su carrera que terminaba y el preludio de una tormenta que se avecinaba. Los cuatro temas, cada uno mejor que el otro, resumen un mundo, ese pequeño circo, del que si decides formar parte será muy difícil salir. Imágenes cotidianas que remiten al deseo más primario (“si se agacha se le ven las tetas” dice en ‘Cero en Gimnasia’, algo sencillo con lo que identificarse como mirón furtivo de instituto), a dramas de puertas adentro (‘Un trébol de 3k’) o a lamentos por el rechazo amoroso (‘Hip hip hurra’) con las que no es difícil empatizar a pesar de su aparente oscuridad. Como tantos otros trabajos magistrales, este se encuentra con unos contexto y complemento que amplían las posibilidades de entenderlo en su plenitud. Por un lado, la publicación para su club de fans Mártires de Santa Teresa del single ‘Consecuencias de la Pena Máxima’, y por otro el concierto para Radio 3 poco antes de la publicación de este disco, en el que adelanta tres canciones en versiones diferentes y con un par de inéditos jamás publicados, a la altura. Para el que esto escribe uno de los mejores discos publicados en España en los últimos 20 años. Si no el mejor. 10.

‘La primera ópera envasada al vacío’ (2001): Por mucho que se quieran encontrar rasgos comunes a su obra sólo cabe hablar de absoluta ruptura con todo lo que teníamos concebido sobre qué era Sr. Chinarro. Estamos quizá ante el disco más complicado de su autor, el más arisco y menos complaciente junto a ‘Compito’. Para alguien que hubiese estado siguiendo su carrera desde el principio, la primera escucha se asemeja a lamer una piedra pómez. Por primera vez en su trayectoria cosecha críticas negativas de la prensa especializada (la poca de entonces que cubría discos como este) y el movimiento se antoja suicida. Chinarro había conseguido asentarse como el artista más vendedor de su sello junto a Migala con unas cifras mucho más que respetables, era habitual año sí y año también en el FIB, era presencia fija de la parte alta de las listas de final de año… y se descuelga con un disco de apenas siete canciones, una de ella de casi diez minutos, recitadas más que cantadas sobre una música a ratos atonal, en la que es difícil encontrar melodías a las que asirse, con letras absolutamente indescifrables incluso para los que habían compartido sus claves, con un Chinarro enfurecido con el mundo y, en sus palabras, reflejo de un estado personal confuso por ser suave al describirlo.

Si el arte sirve para reflejar el momento del artista, este momento debía de ser aterrador. Con la banda de slowcore D4insight, podemos establecer paralelismos entre el álbum y los momentos más inquietantes de Arab Strap y sus recitados salvajes. Los arreglos parecen al azar, improvisados, en bruto, unos sobre otros como si estuviesen mal mezclados. El piano desquiciante de ‘Ya tienes quien te planche’, la voz ahogada de ‘El recolector de sandías”’, el ritmo de batería casi similar en la mayoría del disco… todo contribuye a hacer más complicada la escucha. Todo excepto un remanso de paz llamado ‘Merche *’. La leyenda decía que estaba dedicado a la cantautora Merche Corisco. Parece que podría sutilmente hablar de droga. No importa. Termina el disco con algo parecido a una canción a la que agarrarse, una canción para escuchar una y mil veces y reposar un disco que es una experiencia, que parece haber entregado a un artista exponiendo sus heridas en público y que, como casi siempre, iba muy por delante de sus seguidores. 9. Escúchalo.

‘Despídete del lago’ (2001): El título remite a un chiste de Chiquito de la Calzada, pero la carrera de Sr. Chinarro en este punto está para pocas bromas. Tras la demencial ‘Ópera’ y entre dos EP’s de la época en la que extrema aún más (si es posible) su propuesta menos acomodaticia, este recopilatorio sirve para hacer un balance de una década de carrera. No es un recopilatorio al uso sino uno de rarezas, recuperaciones de canciones dispersas, maquetas… Más interesante para el seguidor que para el que quiera introducirse en su universo, incluye canciones tan queridas por su público como la extraordinaria versión de Los Planetas ‘¿Qué puedo hacer?’ del split compartido con estos, inéditas de la época de ‘Lerele’ y de ‘Pequeño Circo’, una canción de su debut pre-Acuarela en el disco compartido para El Colectivo Karma, y otras grandes versiones de Aviador Dro o de Radio Futura. Un festín, irregular por su propia naturaleza, pero muy disfrutable y mucho más dentro del contexto en que se encontraba su trayectoria en ese momento. 8. Escúchalo.

