Las 50 mejores canciones de Radiohead y Thom Yorke: ‘Paranoid Android’, top 1

Por | 19 Ago 18, 13:12

El próximo 7 de octubre, Thom Yorke cumple 50 años. Es una buena oportunidad para hacer un repaso a su carrera en Radiohead y también a sus pasos al margen de su grupo principal. Una carrera que puede contarse entre las más influyentes de la historia del rock y que ha dejado canciones históricas desde los tiempos de ‘Pablo Honey’ hasta los del reciente ‘A Moon Shaped Pool’. Con motivo del 50 cumpleaños de Thom Yorke, recordamos sus 50 mejores canciones a través de una cuenta atrás.

1
Paranoid Android
1997

Creo que la impresión de escuchar por primera vez ‘Paranoid Android’ allá por 1997 es una de esas sensaciones relacionadas con la música que difícilmente podré olvidar. Veníamos de ‘The Bends’, un sólido paso adelante post-‘Creep’ por parte de Radiohead. Pero nada nos había preparado para aquello, una especie de suite-rock en cuatro movimientos muy diferenciados entre sí, que algunos calificaron como un ‘Bohemian Rhapsody’ de los 90 aunque en realidad el grupo de Oxford se inspiró más en The Beatles. Concretamente en la manera en que los Fab Four perpetraron canciones como ‘Magical Mistery Tour’, ‘A Day In The Life’ o ‘Happiness Is A Warm Gun’: fundiendo diferentes retazos de canciones sin acabar, según confesaba Thom Yorke en una entrevista para Select de 1997, firmada por nadie menos que Caitlin Moran. Cuenta la leyenda que una de las primeras versiones de la canción alcanzaba los 14 minutos, con un extensísimo interludio de órgano tocado por Jonny Greenwood, que incluso llegaron a tocar en directo en 1996, pero incluso a ellos les daba la risa.

La versión final, pese a contar “tan sólo” con 6 minutos y medio, no es sencilla en absoluto. La primera parte comienza con un ritmo cercano a la bossa nova, aunque la melodía y los arpegios de guitarra resulten melancólicos, con Thom cantando sobre una experiencia amarga en un bar de Los Ángeles, donde todo el mundo a su alrededor parecía puesto de coca. Decía que el recuerdo de la inenarrable cara de una mujer furiosa a la que tiraron una copa sobre sus zapatos (esa “gritona cerdita Gucci” a la que se alude en un verso) no se le iba de la cabeza (una escena que se reproduce en su vídeo oficial animado). Los estribillos, en los que se alude al título de la canción (una coña de Yorke sobre cómo la gente le veía como un tipo depresivo, citando a un personaje robótico de ‘Guía del autoestopista galáctico’ de Douglas Adams), ejercen de nexo entre las diferentes secciones de la canción y, después del segundo, hacia el minuto dos, la línea del bajo de Colin muta hacia un territorio más juguetón, menos solemne, incitando al Hammond y dando un giro total en el minuto 2:45h, con un guitarrazo que nos hace percatarnos de que estamos en otro lugar, un vendaval de rock alternativo típicamente 90s que cae al vacío un minuto después. En esa caída, una especie de marcha fúnebre con coros celestiales de Yorke, que evoca la muerte… aunque la referencia a los yuppies, “el pánico”, “el vómito”, podría hablar de la muerte en vida, la muerte espiritual de los acólitos del capitalismo extremo. Finalmente, ‘Paranoid Android’ vuelve a la furia del “2º movimiento”, en un “tour de force” de guitarras desquiciadas y ruido con el que la canción se estrella abruptamente contra el suelo.

