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Neil Young e Iseo aportan el «cool» definitivo al nuevo festival madrileño

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Neil Young e Iseo aportan el «cool» definitivo al nuevo festival madrileño

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35.473 personas acudieron este sábado a la última jornada de MadCool, sumando un total de casi 103.000 asistencias a la primera edición del festival madrileño, que ya indica que «muy pronto» habrá noticias sobre la segunda edición, en la que ya «trabajan». El ambiente festivalero se adueñó al fin del recinto, propiciando que finalmente se hablara de algo más que de las colas en las barras: ¿dio Neil Young el concierto de nuestras vidas o se excedió en duración y terminó siendo un rollo?

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Bajo un sol de justicia, London Souls salieron al escenario Matusalem con ganas de aporrear sus guitarras. El calor era palpable (aunque luego, por la noche, las temperaturas descenderían en picado) y el público que se congregaba frente al escenario era más bien escaso. Los neoyorquinos, sin embargo, no parecían en absoluto amedrentados por ninguno de los dos hechos, y dieron una buena lección de cómo inaugurar el último día de un festival derrochando kilos de actitud y ruido sobre el escenario. Lolo Rodríguez.

Más apagados estuvieron Wild Beasts, quizá por quedar relegados a primera hora dentro de un pabellón que, sin embargo, parecía el lugar oportuno para dar rienda suelta a su electrónica oscura, dramática y melancólica. Con un cartel de fondo que bien podría haber aparecido en cualquiera de las partes de ‘Regreso al Futuro’, los ingleses fueron revisando sus cuatro álbumes de estudio, al tiempo que intercalaban temas del que será su quinto trabajo, ‘Boy King’ y que verá la luz dentro de muy poquito: el próximo 5 de agosto. Lolo Rodríguez.

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¿La banda en la guitarra de Zachary Cole Smith fue un homenaje a las víctimas de Orlando o simplemente quería dejarnos claro que él es un hippie de tomo y lomo? Desafortunadamente nunca lo averiguaremos, pero al menos sí podemos afirmar una cosa: el grunge vuelve, señores. La chiquillería presente en las primeras filas del concierto de DIIV, al menos, parece sostener esta tesis: cientos de snapchats volaban de dispositivo en dispositivo, mientras los neoyorquinos derrochaban mucha actitud (y cero simpatía, cosas del shoegaze) sobre el escenario. El gran protagonista fue su trabajo de este mismo año, ‘Is the Is Are’; aunque si Smith sigue produciendo canciones a la misma velocidad (aseguró haber compuesto unas 150 entre su primer y su segundo disco); es probable que dentro de poco tengamos un nuevo álbum de su parte. Lolo Rodríguez.

mercado-disenyoSi el Escenario 5 parecía escondido, ¿qué decir del Escenario 6, patrocinado por Mondosonoro? Por suerte alguien se encargó, durante la mañana del viernes, de plantar en mitad del puente que unía La Caja Mágica con los escenarios al aire libre un cartel gigantesco casero más punk que el punk que rezaba bien grande, casi a voces, «MERCADO DE DISEÑO», junto a una flecha que te mandaba escaleras abajo. No habría venido nada mal algo similar para señalizar escenarios. Al lado de los puestos, estaba situado este espacio en el que la sensación de estar viendo algo oculto y medio secreto, casi prohibido, creaba un ambiente mágico. De él se benefició una Iseo muy avispada, quizá algo sobreexcitada, que no obstante dio un gran concierto que ninguno de los asistentes olvidará. Incluso hasta ha sido un show fundamental en su vida. La navarra, todo simpatía, actuaba acompañada por tres chicos aunque la protagonista era ella: su bonita voz, su habilidad para autosamplearse aparentemente sin esfuerzo ni nervios de directo, su naturalidad («esta canción está en francés, pero si hay franceses que no me lo digan hasta el final que idiomas sé pero no mucho») y por supuesto sus bonitas canciones. ‘The Truce’ o ‘Last Night’, junto a la versión de Chris Isaak que le «encantaría que fuera suya» (‘Wicked Games’) hicieron bailar a un centenar de personas -no cabían muchas más- y dibujaron una sonrisa en la cara de los asistentes. ¿Esta persona ha firmado con una multi ya, verdad? Sebas E. Alonso.

Hasta el último momento estuvimos sufriendo (en silencio, por aquello de no alarmar al personal) por el concierto de John Grant. Teníamos programada una entrevista con él a primera hora, pero fue cancelada in extremis por indisposición del cantante. Nos temíamos lo peor, y sin embargo Grant se recompuso y se subió al escenario hablando un fluidísimo español. Aunque el concierto empezó flojo (tampoco ayuda que el Stage 5 sea uno de los menos potentes y que peor suena), la pista terminó llenándose según Grant se animaba y se ponía cada vez más bailongo. ‘Pale Green Ghosts’ o ‘You & Him’ fueron dos de las más divertidas, con un John Grant dando golpes de cadera a diestro y siniestro. Un piano que no funcionaba y un par de técnicos de sonido desesperados después, Grant entonaba casi a capella una emotivísima ‘Queen Of Denmark’, para poco después despedirse y cabrear al respetable al no cantar ‘GMF’ y ni tan siquiera ‘Glacier’, que la esperábamos todos tras la masacre de Orlando (a la que, sorprendentemente, creemos que no hizo referencia -aunque igual nos lo perdimos-). El público berreó, silbó y pidió otra canción en uno de los bises más demandados en un festival que este servidor ha visto en su vida… pero Grant, implacable, no volvió a hacer acto de presencia. Lolo Rodríguez.

