Quantcast

Hookworms / Microshift

-

- Publicidad -

Hookworms / Microshift

Quisiera reaccionar ante las desgracias como lo hace Matthew Johnson (MJ), compositor y productor de la banda Hookworms: con determinación, coraje y energía. Y no ha padecido precisamente desgracias desdeñables. Antes de grabar ‘Microshift’ (el Boxing Day de 2015: 26 de diciembre), tercer álbum del quinteto de Leeds, el músico sufrió una terrible inundación en su estudio de trabajo, perdiendo de golpe equipo musical, instrumentos, material, infinidad de objetos personales, ropa, libros y recuerdos, además de su coche. La banda siguió adelante, rehizo el local gracias a donaciones y contribuciones, y el disco, obviamente, ha acabado viendo la luz; pero la cosa no acabó ahí. Porque además de este hecho (‘Boxing Day’), MJ también afronta mediante el álbum el inesperado y reciente fallecimiento de un amigo muy cercano (‘Negative Space’), una especie de miembro extra de la banda, la cruel enfermedad –Alzheimer– de su padre (‘Ullswater’) y sus propios problemas psicológicos (‘Static Resistance’, ‘Opener’, etc.). Todo con una valentía y un ímpetu realmente encomiables, y desde un lenguaje musical que se ha simplificado y aclarado lo suficiente como para que su fórmula resulte ahora más accesible, directa y efectiva que nunca.

La receta maestra de ‘Microshift’ mezcla algo de rock psicodélico (en retroceso) con algo de drone industrial, noise pop, garage e incluso con algunas trazas selectas del dance-punk de LCD Soundsystem, dando vida y accionando un tipo de motor lleno de combustible explosivo que, al menos a lo largo de los casi 20 minutos que duran las tres primeras canciones, parece que no va a detenerse nunca. Sobre todo en el final robusto y victorioso (en lo formal) de ‘Ullswater’, amargo y alentador (en lo lírico), que grita eso de “So stay strong / Stay strong / Yeah, stay strong”. Así culmina el tremendo tema dedicado a la enfermedad de su padre: un trote que intensa y progresivamente se va transformando en musculoso galope, regado con duras y emotivas reflexiones como “You see, this man before / Taught me how to be tender / I’m so glad it’s still a part of you / I shouldn’t ask for more / I shouldn’t chase the past, but / There’s so much I wanna show you, too / (There’s no chance, now)”, “You’re long gone away, you’ve long lost the truth / If that’s hard for me to say, it must be awful for you” o “Oh, one day you’ll forget / That I’ll always love you”. Para llorar apretando los puños al cielo de manera eufórica. ¡Chapó, MJ!

- Publicidad -

Así culmina también la primera fase del disco, ese inicio arrollador protagonizado por ‘Negative Space’, donde Hookworms logran trazar ante la muerte de su amigo un espacio épico-bailable delimitado por LCD Soundsystem, Kasabian, Klaxons, Death From Above o TV on the Radio (llamadme loco pero, ¿los primeros Arcade Fire?), por la imparable ‘Static Resistance’, una catarata de power pop y psicodelia translúcida al estilo King Gizzard & the Lizard Wizard, y por la propia ‘Ullswater’. El resto del álbum a partir de aquí no mantiene el nivel de carburación ni de estimulación porque prácticamente alterna canciones agarrotadas con otras dilatadas, pero el traca-traca ha inoculado y el motor sigue funcionando por empuje e inercia.

Así, tras la semi-pausa etérea y volátil de ‘The Soft Season’ –que podría ser una intro de Phoenix–, recuperan el ímpetu en ‘Opener’, aunque ya con menos mordiente. Un tema que trata sobre la fragilidad y la inseguridad personal, y que se va abriendo en una progresión lineal pero fuerte del tipo Preoccupations. Del mismo modo, después de una acolchada y anestésica (y un poco dreampop alternativo rollo Broadcast) ‘Each Time We Pass’ llega la claustrofóbica y oscura ‘Boxing Day’, donde no es posible percibir ni una brizna de luz y la energía parece estancarse hasta pudrirse. Y tras la instrumental, ambiental y arrítmica ‘Reunion’, ‘Shortcomings’ cierra el álbum recuperando el enfoque optimista, ya con menos impulso en las ruedas pero con el final del túnel a la vista.

- Publicidad -

Lo extraordinario del disco, por tanto, es ese motor, ese impulso y empuje energéticos, esa inercia que mantiene viva la fuerza, el valor y el arranque del principio, sostenida incluso en la fase del álbum en la que el desboque ha dado paso a un cierto equilibrio de fuerzas (todas ellas entendidas de forma psicológica y formal, musicalmente hablando). Su procesamiento de la desgracia es, en ese sentido, ejemplar, entregándonos ‘Microshift’ como receta y medicina a la vez. Ojalá la vida fuera un plácido valle donde todo va rodado, pero como no lo es, los discursos y los discos así resultan tan valientes como necesarios.

Calificación: 8,2/10
Te gustará si te gustan: Stereolab, King Gizzard & the Lizard Wizard, LCD Soundsystem, TV on the Radio, Preoccupations, Protomartyr.
Lo mejor: el inicio arrollador de ‘Negative Space’, ‘Static Resistance’ y ‘Ullswater’, 20 de los mejores minutos musicales de lo que va de año.
Escúchalo: Spotify

Lo más visto

No te pierdas