La épica y la valentía de ‘Paranoid Android’ marcó drásticamente la percepción de todo ‘OK Computer’ y anticipaba, como primer single, el salto al vacío que Radiohead daban en aquel disco (aunque inicialmente ni pudiéramos sospechar cuánto). Pero también cambió la música rock para siempre: diría que su complejidad, la montaña rusa de estilos que tan pronto evocaban a Pixies como a Pink Floyd, fue posiblemente uno de las primeras señales de que los géneros musicales (y las tribus, aún muy presentes en aquellos tiempos) estaban abocados a disiparse, a fundirse y a amalgamarse en una unidad que nos ha servido el fluido en el que el pop contemporáneo se ha convertido. Y quizá la mejor muestra de ello es que ‘Paranoid Android’ ha sido versionada por respetados artistas de lo más variopinto: desde Sia al vanguardista músico de jazz Brad Mehldau, pasando por el violinista clásico Ara Mahlikian, dando una idea de la dimensión universal de ‘Paranoid Android’. Raúl Guillén.

2
Idioteque
2000

Radiohead hicieron un gran trabajo con ‘Idioteque’ en muchos sentidos. Si ‘OK Computer’ lo habían promocionado con un single que duraba 6 minutos, el siguiente disco ‘Kid A’ ni siquiera tuvo singles. La radio adoptó ‘Optimistic’, pero sus seguidores rápidamente adoptaron ‘Idioteque’ como nueva favorita. El grupo, que siempre se había especializado en transmitir sensaciones apocalípticas, se superaba aquí con una canción completamente electrónica, cuya base no puede generar más desasosiego, mientras la letra está recién sacada de un holocausto, con frases catastrofistas soltadas como al azar como “¿quién está en el búnker?”, “esto no es alarmismo, está pasando de verdad”, “¡las mujeres y los niños primero!” o «coge el dinero y corre»; junto a otras más reflexivas como “déjame oír las dos versiones”.

La canción empezó con una grabación de 50 minutos de improvisación de ritmos que tenía Jonny Greenwood. Thom Yorke dijo que había partes en plan “¿qué es esto?”, pero le gustó una sección de 40 segundos que había en medio. Greenwood tuvo dificultades para recordar cuál era el origen de esa parte, y resultó pertenecer a una pieza electrónica de Paul Lansky de 1973 llamada ‘Mild und Leise’ (también hay otro sample de ‘Short Piece’ de Arthur Kreiger de 1976). Lansky autorizó el sample al recibir una copia de ‘Idioteque’ y así se labró una de las producciones de Radiohead más claustrofóbicas, que además se puede bailar. Sí, ‘Idioteque’ ha llegado a sonar en Berghain, en mitad de una sesión de techno, a las 11 de la mañana de un sábado. ¿Acaso estábamos en una “Idioteque”? Sebas E. Alonso.


3
No Surprises
1997

Radiohead han hecho grandes canciones sobre la depresión, sobre la ansiedad, sobre la alienación… pero es más llamativo aún cómo pudieron hacer una canción social, una canción protesta, bonita, deprimente y a la par superviviente. La canción social suele tener un punto enfadado para llamar a la acción (‘Sunday Bloody Sunday’, ‘Zombie’, ‘A desalambrar’), y en ‘No Surprises’ lo percibimos también (el final en “such a pretty house” es un crescendo), pero lo raro es cómo se concentra en lo preciosista. Lo mejor es que tiene su sentido: el bucle de notas con que comienza sugiere rutina laboral, el timbre de los instrumentos de percusión escogidos, debilidad y fragilidad. El bajo, tensión. La guitarra, la reconocían deliberadamente como “infantil”. Y es claro lo que quieren retratar: la vulnerabilidad de las personas en un sistema en el que los políticos “no hablan para nosotros” y “los trabajos nos matan poco a poco”. ¿A alguien le suena? En relación, el vídeo dirigido por Grant Gee, mostrado al revés, en slow-motion y con mucho de lyric video, muestra a Thom Yorke al borde del ahogamiento mientras desarrolla un trabajo para la nación, en concreto el de astronauta. Más claro, el agua.

‘No Surprises’ fue la primera canción que se grabó para ‘OK Computer’ tras haber sido escrita durante una gira con R.E.M. y ha sido una de las que ha llevado a Radiohead más alto en las listas británicas: un número 4. Yorke explicó que le dieron mil vueltas a la producción, solo para volver a la versión primigenia que habían preparado. Con cuatro frases y mucho menos texto que un ‘The Times They Are A-Changin’’, pues la canción ni siquiera tiene una segunda estrofa propiamente dicha, Radiohead consiguieron un himno que desgraciadamente no ha perdido vigencia 20 años después. Todo lo que espero cuando abro las noticias es que “no haya sorpresas” y… Sebas E. Alonso.

