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‘It’s a Sin’ es un acercamiento al sida en los 80 entretenido pero superficial

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‘It’s a Sin’ es un acercamiento al sida en los 80 entretenido pero superficial

Russell T. Davies, creador de ‘Queer as Folk’, el revival de ‘Doctor Who’ o la reciente ‘Years and Years’, siempre comprometido con representar al colectivo LGBT en sus obras, regresa con ‘It’s A Sin’, una miniserie de 5 capítulos que narra la vida de varios jóvenes homosexuales durante los años 80 en Londres en plena crisis del sida. La serie aborda tanto la ignorancia absoluta del tema por parte del colectivo como la toma de conciencia y el surgimiento de grupos activistas que luchaban por la investigación de una cura.

Olly Alexander, líder de Years & Years –curiosa coincidencia- interpreta a un joven de 18 años que sale de su pequeño pueblo de provincias para estudiar en Londres. En la universidad conoce a Jill, que se convertirá en su mejor amiga y a Ash, el primer chico en el que se fija. Más tarde acabarán viviendo juntos con Roscoe, un chico repudiado por su familia que trabaja en un club nocturno, y Colin, un joven galés muy tímido que se gana la vida como sastre. Suena estereotipado y, en efecto, lo es. Pero el principal problema con sus personajes no es solamente que sean clichés andantes sino que no están desarrollados: realmente nunca conocemos nada de ellos. Davies da pinceladas por aquí y por allá pero no indaga en sus personalidades, en su manera de ver el mundo o en sus objetivos vitales, y cuando lo hace es de forma tan breve y superficial que no logra que los comprendamos. Especialmente llama la atención el personaje de Jill, interpretado por Lydia West, cuya única función en la serie parece ser la de cuidar a todos los gays que le rodean. No hay mucho más donde rascar del que probablemente sea el personaje que más tiempo tiene en pantalla.

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Desgraciadamente la serie no es solo esquemática en ese aspecto, también lo es en el terreno narrativo, resolviendo tramas a través de flashbacks explicativos que sacan a relucir unas habilidades narrativas un tanto deficientes. Sin duda, se hubiera beneficiado de una mayor duración, cuidando más el desarrollo de sus tramas y profundizando más en detalle en el contexto político y en el auge del activismo (especialmente porque hay una escena sobre ello que no va a ningún sitio y solo sirve como recurso para revelar información importante de un personaje).

Parte del problema reside en esa obsesión habitual de las series de televisión con que haya giros de guion cada dos minutos: pasan demasiadas cosas todo el rato y no hay espacio para la reflexión ni para conseguir calar verdaderamente hondo en el espectador. Cierto es, que esta es un arma de doble filo, ya que también ‘It’s a Sin’ consigue que gracias a su ritmo frenético se devoren los capítulos casi sin darse uno cuenta. Si las intenciones de Davies eran las de hacer una obra que acercara el tema del sida al gran público de forma accesible y entretenida, se puede considerar a ‘It’s A Sin’ como un éxito. Y dentro de sus virtudes también está la de añadir cierta luz a esos años desde la nostalgia, pese al horror que vendría posteriormente. Lo que vino antes fueron momentos felices y libres para un colectivo que siempre había estado reprimido y por primera vez comenzaba a mostrarse visible. Peter Hoar, director de los cinco capítulos, en esos instantes logra crear una alegría contagiosa, una sensación de júbilo en el espectador al ver a jóvenes liberados, descubriéndose, yéndose de fiesta, ligando, etc. haciendo que durante esas secuencias se nos olvide la nube negra que irremediablemente se aproxima sobre ellos.

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Finalmente ‘It’s A Sin’ deja la sensación de que podría haber llegado mucho más lejos si se hubiera centrado más en el tema que está tratando en lugar de preocuparse tanto por complacer al espectador. Davies, quien a buen seguro conoce las circunstancias y las situaciones que se retratan, ofrece una visión más bien periférica de un asunto que requería de mayor valentía a la hora de lidiar con él, pues parece venir de alguien que solo ha oído hablar del sida alguna vez en las noticias. Y aunque las comparaciones sean injustas, por similitud temática, resulta inevitable no pensar en el impresionante, poderoso y enfurecido retrato del asunto que ofrecía Robin Campillo en 2017 con ‘120 pulsaciones por minuto’ y en lo convencional y blanda que resulta ‘It’s A Sin’ en comparación, por muy entretenida que sea. 6.

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