‘Cobre cuanto antes’ (2002): Este disco es ese patito feo que tienen todos los músicos, sobre todo los de carrera más larga. Con él recupera una cierta convencionalidad (dentro de un orden) en sus canciones, pero parece haber perdido cierta pegada por el camino. Aun así, hay joyas convertidas en pequeños clásicos de su repertorio, como la genial ‘Respuestas para misses’, ‘Han quedado níquel’ o ‘NH· Light’, que versionaría más adelante La Costa Brava. De igual forma un disco que no complace a casi nadie pero que marca el final de la época más convulsa de su itinerario musical. 5. Spotify.

‘El ventrílocuo de sí mismo’ (2003): Los analistas perezosos de la carrera de Sr. Chinarro suelen dividir su obra en dos partes: la anterior a ‘El Fuego Amigo’ y la posterior a este disco. No puede ser más que una mirada superficial a una trayectoria mucho más definida. Podría haber una primera etapa que llega desde su época maquetera hasta el single ‘Lerele’, en el que comienza a colaborar Belmonte. La etapa Belmonte, o sea la clásica, terminaría con ‘La Pena Máxima’, aunque ya sin este. Tras ella, una caracterizada por un descuido sonoro y en la que parece posible cualquier cosa incluido el final del proyecto que llegaría hasta ‘Cobre Cuanto Antes’. El disco que nos ocupa ejercería de bisagra esta etapa y la siguiente, mucho más luminosa y aperturista en sus sonidos. ‘El ventrílocuo’ es un disco en el que la influencia Smiths es más patente que nunca. Muchas guitarras parecen del propio Johnny Marr. Vuelven referencias a una visión distorsionada de la infancia y juventud y juegos de palabras que retuercen dichos populares o expresiones del lenguaje diario. Y algo que se echaba mucho de menos: un sentido del humor socarrón y hasta salvaje por momentos, como en su clásico ‘La Piña Conseguida’ o ‘Smoking’. Un disco muy agradable, bien tocado y cantado de forma clara que prefigura lo que está por venir y que ha quedado un poco opacado tanto por sus primeros clásicos como por los más populares trabajos de los últimos años. 6,5. Escúchalo.

‘El fuego amigo’ (2005): Imaginar a Chinarro fuera de Acuarela se hacía tan complicado como imaginar a La Buena Vida fuera de Siesta. Tal era el grado identificación sello-banda. Pero eran tiempos de cambio en la música española y ambas cosas ocurrieron. Si el refrán, algo tan asociado al imaginario chinarrista, dice que tras la tempestad viene la calma, sin duda este disco es un día soleado. Pregonando una estabilidad vital a los cuatro vientos, con ánimos renovados por el cambio y por verse rodeado de amigos (este disco se edita en el sello de Los Planetas con colaboraciones de estos, de Antonio Arias o del llorado Pedro San Martín), el disco exuda una felicidad en ese himno que es ‘El Rito’, con Morente como estrella invitada, que le hace llegar a un público muchísimo más amplio, como las cómicas ‘Morado’ y ‘Dos Besugos’. Pero queda espacio para la melancolía y el poso triste habitual en temas como la preciosista y planetera ‘Remordimientos’ o la intensísima ‘El Cuadro’. El disco es unánime alabado, se corona disco del año en RockdeLux y muchísimas otras publicaciones y sus conciertos empiezan a atraer a una cantidad mayor de público de forma exponencial. Con perspectiva quizá queda un poco plano en la escucha. Entra a la primera pero la mano de J parece ser más intrusiva de lo necesario hasta ahogar un poco la propia personalidad de Luque, al menos en lo musical. Aun así, un gran disco. 7,5. Escúchalo.

‘El Mundo Según’ (2006): Y sólo un año más tarde, nuevo cambio de etiqueta de grabación, pasando ahora a la indie-major por excelencia durante los últimos años en nuestro país, Mushroom Pillow. Lo que ofrece este disco es lo mismo que el anterior pero más brillante, más acabado y, en definitiva, mejor, con una formación estable que el mismo Luque considera al fin una banda como tal, con gente como Javi Vega de Maga o Jordi Gil, que se hará cargo de la producción de este y los siguientes trabajos. Un disco sensacional en todos los aspectos. Nunca sonó más compacto, jamás cantó más claro y nunca fue a la par tan accesible y personal.

‘El mundo según’ no tiene apenas desperdicio. Se nota la incipiente profesionalización de su autor, los ensayos (los conciertos llegan a ser ¡buenos!), el trabajo antes de la grabación, el entendimiento con su equipo… Deja de lado ese aire arisco característico de otros tiempos y se vuelca en la promoción de unas canciones que frente a su leyenda defiende con uñas y dientes, contra algunas críticas que empieza a escuchar de su “vieja guardia” de seguidores.