4
Street Spirit (Fade Out)
1995

En muchas ocasiones he defendido el carácter vitalista de muchos temas de Radiohead frente al empeño de muchos en catalogarles como «grupo depresivo», pero evidentemente hay temas donde no hay optimismo posible: es el caso de ‘Creep’, de ‘Bullet Proof… I Wish I Was’, de ‘All I Need’, de (a su manera) ‘Idioteque’, de ‘Fake Plastic Trees’ y, sobre todo, es el caso de ‘Street Spirit’. Todos ellos temas reivindicables, pero solo uno de ellos tiene absolutamente cero unidades de esperanza, como, según cuenta la leyenda reconoce el propio Yorke, a quien le cuesta cantarla: «es sobre mirar al Diablo a sus ojos y saber que, hagas lo que hagas, siempre se reirá el último, y no puedo permitirme pensar en eso durante mucho tiempo». Se asombra de ver cómo sus fans no terminan de entender su significado, argumentando que cuando les ve sonriendo en los conciertos mientras la toca, le recuerda «a cuando llevas a tu perro para sacrificarlo y ves cómo sigue alegre y moviendo el rabo». «Yo no la escribí, se escribió sola», parece que dijo, «nosotros solo fuimos sus mensajeros, y ojalá esa canción no nos hubiese elegido como sus catalizadores… yo no escribí esa canción». También ofreció una explicación menos tenebrosa, sobre que la canción está inspirada en el libro ‘El camino hambriento’ y en la música de R.E.M. Pero lo cierto es que, viendo el vídeo dirigido por Jonathan Glazer (que comienza y termina con un aparente suicidio, ofreciendo entre medias distintas imágenes en blanco y negro aparentemente incoherentes) y leyendo la letra, especialmente la tercera estrofa («cracked eggs, dead birds, scream as they fight for life / I can feel death, can see its beady eyes / all these things into position / all these things we’ll one day swallow whole»)… parece bastante más probable lo primero. ‘Street Spirit’ no es solo una historia triste; es la futilidad, la carencia de sentido, el «perro negro» hecho canción.

Pensé en poner un ejemplo real para explicar esto, y tras dudar porque no quería que pareciese morbo gratuito, finalmente me decido a hacerlo (espero no haberme equivocado), porque me parece que un ejemplo real siempre ayuda a entender algo teórico; en este caso, todo lo teórico que podamos decir sobre el significado de la canción. El caso es que recuerdo un día concreto en que la escuché, el día de la masacre de Orlando. Ese día estaba especialmente sensible por otras razones, y lo ocurrido en Pulse me llegó especialmente. Después de ver la noticia de todos los que fueron allí a sentirse libres y alegres por unas horas sin saber lo que ocurriría, de leer los mensajes que uno de esos chicos se intercambió con su madre antes de morir, y de imaginar la historia de homofobia interiorizada del asesino, que le llevó a acabar con toda esa gente «como él», pensé en el sinsentido que había en todo eso. En esa noticia y en tantas otras que vemos por la tele o por Twitter mientras seguimos con nuestra rutina. Me hizo acordarme de ‘Street Spirit’, y recuerdo que decidí escucharla. Y me quedé un rato mirando al techo. Creo que la sensación que tuve cuando la canción acabó y yo seguía mirando al techo es un poco parecida a aquello de lo que hablaba Thom. «Inmerse your soul in love» se dice dos veces, la primera implorando la única esperanza posible, la segunda con un derrotista sarcasmo (ese «diablo riéndose» que decía Yorke). ‘Street Spirit’ no es una canción triste, es sencillamente uno de los temas más oscuros que he escuchado jamás, es esa canción que, a pesar de maravillarme, quito la mayor parte de las veces que escucho ‘The Bends’ (y eso que ese disco se las trae de por sí). Es esa atracción y a la vez horror por lo oscuro. Ese «cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti». Y por supuesto es -a estas alturas tenéis claro que lo voy a decir- una obra maestra. Pablo N. Tocino.

