4 razones para tararear ‘La ciudad de las estrellas (La La Land)’ y una para explicar su “racismo”

Por | 15 Ene 17, 8:53

mypictr_380x225-1Después de arrasar en los Globos de Oro (pleno, siete de siete), la nueva película de Damien Chazelle (‘Whiplash’) va a llegar a los Oscar dando pasos de baile por la alfombra roja. No hay ninguna película capaz de hacerle sombra. A no ser que el voto se politice y la maravillosamente conservadora ‘La ciudad de las estrellas’ pague el pato anti-Trump (en favor de ‘Moonlight’), el filme se convertirá con todo merecimiento en el segundo musical contemporáneo que gana el Oscar (‘Chicago’ fue el primero).

Te damos cuatro razones para caer rendido ante ‘La ciudad de las estrellas’ y una para explicar la polémica que ha generado.

1. Su (irresistible) estilo. ‘La ciudad de las estrellas’ no es solo un homenaje al musical clásico de Hollywood, sino principalmente a las películas musicales francesas que hicieron juntos el director Jacques Demy y el compositor Michel Legrand, en especial ‘Los paraguas de Cherburgo’ (1964). También a los melodramas en cinemascope del Hollywood de los 50, con ‘Rebelde sin causa’ (1955) como referencia explícita. Chazelle recoge todas estas influencias y las plasma de manera admirable, consiguiendo un equilibrio perfecto entre la ironía y la melancolía, entre la tradición y posmodernidad (imprescindible ver en pantallón, está rodada en una proporción de 2.52).

2. Su (estimulante) discurso. La película narra una romántica y conmovedora historia de amor con Los Ángeles, “la ciudad de las estrellas”, como telón de fondo. Pero no solo. También es una lúcida reflexión acerca de las dificultades para perseguir y compaginar los sueños profesionales con los sentimentales, para compatibilizar el arte con la vida. ¿Dónde está el punto de equilibrio, el lugar exacto donde la renuncia se transforma en contrapeso y no en lastre?

3. La pareja protagonista. La pareja de baile perfecta. Un Ryan Gosling conmovedor como incansable soñador, divertido como músico de bodas o teclista de banda mainstream y seductor como romántico bailarín saca a bailar a una Emma Stone encantadora como aspirante a actriz, elegante como diva y arrebatadora como enérgica bailarina.

4. La música y coreografías. La película comienza por todo lo alto, con un fabuloso número coral, rodado en plano secuencia, que es toda una declaración de intenciones: qué mejor sitio que en un atasco para poner en marcha el motor terapéutico de un musical y suspender la realidad. Luego está el romántico número del planetario, el intenso del casting (donde la Stone “se desnuda” como si fuera a tirarse al Sena), el emocionante desvío final… Sin olvidar la composición de piano que funciona como eficaz leitmotiv sonoro y alarma sentimental.

5. ¿Es racista y homófoba ‘La ciudad de las estrellas’? Las declaraciones de Rostam Batmanglij, ex Vampire Weekend, criticando la película en twitter (#NotMyLosAngeles) por su falta de diversidad sexual y racial, han dividido a parte de la audiencia. Vista la película, hay que darle la razón a Rostam: esto no es Los Ángeles. Esta no es “su ciudad”. Pero tampoco lo pretende. Criticar una fantasía musical por no ser realista es tan contradictorio como ser mujer y votar a Trump. Aunque viendo a los extremos que está llegando la corrección política de la izquierda estadounidense, quizá no lo sea tanto. 9.

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