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Foo Fighters / Medicine at Midnight

Lo mejor: 'Shame Shame', 'Waiting on a War', 'Chasing Birds', 'Medicine at Midnight'
Te gustará si te gusta: Arctic Monkeys, Black Keys, Butch Vig
Escúchalo: Youtube.

Desde que Metallica dieran continuidad a su estupendo álbum negro (1991) con una serie de singles de post-grunge, los que incluía ‘Load’ (1996), es un divertimento atender al «meltdown» que sufren los seguidores de las bandas de rock duro cada vez que sus ídolos «aflojan». El primer adelanto del nuevo disco de Foo Fighters no se parece en nada a ‘Everlong’ ni al resto de éxitos millonarios de los de Dave Grohl. Entre los instrumentos que hallamos acreditados en ‘Shame Shame’ hay una viola, un violín y un violonchelo y los arreglos son tipo pizzicato. La canción es casi una balada, pero tampoco: el ritmo pide ser casi una canción funk cercana a los territorios de unos Black Keys.

Foo Fighters se están hartando de contar durante esta promoción que su álbum de referencia para esta grabación ha sido ‘Let’s Dance’ de David Bowie, y aunque parece una boutade porque aquí no hay nada ni remotamente parecido a ninguno de los hits de aquel disco (la canción titular, ‘China Girl’, ‘Modern Love’), algo ha cambiado tímidamente. Este es el segundo álbum de Foo Fighters producido por Greg Kurstin, pero realmente parece el primero. Por supuesto pudimos notar la impronta del productor de Adele en algún punto de ‘Concrete & Gold‘, por ejemplo en ‘Sunday Rain’, pero aquello era la excepción que confirmaba la regla entre singles tan rugientes como siempre, como fueron ‘Run’ (tras un arranque que jugaba al despiste), ‘The Sky Is a Neighbourhood’ y ‘The Line’. Y esta vez sucede al revés.

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Al introducir ‘Medicine at Midnight’ con algo como ‘Shame Shame’, la banda nos da en cambio la sensación de que quiere ser vista de otra manera, de que quería jugar y arriesgar, aunque le tocara perder frente a su público más cerrado y conservador. También es llamativo el cencerro con el que se abre el tema titular, que además luego incorpora un coro casi góspel de voces femeninas, tal y como entendía esto Leonard Cohen. Por ritmo los Arctic Monkeys de ‘AM’ también parecen una referencia, sobre todo cuando en las entrevistas Grohl tiene a bien emplear la palabra «groove» para expresar lo que buscaba. «Quería un disco que fuera una fiesta, no quería algo demasiado agresivo o demasiado acústico. Quería algo con ‘groove’ que te hiciera ponerte de pie y bailar», ha dicho, y si no sabéis lo que quiere decir, atención a los coros «na-na-na», y luego las palmas, del corte que abre el álbum, ‘Making a Fire’.

Una dicotomía que queda muy bien reflejada en otro de los singles, ‘Waiting on a War’, una balada que va creciéndose hasta terminar muy arriba y que, como se ha explicado en New York Times, recoge una conversación entre Grohl y una de sus hijas: el mismo miedo que él tenía de pequeño a que hubiera una guerra permanece hoy por desgracia entre las inquietudes de la gente joven. «Odio ver a mi hija crecer con los mismos miedos que yo tenía a su edad», ha explicado, por si hacía alguna falta, lo que dice un texto cristalino y sencillo, casi de más: «llevo esperando una guerra desde que era joven, desde que era un niño con una pistola de juguete / No quería ser número 1, solo querer a todo el mundo».

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En la línea de las letras naíf que no salvarán el mundo, pero lo intentan, también podemos hablar de ‘No Son of Mine’. Y ahí es obligatorio subrayar que Foo Fighters no se han arriesgado tanto con ‘Medicine at Midnight’. Este disco que lleva un año guardado intacto en un cajón por obra y gracia de la pandemia, contiene también una serie de números de rock más fieros, entre el post-grunge y lo stoner, que harán las delicias de sus seguidores de siempre. Si ‘No Son of Mine’ rinde homenaje a Motörhead, ‘Making a Fire’ y ‘Holding Poison’ nos hacen pensar en los tiempos en que Butch Vig producía a Foo Fighters. Este álbum, por tanto, no es un paso tan arriesgado después de todo, pero extendiéndose tan sólo 36 minutos y alternando una balada de crooner borracho a cubierta (‘Chasing Birds’, de precioso punteo al final) con otros temas más agresivos (la última pista, ‘Love Dies Young’, de guitarra entre New Order y U2), el grupo da con uno de los discos más pop de su carrera. Milagrosamente, uno que escuchar aunque no te gusten Foo Fighters.

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