5
Creep
1992

Sí, da un poco de rabia comprobar día tras día que ‘Creep’ es la canción más popular de Radiohead, pero no por ello la canción ha dejado de ser grande, un clásico, ni mucho menos buena canción, en ningún momento a lo largo de los 26 años que hace que se editó. No todos los grupos pueden presumir de tener un single de debut tan sólido y contundente, tan icónico y original, pese a tratar un tema tan manido y universal como el sentirse “raro” o incluso patético en un mundo al que sientes que “no perteneces” y que a veces se nos antoja perfecto (“no me importa si duele / quiero tener el control / quiero un cuerpo perfecto / y un alma perfecta / que te des cuenta / de cuando estoy”). Thom Yorke tenía escrita esta declaración tan tristona desde finales de los 80 aunque no vería la luz hasta los 90, y Jonny Greenwood ha dicho que se inspiró en una chica que le gustaba y que por sorpresa fue a uno de sus conciertos. Aunque sin duda lo mejor que hizo Jonny al respecto fue tratar de “joder” la canción porque no le gustaba, añadiendo esos golpes de ruido antes de la explosión del estribillo, aporreando las cuerdas de la guitarra sin estar tocando ninguna nota en particular.

Thom Yorke, por su parte, realizó unas declaraciones sobre ‘Creep’ que son bastante interesantes para estar hechas en 1993: “Tengo un problema real siendo hombre en los 90. Cualquier hombre con un mínimo de sensibilidad o conciencia sobre el sexo opuesto debería tener este problema. Afirmarse uno mismo en su masculinidad sin parecer que estás en una banda de hard-rock es muy difícil. Es como la música que escribimos, no es afeminada, pero no es brutal en su arrogancia. Es algo que intento hacer: afirmar a una persona sexual pero por otro lado tratar de negarla desesperadamente”. Un himno, pues, sobre aquello que quieres ser y aquello que quieres evitar ser por mucho que te guste alguien, para todos aquellos que se han sentido diferentes alguna vez y con el que el grupo, después de varios desencuentros, se ha reconciliado, incluyéndolo ahora alguna vez suelta en su repertorio. ¿Y a quién le extraña? ¿A quién no le mueve un pelo? Sebas E. Alonso.

6
Karma Police
1997

Si alguna vez te has aproximado a una guitarra acústica para intentar tocar ‘Karma Police’ en plan amateur te habrás dado cuenta enseguida de que no podías recrear su sonido como tú querías. Dicen que las buenas canciones lo siguen siendo cuando se reducen a guitarra o a piano, pero ‘Karma Police’ se sostiene en las dos. Unos sencillos acordes a la acústica pero también una línea de piano casi lennoniana suenan a la vez, perfectamente encajadas, sin siempre parecerlo, en esta canción que fue el segundo single del disco definitivamente electrónico de Radiohead. Iban apareciendo las virguerías a medida que avanzaba (un sintetizador de Greenwood imitando el sonido de un coro, una guitarra con un delay que se retuerce casi ad eternum), pero la base de la composición no podía ser más clásica.

Radiohead pidieron que la gente no se tomara la letra completamente en serio, pues fue escrita a partir de una broma (llamar a la «policía del karma» cuando hicieran una canción o algo realmente malo), pero en realidad trata un tema serio. Es una amenaza contra los explotadores (“esto es lo que tendrás cuando te metas con nosotros”) y contra las explotadoras (“her Hitler hairdo is making me feel ill”) en lo que se ha interpretado como una canción que cuestiona el capitalismo (“estoy dando todo lo que puedo y nunca es suficiente / pero todavía estoy en nómina”). La canción contiene una coda final que suena a la vez desamparada (“for a minute there, I lost myself”) y aliviada (“phew, for a minute there, I lost myself”), pero que en cualquier caso no puede sonar más intensa. Radiohead incluyeron las letras de ‘OK Computer’ en el libreto “por gentileza del editor aunque nosotros las escribimos” y la de ‘Karma Police’ es una de las más ambiguas. El claustrofóbico vídeo dirigido por Jonathan Glazer, uno de los más importantes rodados por Radiohead, en esa persecución al actor húngaro Lajos Kovács desde un coche en el que viaja Yorke pero que él no conduce, no deja muy claro ni quién era el verdugo ni quién acaba ganando. Sebas E. Alonso.

