4 cosas que convierten ‘Los Increíbles 2’ en una digna secuela y 2 que podrían haberla hecho incluso mejor

Por | 10 Ago 18, 9:36

14 añazos después de que se estrenara la oscarizadaLos Increíbles’, el maravilloso acercamiento de la factoría Pixar al universo de los superhéroes, tenemos entre manos su secuela, ese filón que ha encontrado la subsidiaria de Disney para alimentar sus finanzas a base de bien: tras ‘Buscando a Dory‘, ‘Cars 3’ y esta, próximamente veremos una segunda aventura de Rompe Ralph y ‘Toy Story 4’. ‘Los Increíbles 2’ es un nuevo exitazo rotundo de taquilla en sus primeros días de estreno y lo cierto es que no por esperable deja de estar totalmente justificado en varios aspectos. 4, en concreto.

La acción

Curiosamente, para la familia Parr, superpoderosos protagonistas de estos filmes de Brad Bird (director de films tan distintos como ‘Ratatouille’ y ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’), apenas han transcurrido unos días desde que les veíamos tratando de salvar su ciudad de un villano. Y así, una vez más, comienza ‘Los Increíbles 2’, con una vibrante escena de acción. Una de las docenas que contiene la película, tanto corales como individuales, nocturnas, diurnas, tecnológicas, domésticas, por mar, aire y tierra… Un auténtico carrusel que se convierte en el leitmotiv de esta secuela y que la convierten en un desenfreno visual total, una auténtica gozada que apenas da respiro.

El humor

Sin duda, las escenas de Mr. Increíble superando obstáculos cotidianos como si se tratase de robots asesinos en la isla de Síndrome es uno de los grandes aciertos de Bird y su equipo en ‘Los Increíbles 2’. Aunque sin duda el gran descubrimiento de esta secuela está en Jack-Jack, una mina de situaciones desquiciadas, inesperadas y trepidantes –sus escenas con el mapache y con Edna son de lo más hilarante de la factoría de animación en un mucho tiempo– en las que el bebé no está tratado como una cosa cuqui y que da risa per se. Lástima que ese toque humorístico se vaya diluyendo disimuladamente hasta prácticamente desaparecer como la adolescente Violeta cuando emplea sus poderes.

La estética

Técnicamente, ‘Los Increíbles 2’ es una nueva maravilla de Pixar en la que la realidad de los efectos de iluminación y los elementos naturales es verdaderamente alucinante. Una ultrarrealidad que está sorprendentemente bien equilibrada con la estética 50s –un bonito homenaje a los orígenes del cómic de superhéroes que se hace explícito en la cabecera y créditos–, el toque de exageración caricaturesca de los héroes adultos y, sobre todo, los escenarios, donde se alterna arquitectura a lo Frank Lloyd Wright con futurismo y oscuridad al más puro estilo Gotham City de forma siempre elegante.

El mensaje

Sin desvelar demasiado la trama, diremos que el foco deja definitivamente de ser para Bob Parr, Mr. Increíble, y se reparte a partes iguales con toda su familia. Especialmente con su esposa, ElastiGirl, pero también con sus hijos, Violeta, Dash y Jack-Jack, que terminan siendo más que cruciales en la historia. Así, nos encontramos con el poderoso equivalente a Superman del universo Disney cediendo “los pantalones” a la capaz Helen y asumiendo su faceta de padre. El mensaje de igualdad y paridad de roles familiares que esto presenta a los niños es fantástico, como también lo es el hecho de que los pequeños descubran que no deben temer asumir responsabilidades en la vida, y que no son el centro del universo sino la parte fundamental de un engranaje vital y emocional.

Hasta aquí los puntos fuertes de ‘Los Increíbles 2’ que, de haber mejorado en 2 factores en particular, incluso podríamos aseverar que esta segunda parte es una excepción a la regla y mejoraría a la primera. Pero…

El guión

Pese a disponer una historia lo bastante compleja como para mantener la atención de adultos y niños por igual, Bird abre tantos frentes que el resultado final termina por ser algo deslavazado. Una trama que se va revelando en lo fundamental algo predecible, con demasiados superhéroes invitados que en realidad no aportan tanto a una historia que se va haciendo cada vez más previsible conforme avanza, especial y curiosamente donde no se debe fallar: en el redoble final. Da la sensación de que la historia ha sido cerrada como una maleta demasiado llena cuya cremallera se resiste: a empujones. Con el riesgo de que algún calcetín se nos queden colgando. claro.

La moraleja

Y es que, pese a lo bien encaminada que parecía esa intrahistoria familiar, la lectura secundaria y adulta que ofrece Pixar en muchas de sus mejores películas queda desplazada con un trazo grueso, a puñetazos, carreras, rayos y bofetones, en aras de la acción. ¿Dónde queda, mediada la primera hora, esa potencial llamada a la igualdad de roles de madres y padres? ¿Y dónde ese rompedor discurso del villano Raptapantallas, anticapitalista e inconformista, que denuncia la idiotización de la sociedad? Hechos cenizas, sepultados bajo el mar… Quién sabe… Quizá Bird se dio cuenta de que si seguían dejando al malvado explicar bien sus ideas, acabaría despertando cierta empatía. 7.

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