Como en el reverso de la ‘Ópera’, es un disco que a la vez es un estado de ánimo. Ánimo eufórico por su paternidad reciente (como canta a las excelencias de esta en ‘G.G. Penningstone’) o a la tranquilidad del amor y la estabilidad. Uno de esos discos en los que cuesta elegir favoritas por la abrumadora cantidad de estas: ‘La decoración’, ‘Del montón’, ‘Gitana’… aunque entre tanta placidez se esconden sombras que perfilan las aristas de este gran trabajo. Canciones sobre la rutina de la vida moderna como ‘Militar’ o la melancolía sexualizada de ‘Ángela’ puntualizan su mejor trabajo en más de un lustro. Con justicia recoge los frutos en un reconocimiento cada vez mayor. 8,5. Escúchalo.

‘Ronroneando’ (2008): Un par de años después, recogiendo los frutos de su trabajo anterior y con las expectativas sobre el mismo muy altas tras una línea ascendente clara en los últimos años, se edita un nuevo disco. A primera vista es bastante continuista en general aunque algo más irregular. De hecho hay ciertas decisiones discutibles como esa extravagante canción de tuna que es ‘El teórico’ o ese vals raro que es ‘La parra marchita’. Las letras son muy poco rebuscadas ya, muy sencillas de entender incluso en los momentos metafóricos. Sin duda, para muchos de los antiguos fans este disco marca el final de su historia de amor con el músico, pero por cada uno que se retira llegan diez. Canciones brillantes como ‘Tímidos’ o ‘Los Ángeles’ son perfectas para ser coreadas en los conciertos, pero, como casi siempre, las cosas no son tan sencillas como una mirada superficial deja entrever. Las circunstancias han cambiado en estos dos años y la alegría exultante anterior se había llenado de sombras. La amargura que destila ‘A mano’ y, sobre todo, esa exposición impúdica que es la visceral ‘El gran poder’, que no cuesta ubicar entre las mejores canciones de toda su carrera, con una cadencia propia de Red House Painters o Low, deja a quien quiera verlo que los cambios de los últimos meses en la vida del autor no han sido plácidos y el desamor con dosis de dolor planea como un fantasma en los rincones más insospechados del disco. 8. Escúchalo.

‘Presidente’ (2011): Tres años. Eso es lo que pasa entre el disco anterior y este. Un dato importante porque es el periodo más largo en casi veinte años de carrera sin noticias discográficas para Luque. Por el camino algunos pasos en falso (como el grupo que no cuajó Los Boquerones en Vinagre con canciones que recordaban a sus primeras etapas) y, sobre todo, la aparición más asentada en su vida de algo que siempre había estado presente: la escritura.

‘Presidente’ está claramente dividido en dos mitades, la primera de las cuales sí encaja sin peros en los parámetros de positivismo y alegría. El cortejo zalamero en pos de echar uno o más polvos de ‘Una llamada a la acción’, el rock nuevaolero de ‘El Boxeo’, la ya conocida conciencia ecológica vía glam de ‘Vacaciones en el mar‘ (que encaja mucho mejor en el conjunto que como single), las experiencias personales de desaprendizaje a ritmo de ragtime en ‘La lección’ o la charanga folclórica (en la que colabora su propio hijo) de ‘San Borondón’ (el sueño de desaparecer como la isla de la leyenda canaria) conforman un conjunto enormemente divertido y disfrutable. Pero a partir de ahí encontramos un viraje en el que se vislumbra una faz musicalmente más oscura, especialmente en ‘Babieca’, una transfiguración del autor en El Cid para acortar las distancias entre Valencia y Málaga (Murcia desaparece en aras del amor), y ‘María de las nieves’, un medio tiempo sobre un cadáver. Ambas partes coinciden en una intensidad creciente que culmina con una exquisita explosión de arreglos de cuerdas y vientos, y también en demostrar que Luque ha encontrado un filón en un personalísimo rock adulto. Muy despojado de la lírica críptica de sus inicios, aunque recuperando aquella vieja (y buena) costumbre de recurrir a dichos y refranes populares, el Luque de hoy se muestra como un autor más pragmático e incisivo, resignado a disfrutar con humor de la vida que le ha tocado. 7,5. Escúchalo.

Todos los textos por Nuclear Sí, excepto ‘Presidente’, por Raúl Guillén y Nuclear Sí.

La Tienda JNSP