7
Let Down
1997

Tras la desolación lírica y sonora de ‘Exit Music (For a Film)’, ‘Ok Computer’ recuperaba altura con ‘Let Down’, una canción que se llegó a plantear como segundo single del tercer largo de Radiohead pero que fue desestimada (lo cual no le impidió entrar en algún chart –el de Rock Moderno– de Billboard) por un videoclip fallido (aún inédito), dejando paso a ‘Karma Police’. Pero ‘Let Down’ es uno de los puntos álgidos no ya de aquel álbum sino de la carrera de Radiohead. No en vano, en 2016 la canción volvía a los setlists del grupo tras más de una década ausente (y parece que para quedarse). Un medio tiempo redondo, de construcción delicada y preciosista –a base de capas de guitarras y el riff de piano eléctrico con los que se dice que querían emular el “muro de sonido” de Phil Spector– para elevarse hacia lo épico. La instrumentación en ‘Let Down’ teje una especie de manto de ensueño, de ensimismamiento que evoca la sensación de alienación, de extravío, que uno siente cuando viaja –da igual la distancia– en un medio de transporte público, que, en una triste paradoja del mundo moderno, nos mantiene rodeados de semejantes sin que se establezca ningún tipo de vínculo entre nosotros, aumentando incluso nuestro aislamiento. Esa idea alimenta esta canción que, sí, muchos hemos escuchado en alguno de esos tránsitos y nos ha emocionado al ver lo pequeños e insignificantes que podemos ser, como “bichos aplastados contra el asfalto”. Aún así, ‘Let Down’ es una canción más emotiva que triste, y alberga una luz cegadora en una melodía vocal tan sencilla como descomunal, jugando con la intensidad y soñando con ese día en el que “una reacción química” permita que nos salgan alas y volemos libres. Como ese vigoroso precoro al que la batería de Selway insufla vida, como el regreso de un tercer verso y un nuevo estribillo cuando un enmarañado puente (en el que Thom canta “let down again”) parece abocarnos al (falso) final, ‘Let Down’ parece que sólo nos deja caer para poder agarrarnos y levantarnos de nuevo. Raúl Guillén.

8
Exit Music (for a Film)
1997

‘Exit Music (for a Film)’ fue realmente una canción para una película, en concreto la versión de ‘Romeo y Julieta’ de mediados de los 90 de Baz Luhrmann. Permitieron a Radiohead ver algunas escenas para escribirla y la imagen de Claire Danes décadas antes de ser Carrie de ‘Homeland’ con la pistola en la sien les inspiró esta composición. Sin embargo, ‘Exit Music’ es una canción que no es precisamente un pegote tipo bonus track en ‘OK Computer’ sino que está perfectamente integrada, resultando una de sus cumbres y sobrecogiendo desde que suena el primer acorde de la acústica.

La composición retrata efectivamente la huida de una pareja de su familia hasta convertirse ambos «en uno solo, en paz eterna», evolucionando desde el dolor hasta la explosión de la furia, representada por el crescendo que conforman sintetizadores, batería y por supuesto la voz de Thom Yorke. De su inicio en clave de canción de hoguera (Johnny Cash fue una influencia expresa en el tema) a la rabia contenida en el asfixiante y vengativo «we hope that you choke», con esas tomas vocales grabadas en medio de una escalera de piedra para tratar de capturar su reverberación. Yorke terminó increíblemente orgulloso del tema, hasta el punto de que dijo que era de lo poco que había hecho que podía escuchar a un volumen muy alto sin «avergonzarse» de ninguno de sus pasajes. Y no nos extraña, pues pese a no haber sido nunca single, es una de las grandes obras maestras de Radiohead. Sebas E. Alonso.

