‘Keep the Lights On’, el amor mancha

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‘Keep the Lights On’, el amor mancha

No es fácil llegar a valer más por lo que callas que por lo que cuentas. Especialmente cuando te dedicas a un mundo tan exhibicionista como el artístico. Al creador, por norma, le gusta presumir y mostrar al mundo lo mucho que sabe. La modestia sólo se entiende cuando es falsa y cuando aparece después de una tonelada de cumplidos. De ahí que todavía nos sorprenda que un director de cine decida tomar el camino alternativo y montar su obra tomando la elipsis como modelo obligando al espectador a ser parte activa de la narración completando huecos.

Esto es lo que ha conseguido el estadounidense Ira Sachs con ‘Keep The Lights On’, la película gay de la que todo el mundo habló el año pasado y que después de pasar por los festivales de Sundance, Tribeca o Berlín por fin podemos ver en España dentro de la programación del Atlántida Film Fest.

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Un filme directo y sin adornos, aunque no por ello falto de emoción, que cuenta la historia de dos hombres enganchados durante una década llena de acontecimientos que ponen a prueba su amor. Un título que se ha vendido como la cara B de ‘Weekend’ y que, sin dejar de ser cierto (una relación de fin de semana la aguanta cualquiera, estar diez años requiere más esfuerzo) podría verse mejor como una revisitación lineal, que no homosexual, de la clásica ‘Dos en la carretera’ de Stanley Donen.

Y es que como en aquella película, ‘Keep The Lights On’ nos convierte en testigos directos del deterioro que el paso del tiempo provoca en una pareja de treintañeros aparentemente perfectos (uno director de documentales magníficamente interpretado por Thure Lindhardt, otro abogado de una editorial ingratamente defendido por Zachary Booth) que al ritmo de la música experimental del fallecido Arthur Russell pasan de la euforia de las primeras semanas después de conocerse a la constatación de que todo, aunque no quieran, tiene un final.

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Un “no puedo hacerlo” que no es lo que hace grande ni realista esta propuesta a la que la etiqueta de «cine gay» no hace justicia, sino que es el dramático recorrido que lleva a lo largo de los años a sus dos protagonistas hasta esta situación lo que deja poso una vez vista. Es cierto que a algunos les puede parecer una película fría, pero eso es porque el director ha preferido que las lágrimas no fluyan, sino que broten silenciosas por dentro mientras sujetas la mano del otro mientras le follan. Que sí, que el amor es precioso y todo eso, pero no nos viene nada mal recordar que también deja manchas, y no precisamente, o mejor dicho en este caso, no sólo en las sábanas. 8.

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