Fue un señor de 70 años el que decididamente salvó el «cool» del nombre del festival, el que restó hierro a todos los problemas de organización vividos durante los tres días de celebración y el drama pesadillesco de los previos sobre el posible hundimiento del estanque. Neil Young subió al escenario con discreción para interpretar las cuatro primeras canciones de su set en solitario. Durante la primera, la maravillosa ‘After the Gold Rush’, un pájaro sobrevoló el escenario mientras una suave brisa sacudía el rostro del respetable. La segunda era nada menos que ‘Heart of Gold’ y el montaje de cámaras mostraba a una chica llorando en primera fila. La magia se había creado. ¿Alguien ha resistido la tentación de volver a escucharla esta mañana?

Después de ‘The Needle and The Damage Done’ y ‘Mother Earth’ subía al fin el grupo Promise of the Real, destacando ese joven batería que las cuatro pantallas mostraban justo a la espalda de Neil Young y que, tarareando las letras, parecía la persona más feliz del mundo. El concierto continuó con fluidez con temas como ‘From Hank to Hendrix’, el atemporal ‘Someday’, el reconocible ‘Alabama’, el vigente «Words», con un Neil Young poco comunicativo con el público incluso cuando tropezó y casi se cae… y su única preocupación fue comprobar que la guitarra con la que se había enganchado el pie estaba bien (y mira que se la veía cascada).

Su forma de comunicación fueron las canciones y a partir de ‘Down by the River’ optó por un repertorio más enrevesado, de desarrollos densos y largos que dividió. Hubo abandonos y críticas por extender el setlist más allá de las dos horas en un festival (la cita a The Cure era pertinente, hay que ser muy fan para estar sin beber ni mear 3 horas contando la espera previa), pero era impagable observar la cara de satisfacción de miles de asistentes que grababan en notas de voz o llamaban a sus amigos durante los momentos más obtusos de ‘Like a Hurricane’, y celebraban la actual y final -antes del bis- ‘Rockin’ in the Free World’. «Cool» no sólo es molar sino también estar «tranquilo» y durante horas Neil Young consiguió que lo estuviéramos, olvidándonos de todas las tragedias de primer mundo vividas durante las últimas 48 horas. Sebas E. Alonso.

Hay un momento determinado en cualquier festival en el que el country deja de ser una opción, especialmente si es después de casi tres horazas de concierto y con pocas alternativas a la vista. Los que no se veían disfrutando de Neil Young pudieron resarcirse luego en el enorme show que montó Flume en el espacio de La Caja Mágica. ¡Por fin nuestras plegarias fueron atendidas! El australiano llenó el espacio con la gorra, y el escenario estaba atestado desde la pista hasta los anfiteatros superiores. El veinteañero fue capaz de mantener, trallazo a trallazo, al público en pie, bailando y coreando las canciones de ‘Skin’, su segundo trabajo. Una experiencia inolvidable acompañada de unas proyecciones súper molonas en forma de cubo, pero en la que echamos de menos un espacio más grande: es el típico concierto que, a pie de pista, mejora infinitos enteros. Lolo Rodríguez.

Aunque no me quito de la cabeza la idea de que Two Door Cinema Club tocan todo el rato la misma canción (cuando pienso que han tocado mi canción favorita resulta que no era ‘I Can Talk’ sino ‘What You Know’; no, no son la misma), la verdad es que el grupillo irlandés sí está en condiciones de ejercer de cabeza de cartel o casi. Llegaron por la puerta de atrás y parecían carne de festival menor tipo Arenal Sound, cuyo cartel tiende a nutrirse de grupos de moda hace años, como Crystal Castles, Kaiser Chiefs, Miami Horror o The Hives, pero su sonido es excelente, el montaje con paneles de luces sencillo pero resultón, su andrógino líder Alex Trimble -con melena a medio camino entre Robert Smith y Scully- tiene carisma y una voz bonita, y su repertorio está bien dispuesto. Presentan nuevo disco y es buena señal que el single ‘Are We Ready?’ no base su gancho en otro punteíto de guitarrita. Las voces infantiles del mismo sonaron evidentemente grabadas pero a nadie le importó a las 2 de la madrugada. Sebas E. Alonso.

Otro grupo que parecía que no, pero va a ser que sí es Capital Cities. Desde aquel Dcode en que todo el mundo se volvió loco con el riff de ‘Safe & Sound’ y la versión de ‘Holiday’, son uno de los grupos favoritos de la muchachada y resultaron perfectos como cierre de festival, hasta las 3.30 de la mañana. Ryan Merchant, un fucker a lo Adam Levine, y el carismático Sebu Simonian compiten por el liderazgo a las voces sin herirse mutuamente, y resultan tan simpáticos que parecen sacados de una sitcom random de Netflix. La trompeta en directo enriquece un repertorio nutrido de funky, electro, tontadas desde su título como ‘I Sold My Bed, But Not My Stereo’ y versiones -de ‘Stayin’ Alive’ a ‘Nothing Compares 2U’ -en plan bailable, dedicada a Prince-. El show termina como imagináis, con ‘Safe & Sound’, la recuperación del primer macrohit de Madonna, que ya no es de las canciones más celebradas de su repertorio, y de nuevo sonidos de ‘Safe & Sound’. No me lo esperaba, pero repetiría. Sebas E. Alonso.

Foto oficial Mad Cool.

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