Pros y contras de ‘Dunkerque’, el subidón bélico de Christopher Nolan

Por | 30 Jul 17, 13:35

captura_de_pantalla_2017-07-30_a_las_13_30_59En 1998, Spielberg rodó una de las secuencias clave del cine contemporáneo: el desembarco de Normandía de ‘Salvar al soldado Ryan’. Veintitrés minutos de hiperrealismo audiovisual que cambiaron el cine bélico (y el de acción) para siempre. Casi veinte años después, Christopher Nolan ha querido ir más allá: rodar su “desembarco de Normandía” en cien minutazos, ofrecer una experiencia puramente sensorial durante todo el metraje de la película.

Lo mejor de Dunkerque

1. La banda sonora. Si le quitas la música y los efectos de sonido, ‘Dunkerque’ se queda más escuálida que una canción de Coldplay sin arreglos. Buena parte de la capacidad de la película para hacerte sentir que deberías haber ido al cine con casco es debido a la omnipresente música de Hans Zimmer y, en especial, al impresionante diseño de sonido. Ya lo avisó el propio Nolan: quien no vea ‘Dunkerque’ en el cine, no verá ‘Dunkerque’. Aunque eso sí, para disfrutarla como quiere el director, en analógico 70mm, la única sala de España donde es posible hacerlo es el cine Phenomena de Barcelona.

2. La estructura narrativa. Nolan ataca su película como si fuera un ejército: por tierra, mar y aire. Y cada uno a su debido tiempo: una semana, un día y una hora. Tres puntos de vista distintos que proporcionan a la película una sensación, por un lado, de vértigo narrativo (muy acorde con la desorientación que sufren los soldados en el fragor de la batalla), y por otro, de relato completo, de estructura capaz de abarcar e integrar todos los aspectos de una operación militar.

3. Las secuencias áreas. Una parte importante de la grandiosidad de esta hazaña bélica está narrada desde la minúscula cabina de un Spitfire. Este es el otro “milagro de Dunkerque”, la capacidad del director para capturar la épica, el dramatismo y la belleza de los combates aéreos solo con imágenes y sonidos, sin apenas echar mano del habitual recurso de convertir a los pilotos en narradores de la propia acción. Apenas se les ve la cara, y eso que uno de ellos es la mayor estrella del filme: Tom Hardy.

Lo peor de Dunkerque

1. La banda sonora. ¿Esto es la guerra o una clase de spinning? El (ab)uso que hacen Zimmer y Nolan de los subi-subidones sonoros para inyectar tensión a las imágenes consiguen en algunos momentos el efecto contrario: anularlas, matar su capacidad expresiva bajo el fuego de la ametralladora sónica. Más que el miedo de los personajes, lo que vemos en la pantalla es el temor del director a que sus imágenes no tengan la fuerza dramática esperada.

2. Cuando los personajes abren la boca. ‘Dunkerque’ es prácticamente una película muda. El único que no se calla ni debajo del agua es el comandante de marina al que da vida Kenneth Branagh. Y para lo que dice –obviedades, proclamas patrioteras e información histórica destinada al espectador, no a su interlocutor- se podría haber callado. La mayoría de los diálogos, en especial una reflexión a destiempo sobre la supervivencia, son bastante prescindibles.

3. Los “milagritos” de Dunkerque. La Operación Dinamo fue “milagrosa”. Gracias a un error táctico de Hitler, quien detuvo a la infantería pensando que la Luftwaffe de Göring bastaría para frustrar la evacuación aliada, los británicos consiguieron rescatar a 338.000 soldados de los 45.000 previstos. Fue un milagro, sí, pero… ¿de verdad es necesario escenificarlo con hasta dos secuencias principales donde los personajes son salvados in extremis de morir ahogados? 8

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