1) que cancele. Es difícil olvidar cómo quitaron a última hora, cuando ya estaba todo listo, la M, la O, la R, etcétera, del escenario grande del FIB 2004, después de varios intentos por parte de los hermanos Morán de que acudiera al festival. Su avión, que despegaba en el último minuto, tuvo un problema técnico, Mozz hubo de volver a UK y la organización y él no pudieron ponerse de acuerdo con las condiciones para que actuara un día después.
2) que su actuación se parezca un poco a lo que se ha visto en algún foro en los últimos tiempos: poca voz, quizá –sí– poca salud, una actitud algo errante y un poco de pasotismo ante su propio repertorio.
3) que el público español le grite «¡¡torero, torero!!» y se largue sin terminar el concierto.
Nada de esto sucedió durante el show del artista en el Palacio de los Deportes de Madrid en formato «ring» (5.000 personas), donde se repartieron panfletos del Partido Animalista a la salida y a la entrada, y nunca la ausencia de teloneros resultó más amena: vídeos de los Ramones, Nico, New York Dolls o toreros recibiendo cornadas incluso en la garganta mientras suena ‘The Bullfighter Dies’ (la auténtica) entretuvieron sin descanso durante los treinta minutos previos. Cuando a las 21.30 cayó el telón, Morrissey irrumpió acompañado de su banda, que portaba camisetas «Mad in Madrid» (nueva referencia a su himno antitaurino). Y su actitud es de ritual: primero se sitúan todos en el centro del escenario, se saludan frente a frente y se dirigen a tocar ‘The Queen is Dead’ (!!!) con una doble foto de Isabel II haciendo una peineta en las pantallas traseras. ¿A este concierto no ha venido Letizia Ortiz?
La voz de Morrissey es atronadora en la primera parte del set y, a pesar de que en ‘Kiss Me A Lot’ empieza a sonar más ronca, impresiona el 85% del tiempo. Suena característica, reconocible, viril, potente y arrogante como en los discos, por encima de los instrumentos, pero sin deslucir a su banda (a la que por cierto ha decidido volver por alguna razón Matt Walker tras sólo un año de ausencia). Casi todos los vocalistas del pop actual podrían desaparecer y nadie les echaría de menos, ¿pero qué haríamos en un mundo sin la voz de Morrissey? La buena acústica del nuevo recinto (o el buen hacer de su técnico de sonido) permitió que pudiéramos escuchar frases emblemáticas de su repertorio con tal impacto que parecía que nunca las hubiéramos oído. «The queen is dead, boys» al principio, ‘How Soon Is Now’ al completo al final, «All of the rumors keeping me grounded» («true to you» no es una página web), «because only stone and steel accept my love», o -atención- la gran revelación contenida en la canción del nuevo disco ‘I’m Not a Man’: «Cancer of the prostate». Días de especulación en la prensa española y la mundial y… ¿estaba blanco y en botella en las letras del último álbum?
Tras el pesimismo vivido en los últimos días en la red, es una gozada ver a un Morrissey totalmente en forma (a pesar de esa manía de secarse el sudor con la propia mano y restregárselo en la camisa… ¿porque lavar toallas contamina?). La misma estrella carismática que leemos regularmente en su web partiéndonos de risa es la misma que sale al escenario amenazando: «Madrid, tengo buenas noticias» antes de interpretar ‘The Queen Is Dead’. La misma que en 1985 publicó un álbum llamado ‘Meat Is Murder’ interpreta en vivo 30 años después el corte titular arrodillado frente a un desagradable vídeo en el que se exponen torturas animales. La misma que ha sido despreciada por su discográfica se burla de la misma por su «sabiduría». La misma que desprecia la monarquía proyecta imágenes «United King-dumb». La misma que compone ‘The Bullfighter Dies’ termina la interpretación de esta canción sentenciando «The shame of Spain» (recogió bandera con el título de esta canción grabado). La misma que después de no poder terminar un concierto por una invasión del escenario
tiene a tres gorilas preparados para espantar a ese muchacho que se subió y logró abrazar sus piernas en el tema final durante un segundo.Y también la misma que toca cada día un poco lo que le da la gana. La queja más escuchada al final de la noche por parte del público casual -los clubs de fans no engrosan los conciertos- es que habían faltado muchos temas míticos. Los seguidores del artista saben que un concierto de Morrissey no es un concierto de Vetusta Morla o U2. Pero sí, es absolutamente incomprensible que no sonara nada de su último disco aceptado por todos ‘Morrissey, You Are The Quarry‘, aunque también loable que cambie el repertorio noche a noche. En Lisboa no sonó ‘How Soon Is Now’, en Madrid nos perdimos ‘Hand In Glove’. En Lisboa disfrutaron de ‘First of the Gang to Die’… ¡pero no de ‘Everyday is Like Sunday’! ¿No es excitante pensar en lo que pueda pasar en Barcelona? ¿Qué es eso de ir a un concierto sabiendo todo lo que va a suceder? «Dejemos eso a McDonna», me parece oírle contestar.
Esta gira que comenzaba este lunes 6 de octubre en Portugal está representando también la primera vez que suenan en vivo varias canciones del último disco. Como es evidente, unas funcionan mejor que otras, y mientras ‘Neal Cassady Drops Dead’ parece hecha para el tour y ‘Earth Is The Loneliest Planet’ es bien acogida sobre todo al principio, ‘Istanbul’ no resiste la comparación con las estupendas ‘I’m Throwing My Arms Around Paris’ o ‘You Have Killed Me’ que suenan poco antes. Nadie entiende por qué no aparece por el repertorio ‘Staircase at the University’ mientras ‘World Peace Is None Of Your Business’ aburre, y sin ninguna duda todo el mundo tendría otra sugerencia o dos que hacer al artista sobre su setlist, incluso ciñéndonos a los últimos años. ¡Más temas del notable ‘Years of Refusal’!
Da rabia pensar que metiendo un ‘Irish Blood English Heart’, un ‘Let Me Kiss You’, un ‘Suedehead’, un ‘Something Is Squeezing My Skull’, un ‘Alma Matters’ o algún tema de los Smiths que no es especialmente reacio a tocar como ‘There’s A Light…’ o ‘Please, Please, Please Let Me Get What I Want’, se habría metido a más público en el bolsillo, pero, ¡hey!, nos tocó ‘Asleep’ y sobre todo le disfrutamos con la actitud de la superestrella que siempre imaginamos cuando, durante lustros, pasó de venir a vernos. Da más rabia pensar que se pueda juzgar su presencia en la ciudad como si se hubiera acercado a visitarnos el último «revelación o timo«. Demonios, ¿a cuántos Morrisseys conoces? 8,5.
Foto: Live Nation. Otras, aquí.