9
Fake Plastic Trees
1995

La sensación de vivir en un mundo “falso” con gente “falsa” y de no “encajar” en él ha estado siempre en las canciones de Radiohead. Una de las canciones a las que se lo debemos es ‘Fake Plastic Trees’. Su sello quería que repitieran un tema rockero a lo ‘Creep’ y de hecho intentaron que se lanzara como single una mezcla de esta canción a cargo de Bob Clearmountain, pero el grupo se negó naturalmente, pese a que ha tenido el humor suficiente para reconocer que esta composición les sonaba en principio como “una broma que no era una broma” y tan “pomposa y bombástica” como ‘November Rain’ de Guns N’ Roses.

‘Fake Plastic Trees’ puede acumular una serie de tópicos post-adolescentes propios de los jóvenes de veintitantos que la perpetraron, pero está tan bien hecha que a día continúa siendo una de las composiciones más mimadas y delicadas de su repertorio. La grabación se debate entre la delicadeza de las guitarras acústicas de un mundo que se muestra real y precioso y la rabia de las guitarras eléctricas que nos recuerdan que no lo es. La “cirugía estética de las chicas de los 80” que no puede luchar contra “la gravedad” porque esta “siempre gana” y un amor que también es de “plástico falso” están entre las cosas que nos “debilitan” o “agotan”… aunque no tanto como ese final en el que Thom Yorke, que ya había hecho una interpretación vocal espectacular, se pregunta, patéticamente: “si pudiera ser quien tú quisieras… todo el tiempo”. Es el grupo en el lodo, el mismo en el que nos sentimos muchos una vez y los artistas que la versionaron, tan variados como Alanis, Amanda Palmer o Marillion, entre muchos otros. Sebas E. Alonso.

10
This Mess We’re In
2000

2000 fue un año enorme para Thom Yorke, una cumbre absoluta entre la edición de ‘Kid A’ de Radiohead y las colaboraciones con Björk y PJ Harvey. Esta última había rodado una pequeña película en Nueva York en 1998 y en 1999 decidió pasar unos meses en la ciudad. Aunque insistía en que ‘Stories from the City Stories from the Sea’ no era su disco de Nueva York, porque algunas canciones fueron escritas en Londres, el 11-S un año después terminaría de darle un sabor diferente al disco, especialmente a este ‘This Mess We’re In’ que menciona la ciudad en la letra nada más arrancar, y habla de amaneceres entre rascacielos.

Si alguna vez has sentido que algo especial surgía con un dúo interpretando a una pareja, ‘This Mess We’re In’ es uno de los más desgarrados de la historia, y el encuentro de los personajes tiene todo el sabor de la inminente ruptura (“no necesitamos hablar / nos sentamos en silencio”) aunque uno de los dos siente algo aún (“noche y día, sueño con hacerte el amor”). Pero esto es sin duda un adiós, como queda patente en la desolada estrofa final en la que PJ Harvey aparece para repetir las mismas frases que Yorke, que ejerce de voz principal, pero enseguida adelantándose a él. Es como si él empezara a hablar, pero terminara ella: “¿Qué es lo que querías? / Solo quiero decir / No cambies nunca / Y gracias / No creo que vayamos a vernos nunca más / Y ahora debes irte / antes de que el sol se eleve sobre los rascacielos / y el paisaje de la ciudad surja / para hacerme sudar”.

¿Quién lo está dejando? ¿Él o ella? ¿Quién se precipita? ¿Por qué ese adelanto a las palabras de él? PJ Harvey es la única autora de la canción, y probablemente suyas sean todas las voces, pues en lugar de proponerse un dúo pimpinelesco, asegura que invitó a cantar a Yorke porque nunca nadie había cantado un tema suyo entero y le parecía que la grabación podría ir «a otra dimensión». Tanto se le fue la mano, tanto se puede llorar escuchando esta somera producción de guitarra eléctrica, teclados y algo de percusión, que inmediatamente después en la secuencia hubo que poner la ligera ‘You Said Something’. Cualquier otra alternativa (‘We Float’, por ejemplo) hubiera sido insoportable.

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